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Muchos goles y poca fama, el difícil camino del fútbol femenino

El Mundial en Alemania está desatando la euforia en el país anfitrión, pero cerrada la fase de grupos, queda claro que se trata de algo momentáneo y que para las jugadoras, captar la atención mundial a largo plazo, es mucho más complicado que meter el balón en el arco.

El Mundial de Fútbol femenino en Alemania está desatando la euforia en el país anfitrión, pero cerrada la fase de grupos, queda claro que se trata de algo momentáneo y que para las jugadoras, captar la atención mundial a largo plazo es mucho más complicado que meter el balón en el arco.

La prensa local se esfuerza por incluir historias nuevas y curiosas en sus páginas, dado que en lo deportivo, el torneo está dejando pocas sorpresas: los tres grandes favoritos, Alemania, Brasil y Estados Unidos, se metieron en cuartos de final ya después del segundo partido.

Mientras, prestigiosos medios como el español "El País", el británico "The Guardian" o el deportivo francés "L'Equipe" están obviando totalmente el tema. Y la televisión de buena parte de Europa, aún más.

"Podemos ganar el Mundial mil veces, que nada cambiará en nuestra vida diaria", afirma Bernd Schröder, entrenador del equipo femenino Turbine Potsdam de Alemania.

"Pero usted no creía en serio que esos hombres a los que hasta ahora sólo les interesó el fútbol masculino iban a juntarse ahora para ver el femenino ¿no?", lamenta.

En Estados Unidos, concentrado en el béisbol, el torneo apenas existe. Y Latinoamérica está completamente metida en la Copa América. En Brasil, pendiente de lo que hacen estrellas como Robinho o Neymar en Argentina, las jugadas de Marta, la mejor futbolista del mundo, no se están siguiendo demasiado debido a las incómodas horas en las que se transmiten los partidos.

En la fase de grupos de este sexto Mundial femenino de la historia, la japonesa Homare Sawa metió tres goles, pero fuera del país nipón, apenas se escuchó su nombre.

La canadiense Christine Sinclair marcó un golazo de tiro libre después de quebrarse la nariz en el partido inaugural frente a Alemania. Si fuera hombre habría sido elevado a la categoría de héroe.

La portera alemana Nadine Angerer se declaró recientemente bisexual, algo completamente inimaginable en un futbolista en activo, para el que salir del armario sería un salto seguro a la fama. Su suplente, Ursula Holl, es la única casada del equipo, y su pareja es una mujer. Pero tampoco ellas hicieron demasiado ruido en los medios.

El máximo ejemplo de la relativamente escasa atención que recibe el fútbol femenino es quizá, la selección de Alemania, campeona de los últimos dos Mundiales y gran favorita en éste.

Lleva 15 partidos invicta y además es anfitriona, pero el miércoles, horas después de la victoria 4-2 ante Francia, apenas un puñado de fans acudió a la estación de Düsseldorf a despedirla y animarla para el difícil partido de cuartos el sábado contra Japón.

Y es que las alemanas han llegado a lo más alto que una futbolista puede llegar pero no son de ningún modo estrellas mediáticas. Ni siquiera en su país, donde buena parte de la población sigue sin ponerles cara.

Uno de los principales problemas, coinciden los expertos, radica en la dificultad de conseguir y mantener a los patrocinadores y de lograr contratos publicitarios importantes.

Fatmire Bajmaraj, la única musulmana en el equipo germano, es una de las pocas que lo ha logrado. Hija de refugiados kosovares y modelo de integración, es la cara bonita de la selección. Elogiada por su belleza exótica en toda la prensa germana, es imagen de la marca Nike.

En un país entusiasmado con revivir el "sueño de verano" de 2006 con el Mundial masculino, éste está siendo más bien "el verano de los cuentos", opina el rotativo "Frankfurter Rundschau".

Pero pese a todas las adversidades, la FIFA y la Federación Alemana de Fútbol (DFB) insisten en que este Mundial marcará un punto de inflexión en el fútbol femenino gracias a la cobertura televisiva sin precedentes que se está haciendo del torneo.

De hecho, gracias a la transmisión a través de las cadenas públicas, todos los partidos de la selección local están superando los 16 millones de espectadores, una cuota histórica.

Y también se están batiendo récords de ventas, aunque a diferencia de las selecciones masculinas, éstas estén jugando principalmente en estadios de pequeñas ciudades como Sinsheim, Augsburgo y Leverkusen.

Pero lo cierto es que el gigante Telekom ha tenido que comprar miles de entradas difíciles de vender para regalarlas a jóvenes en escuelas. Y eso, pese a que el precio medio de la entrada es de 50 euros, cuando en el Mundial de Alemania 2006, las más baratas eran de 81.
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