Carta de la madre de María Elisa Norton, alumna fallecida de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNCuyo

Un texto firmado por la madre de una alumna que padecía una enfermedad terminal, a la que se le negó el derecho de rendir el examen final de su carrera en Medicina

AL SEÑOR DECANO DE LA FACULTAD
DE CIENCIAS MÈDICAS DE LA UNC
DR. ROBERTO VALLES
PRESENTE

Me dirijo a usted en mi condición de madre de una alumna de su casa de altos estudios, MARÌA ELISA NORTON REG. 10823.

Le parecerá extraño, tal vez, que una alumna universitaria se presente ante usted de esta manera. Pues señor decano, sucede que mi hija María Elisa falleció el día 14 de junio ppdo.
Ingresó a la Facultad de medicina en el año 2001 luego de terminar sus estudios secundarios de seis años en el colegio Universitario Central, con orientación científica, pues ya tenía definida su vocación: quería estudiar medicina.

Fue una alumna interesada en el conocimiento pleno y profundo, querida y respetada por sus profesores y sus compañeros. Durante los primeros años asidua asistente a la morgue de la facultad por su interés, como le digo, por el conocimiento concienzudo sustentado también en la formación propia, sin esperar recompensa ninguna sino tan solo aquélla surgida en el servicio al prójimo cuando llegara el momento de tomar la responsabilidad de la asistencia al necesitado.

Lamentablemente una dura enfermedad se presentó y en 2005 fue operada de un tumor cerebral, fue sometida a cinco operaciones en ese año, dos en Capital Federal y tres en Mendoza. El tumor fue extirpado con éxito, pero las complicaciones padecidas en la operación que se le efectuó en Buenos Aires le ocasionaron una importante hemiparesia izquierda que tuvo que trabajar por un prolongado tiempo de rehabilitación. Y por supuesto realizó quimioterapia, en esa ocasión con temozolamida.

En julio de 2008 ante la presencia solapada de una recurrencia de la enfermedad, advertida en un control, fue nuevamente intervenida en Buenos Aires. Como secuela de esta operación quedó una hemianopsia izquierda. Y al tratamiento quirùrgico se sumó la radioterapia: 25 aplicaciones de rayos.

El 26 de octubre de 2010 en un control se observó una nueva recidiva. Sus médicos oncólogos decidieron que comenzara en marzo del 2011 el tratamiento, -que ya no podía ser quirúrgico-, con el fin de que presentara su examen final libre de los efectos perjudiciales de la quimioterapia. Pero otra vez la vida la enfrentó con un nuevo revés: en enero comenzaron a aparecer síntomas que obligaron a adelantar el tratamiento y fue así que asumió su examen final ya empezado el segundo ciclo de tratamiento (compuesto de tres drogas: lomustina, procarbazina y vincristina). Cansada, con dificultades motrices, pero con su frente alta, sus sueños y proyectos incorruptibles, ni siquiera doblegados por la enfermedad, se presentó en la facultad para rendir sus exámenes, para graduarse de médico.

Seis años de lucha, comenzaron cuando mi hija tenía 22 años y concluyeron a sus 28. Venció en muchas batallas, en el quirófano, ayudada por sus médicos a quienes tanto quiso, y quienes tanto amor y admiración sintieron por ella: su dulce paciente “médica”, capaz de hacer una descripción de su situación digna de un profesional, como una vez le hizo notar el Dr. Roberto Herrera, jefe de neurocirugía de la Clínica Adventista Belgrano de CABA..

Pero lo que no sabía mi hija es que otra lucha iba a tener que librar y que esa sería en un campo propio: su facultad. En el lugar en donde le habían impartido no solo enseñanzas de orden científico y técnico sino de índole moral. Allí en la casa de estudios que usted dirige ningún médico profesor supo que esa alumna que estaba siendo evaluada tenía dificultades NOTORIAS que debieron ser consideradas. No supieron ni ser médicos, ni ser profesores, exigieron de los alumnos que se presentaron a dar examen aquello que ellos no pudieron poner en acción con su alumna NORTON.

