Bailar “hasta que den las piernas”

A los 76 años, don Roberto Rosato es un bailarín y profesor de baile folclórico que ya no da clases por el dinero, sino porque, después de tanto tiempo en las pistas, bailar para él “es una terapia”. Fue el primer supervisor de las academias municipales de danza y ha hecho “del zapateo” una forma de vida.

Roberto Rosato es profesor de baile desde los 18 años. Con 76 a sus espaldas, le ha dado clases a una infinidad de personas, muchos de los cuales todavía lo reconocen, lo saludan y algunos de ellos hasta le pidieron al Concejo Deliberante que le entregara una distinción, una más de las tantas que ha ganado a lo largo de su carrera.

¿Cómo empezó su carrera como bailarín?

En una escuela nocturna a la que nos invitaron a aprender nuestras danzas tradicionales. Era la escuela Normal;  en ese entonces era  el Instituto del trabajo, que funcionaba en la escuela Normal. Y ahí nos invitaron a aprender nuestras danzas y la primer profesora que tuvimos fue la señora Corina Silva de Rodríguez, hija de, don Julio Silva, fundador de  LV4.

Debo haber empezado a aprender a los 15 años y a los 18 me invitaron a que diera clases en una academia, aunque estaba “medio crudo”. A partir de allí, seguí hasta la actualidad dando clases y actuando en vendimias. Más o menos he estado entre “treinta y tantas” vendimias departamentales, incontables las de distritos y di clases en las academias municipales, 36 años y simultáneamente 20 años en el Centro Polivalente de  Arte. También enseñé durante 6 años en la escuela San Francisco Solano.

¿Y actualmente?

Sigo dando clases en la escuela San Francisco Solano, en el local que cede el director Aldo Musi, que gentilmente lo hace para que le dicte clases a gente adulta. Lo hago porque es una terapia para mí y para los integrantes que se incorporan al grupo de alumnos. La mayoría es gente grande.

¿Qué tipos de baile enseña?

Mi fuerte es el folclore. También preparé tango en alguna ocasión cuando estuvo el congreso acá, yo estaba todavía en el Polivalente y preparé 8 parejas de tango con las que fuimos presentados en el teatro Roma y después nos invitaron a una cena que les daban a los congresales, pero el fuerte mío son las danzas folclóricas argentinas. Sobre todo me gusta fomentar lo tradicional, las costumbres y características tradicionales. No me he apartado mucho de esa línea. Hemos hecho algún folclore latinoamericano, pero muy poco, solamente como homenaje a algún país vecino, pero el fuerte son nuestras danzas tradicionales.

Don Roberto con su nieta


¿Cómo se compone su familia?

Mi esposa, tengo dos hijos (un varón y una mujer), mi hijo está en EEUU, es científico junto con su esposa y están en los hospitales de Houston. Mi hija es licenciada en computación y está en La Pampa. Tengo 5 nietos…

¿Qué ha sido el baile en su vida, una manera de ganar dinero, un hobby…?

Yo empecé como un hobby, como una curiosidad, y luego se transformó en algo muy importante para mí. De todas maneras no solamente me dediqué a las danzas, yo tengo un oficio, soy hojalatero y he trabajado desde los 11 años en ese oficio. Ahora se van a llevar las máquinas porque ya no puedo trabajar más... las manos no me dan, pero he trabajado mucho. Además fui plomero, gasista matriculado... Trabajaba en mi taller y además cumplía mis horarios de clases en la tarde por lo general. Había veces que daba en tres instituciones, a veces en la mañana, y a la tarde en las academias municipales y en el Polivalente.

En tantas vendimias, ¿recuerda alguna en especial?

Yo estuve al frente en las danzas en más de 30. Para mí todas tuvieron algo lindo. Primeramente las hacíamos con todo muy nuestro, muy local. Inclusive las grabaciones las hacíamos en radio Municipal, cuando estaba don Abraham Maslup, con quien hicimos 14 fiestas de la Vendimia grabándolas todas en esa radio, con el jefe que había que era el señor Manuel García,  un genio de la radiodifusión, además de una gran persona.

