Seducime, que me gusta

Una columna que compartiremos cada domingo. Para que usted coincida, disienta, analice. Para "mirarnos hacia adentro", aceptar y acertar. Para hacernos cargo.

Si como algunos afirman “la seducción es el principio de todo”, la pregunta es qué pasa después cuándo la seducción se pierde. ¿Se puede recuperar? ¿De qué depende? Le preguntamos a los sanrafaelinos y te contamos qué dice una especialista en estas cuestiones.

Todo nos hace pensar que sin lolas voluminosas, cinturas estrechas y colas hermosas una mujer quedaría fuera de cualquier posibilidad de seducir a alguien y ser correspondida, e inmediatamente uno piensa entonces cómo hizo mi abuela para seducir a mi abuelo, mi mamá a mi papá, yo a mi marido, y cómo hacen miles de mujeres a miles de hombres cada día.

Lo cierto es que la seducción no es propiedad de los cuerpos perfectos y que, por muchas razones y en muchas ocasiones, mujeres y hombres postergan.
Mediamza interrogó sobre estas cuestiones a diez hombres y diez mujeres, todos mayores de 30 y casados. El 100 por ciento coincidió en que la seducción estuvo presente en los comienzos de sus relaciones, pero sólo un 20 por ciento afirmó que la seducción sigue intacta.

El 80 por ciento restante afirma que el tiempo transcurrido, la convivencia, los problemas, la rutina disminuyeron, transformaron y hasta agotaron las prácticas de seducción que dieron origen a la pareja. Algunos manifiestan que “cada tanto” toman la iniciativa y hacen algo para seducir a su pareja, mientras otros confiesan entre resignados y culpables que “ya no pasa nada”.

Lo importante es que consultados sobre si les gustaría sentirse más seducidos por sus parejas, la mayoría contestó que sí. Pero cómo hacemos para volver a seducir al otro.

Este y otros temas son tratados por la psicóloga chilena Pilar Sordo (45) en su último libro Lecciones de seducción. Allí invita a reflexionar y transformar la manera de seducir y el modo de relacionarse con el propio cuerpo. En él, como en sus otras publicaciones, sus comentarios se deslizan entre lo conservador y transgresor, despertando la polémica y el humor. Y si bien está dirigido a las mujeres, algunas cosas pueden ser útiles para los dos.

Como ella misma dice, el libro no intenta ser una lista de consejos a seguir porque eso nos quitaría espontaneidad. “Nunca se seduce desde algo prefabricado. Cuando tratás de seguir algún estereotipo –hacerte la atractiva, la canchera, la ejecutiva o la independiente–, lo único que lográs es convertirte en una caricatura de vos misma”, dice. No obstante, sí da pautas para replantearse algunas cosas.

En principio, la autora invita a resolver algunas contradicciones propias del género.  “Las mujeres a veces vivimos polarizadas entre la ‘mujer buena’ y la ‘mujer mala”, ambas generalmente generadas en la adolescencia y validadas desde el machismo. La primera es la responsable, con pocas parejas, hijos a corto plazo, excelente ama de casa, aquella que cuida su cuerpo, ordenada, armónica, sutil, ingenua y muy profesional. La segunda, en cambio, es liviana respecto a su conducta sexual, con muchos lazos afectivos pero poco profundos. Muy osada en términos de seducción, desde el punto de vista corporal. Probablemente utilice medias con ligas y lencería sensual y hasta se anime a bailar y a disfrazarse en la intimidad. El gran desafío de la mujer de hoy es poder integrar a ambas mujeres, y por eso es importante reflexionar al respecto. ¿Estamos desdobladas?”.

Otro de los consejos es que nos miremos detenidamente al espejo.  “Es importante no tener una mirada lapidaria como usualmente ocurre: no te mires desde la falta o la carencia, sino desde la aceptación. Liberá tu mente de prejuicios, escuchate y anotá todo lo que se te ocurre respecto a lo que ves. Aceptá lo que no podés cambiar,  intentá establecer estrategias para lo que sí es modificable, dentro de tus posibilidades y establecé un plan de trabajo para cambiar lo que querés cambiar”.

Y va más allá, “analizá tu ropa interior y preguntate: ¿cómo es? ¿refleja tu capacidad de seducir? ¿comprás ropa interior por gusto o solamente porque alguien la va a apreciar? ¿qué dicen de vos estas prendas? ¿qué información le entregás al otro si te ve con ellas? ¿esta ropa demuestra preocupación y cariño por vos misma?”

Ella sostiene que “la mujer latinoamericana tiene la tendencia a arreglarse para el otro; se preocupa cuando va a seducir, pero después parece que le da lo mismo qué bombacha se va a poner, si está rota o gastada. Es igual que la decisión de no depilarse en invierno. Hoy se cree que se seduce desde lo grotesco y lo evidente, cuando en realidad la seducción tiene mucho más que ver con el misterio, con algo que invita a ser descubierto. Tiene que ver con el autocuidado y el enriquecimiento del mundo interior, antes que con la apariencia. En parejas de larga data, mantener la pasión y el deseo constante no es una tarea fácil. Muchas mujeres casadas aseguran incluso que tienen relaciones sexuales con sus maridos sólo por cumplir… En esos casos, la mujer tiene que trabajar para reencontrarse con su feminidad y, por el otro lado, la pareja tiene que intentar recuperar sus espacios. Es mentira que no tenemos tiempo, sólo es necesario complicarse un poco la vida cotidiana: sentarse a tomar un vino, apagar la tele y conversar mucho, porque la charla con la pareja es lo que hace que la relación evolucione”.

Pero más allá de resolver nuestras contradicciones, mirarse al espejo, revisar el cajón de la ropa interior, y otras tantas cosas sobre las que reflexiona y nos hace pensar, Pilar dice una gran verdad, “mantener la seducción en la pareja requiere de fuerza de voluntad. No viene sola, es una decisión”. Hagámonos cargo!!!

La seguimos la semana que viene…
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17 de diciembre de 2017 | 19:14
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