María Elisa se presentó como una alumna más, nadie apeló a adelantar a sus examinadores su situación particular. Aprobó el global escrito y el OSCE lo desaprobó por falta de algunos centésimos.

Es preciso a esta altura decirle, señor decano, que los alumnos de la facultad, por lo menos esos que están en la etapa final saben y así lo dicen, con toda la soltura de lo que es lógico y comprensible, que aquel a quien le falta un poco para aprobar se lo ayuda, obviamente por la confianza en los seis años que anteceden con el conjunto de evaluaciones y prácticas realizadas en el largo proceso de la carrera de grado. Así alentaron, cuando el resultado se dio a conocer, a mi hija sus amigas ya médicas, algunas de las cuales dieron testimonio propio: a ellas se les había subido el puntaje para que aprobaran.

Confiada asistió a la cita que la facultad fijó en día y hora a los alumnos que habían desaprobado, en esa ocasión a los asistentes se los puso al tanto de la delicada salud de mi hija. Pero la consideración que con tantos, hoy médicos, se había tenido, no le fue prodigada a ella.

Aparece en escena entonces el propio secretario estudiantil, DR. CUTRONI, quien sale del gabinete psicopedagógico (en donde a puertas cerradas se desarrollaba la reunión entre mi hija y sus profesores y la licenciada María José López) con el legajo de mi hija bajo el brazo y me dice que la calificación era inamovible, y propuso que se presentara una nota con todos los detalles del caso incluso resultado de biopsia con el objeto de solicitar que se le posibilitara rendir nuevamente el examen oral desaprobado, en una fecha próxima, o sea mucho antes del mes de setiembre, segunda mesa de examen fijada por la facultad. Agregó que eso ya lo había hablado con María Elisa en el gabinete psicopedagógico.

Efectivamente mi hija aceptó el ofrecimiento realizado y presentó una nota con su correspondiente petición, basada en un relato de su situación particular de salud y la acreditación a través de dos certificados médicos, del Dr. José Galleano (oncólogo) y del Dr. Miguel Daffra (neurólogo y profesor). El 8 de abril la Facultad contesta que no es posible acceder porque se infringiría la normativa vigente.

¡Admirable capacidad de síntesis la de las autoridades de la facultad reunidas en gabinete!

Me entero hoy de que esa última opción fue y es absolutamente inviable, que de ninguna forma es posible poner en marcha un examen de tal magnitud de infraestructura para un solo alumno.

La pregunta cae por su propio peso: ¿es que además de ser definitivamente insensibles los médicos profesores de la Universidad Nacional de Cuyo, son también sádicos?

Disculpe, señor decano, si algún término le resulta un poco altisonante, lo que ocurre es que mi hija puso sus energías, sus ilusiones y sus expectativas en ese nuevo examen, que de buena fe creyó que le iban a tomar, y consecuentemente estudió hasta el día en que esa elaborada resolución salió del despacho. Esa chica que estaba en tratamiento por un tumor cerebral, que ya no tenía terapia quirúrgica, que requería de todas sus energías para curarse, que además había decidido continuar con sus estudios, que se presentó con toda valentía a rendir el último examen, honrando la vida, fue juguete de la más impertinente falta de seriedad y de respeto por parte de la facultad que usted dirige.

Falta de respeto de la Secretaría Estudiantil por ofrecer algo que de antemano sabía que era imposible de realizar.

Falta de respeto por parte de las autoridades reunidas en gabinete (según reza la resolución de la nota-fcm0004552/2011) porque ni siquiera tuvieron una palabra que aludiera a la delicadísima salud de mi hija, a la hora de responder a su petición.