Recuerdos de las vendimias… todas de alguna manera dejan algo, todas por un motivo u otro. En las vendimias que participé siempre mantuve un patrón folclórico, luchando porque las vendimias fueran bien tradicionales. Tal vez ahora hayan cambiado un poco, porque hay gustos para todos.

¿Cuándo fue su última Vendimia?

La última Vendimia que yo preparé fue en el año 2000.

¿Participó en la fiesta Nacional de la Vendimia?

Bailé en Mendoza, pero no en Vendimia. Sí estuve en actuaciones que tuvimos en las que le hemos ilustrado las danzas a don Alberto Rodríguez, un estudioso del folclore cuyano. Con él también estuvimos en Chile representando las danzas argentinas. En Chile estuve tres veces bailando y llevando las academias municipales, después de una fiesta de la Vendimia acá en 1963, prácticamente llevamos a Chile los números que habíamos elaborado para Vendimia.

¿Su esposa baila?

Nos conocimos bailando, por intermedio de las danzas. Pero ella después no siguió bailando.

¿Cómo fue?

Justamente en Vendimia, porque ella también bailaba. Eran Vendimias en las que se bailaba de todo. Yo en la academia aprendí un poco de todo: danzas españolas, la Tarantela, un poco de Árabe, baile chileno, paraguayo, en fin, todas las danzas latinoamericanas.

¿Qué premios ha obtenido?

Bueno, son placas recordatorias. Tengo de la Legislatura de Mendoza. Fui galardonado Flor de Liz de Plaza en 1988 y cuando me retiré me dieron un premio otorgado por el Intendente Vicente Russo y el director de cultura de esa época que era Raúl Tabanera, con quien cuando cumplí los 40 años con la danza hicimos un festival en el anfiteatro. Vino Teresa Parodi al homenaje y estuvimos bailando. 


¿Qué premio le otorgó el Municipio a fines del mes pasado?

Eso ha sido más que nada por una preocupación de mis alumnos de años atrás, que quisieron hacerme un homenaje de esta manera y lo solicitaron al Ing. Barandalla y se pusieron de acuerdo. Yo no sabía nada y una semana antes me trajeron una notificación, donde me invitaban a que me presentara ese día porque me iban a hacer un homenaje. Eso es un gran incentivo, porque había tenido homenajes de la Municipalidad, tengo cajas chayeras, una que me entregó en el año ’52 el intendente de ese entonces (cuyo nombre no recuerdo). Me han entregado muchos certificados otorgados por directores de cultura, intendentes…

Tiene un hijo trabajando como científico nada menos que en EEUU, imagino que debe ser un orgullo enorme.

Es un gran orgullo. Él es se doctoró en bioquímica y es investigador del cáncer y la leucemia. Mi nuera es especialista en bacteriología. Mi hijo es de acá y mi nuera sanjuanina. Mi hijo tiene 51 años, se recibió en San Luis e hizo el doctorado en Mendoza. A los días le salió la beca a Francia donde estuvo cuatro años y allá se doctoró mi nuera. Mi hijo también estuvo en Holanda y después se fue a Los Ángeles donde estuvieron siempre trabajando en facultades. Estuvieron como 12 años en Virginia, y ahora están en Houston.


¿Hasta cuándo tiene pensado bailar?

Yo si pudiera, hasta que me den las piernas. Eso es lo que me mantiene. Hay gente que quizás con menos edad se dejan estar. Para mí es un incentivo, una terapia muy importante. He tenido alumnos hasta mayores que yo.


Lograr que la felicidad pueda conjugarse en algo tan simple como bailar, hace de hombres como Roberto, personas a las que los años les pasan por al lado. Se convierten en esas personas a las que nunca se les cierra el telón.

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