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Neymar y la noche mística en que estuvo bendecido por los dioses

El jugador realizó una invocación mística que hizo efecto: Neymar jugó iluminado y en su tercer partido en la Copa demostró, al fin, por qué es el delantero de moda en el mercado europeo.

Tres horas antes del partido, Neymar se encolumnó al Señor. Lo hizo vía Twitter. Son las cosas de las estrellas. Hasta sus oraciones son públicas.

"Cumple tus planes conmigo, Señor, porque tus planes son mayores que los míos", fue su primer tweet, a poco de salir hacia el estadio Mario Alberto Kempes de Córdoba, en la antesala del choque decisivo ante Ecuador en la Copa América de fútbol.

"Mi Dios nunca faltará, yo sé que llegará mi vez. Él cambiará mi suerte delante de mis ojos", agregó Neymar en @Njr92, su dirección oficial.

Dos horas después, ya en el estadio, el delantero del Santos cerró su llamado a los dioses: "Que Dios nos ilumine y nos proteja", escribió.

La invocación mística hizo efecto: Neymar jugó iluminado y en su tercer partido en la Copa demostró, al fin, por qué es el delantero de moda en el mercado europeo.

El joven de 19 años, el presunto heredero de Pelé en Santos, el chico de la cresta punk, convirtió sus dos primeros goles, el segundo y el cuarto de Brasil, en medio de un partido esquizofrénico. El equipo de Menezes tuvo una función autodestructiva en defensa y mortífera en ataque, con Alexandre Pato como perfecto aliado de Neymar.

En verdad, también funcionó su conexión con Ganso, la sociedad del Santos campeón de América: el primer gol de Neymar llegó tras un perfecto pase del 10. Su segundo tanto, el del 4-2 definitivo, fue la consecuencia de una extraordinaria carrera de la tercera gran figura de la noche, Maicon, que parece haberle sacado el puesto a Dani Alves.

La torcida brasileña, que lo había despedido con silbidos el sábado pasado ante Paraguay, esta vez se rindió a los pies del 11. "Ole Ole Ole, Neymar, Neymar", cantaron los brasileños, en lo que fue la primera gran ovación que el delantero recibió en la selección. Los argentinos, tal vez por envidia, tal vez por miedo, lo silbaron.

El sábado pasado, tras su opaco partido ante Paraguay, Neymar se había ido en silencio del estadio Kempes, encerrado en la música de su iPod y con la cabeza gacha.

Parecía que la Copa América no sería su torneo, pero los dioses del fútbol respondieron a sus invocaciones. Neymar jugó iluminado. Fue su su noche mística.
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23 de noviembre de 2017 | 21:04
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