Falta de respeto por parte del gabinete psicopedagógico porque la verdadera función de estos gabinetes es atender las necesidades de los alumnos que presentan problemas y si éstos son de salud con mayor razón. Mi hija nunca pensó que podía recurrir a la licenciada María José López antes de rendir para comentarle por lo que estaba pasando y solicitarle su asesoramiento y en todo caso su ayuda. Nunca lo pensó porque desconocía cuál es el sentido de ser de esas oficinas que ocupan un espacio en su institución.

Es responsabilidad de los licenciados en ciencias de la educación y de los psicopedagogos hacer llegar al alumnado la invitación a ser asistidos en sus inquietudes y necesidades para favorecer el proceso educativo. Es su trabajo llegar a la población estudiantil para difundir el sentido de su existencia, el que desde luego no es ocupar un espacio físico.

Hoy me dice la licenciada López que si María Elisa la hubiera ido a ver antes de rendir ella hubiera podido ayudarla. ¡Qué tarde llega el ofrecimiento!
Estoy convencida de que en la definición de la palabra ayuda está implícito el concepto de tiempo. La ayuda nunca es tal cuando llega tarde.

Estas faltas de respeto, de consideración, de humanidad, son burlas a la dignidad humana, inadmisibles cuando aquellos que las cometen son médicos que además están ejerciendo la tarea de formar profesionales de la salud. Qué calidad humana es la que la Facultad de Ciencias Médicas del Estado está inculcando a sus alumnos, a los futuros médicos que serán los encargados de la asistencia de los enfermos, del establecimiento de medidas de política sanitaria, de la dirección de establecimientos hospitalarios, etc, etc.

A los 28 años mi María Elisa tenía dos metas, la primera vivir y la otra concluir su ciclo universitario, una y otra estaban definitivamente entrelazadas. La alegría de graduarse hubiera aportado un invalorable tónico para su salud, una fiesta para ella y para toda su familia. Terminar su carrera universitaria, obtener su título le hubiera dado, además, un fuerte lazo con la vida.

Señor decano, la salud de mi hija no es su responsabilidad, ni la de sus profesores, tampoco lo es de las autoridades de su casa de estudios, pero sí es responsabilidad de una facultad, sobre todo si es parte de una universidad del Estado, estar a la altura de las circunstancias, cobijando a estudiantes para darles todos los conocimientos precisos, formarles el carácter y el criterio. Respetando a sus alumnos, a quienes las instituciones educativas se deben y por quienes existen.

Brindar a los estudiantes todas las oportunidades para alcanzar el éxito es la tarea de todo buen profesor. Acompañar con eficacia el proceso de la carrera de grado es un deber de todos los que intervienen en su aprendizaje.

El compromiso del profesor está reñido con la mezquindad.Y su facultad fue mezquina con mi hija. Fue mezquina cuando le negó unos centésimos para recibirse, fue mezquina cuando le negó la opción de volver a rendir, fue mezquina cuando el departamento de psicopedagogía no dio ningún paso para interesarse en esa alumna que desde el año 2005 enfrentaba dificultades de salud. Fue mezquina la actitud del Secretario Estudiantil cuando consideró que dar a la alumna Norton una nueva oportunidad sentaría un precedente. Fue mezquina no solo con ella sino también con todos aquellos que desafortunadamente pudieren estar en situación similar.

Sin otro fin que honrar la querida memoria de mi hija, de quien tanto he aprendido.

Lic. María Teresa Angélica Farmache Leiva
DNI 12187143
Opiniones (2)
20 de octubre de 2017 | 13:57
3
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20 de octubre de 2017 | 13:57
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  1. la universidad hace DOCTORES pero NO SEÑORES
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  2. maria me hizo emocionar... con respecto al decano...ya tendria q estar haciendo el titulo y entregandoselo a su madre... gracias mama por escribir cosas tan ciertas... Maria Elisa Norton sos un ejemplo para todos y estas en nuestros corazones
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