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Robinho, el culpable del flojo desempeño de Brasil

El delantero hace un año que no convierte con su selección y fue abucheado cuando lo modificaron en el partido con Venezuela. Todos los cañones apuntan a Robinho en la “Verdeamarela”.

Preparen, apunten, ¿fuego? El apático comienzo de Brasil en la Copa América ya tiene el culpable perfecto: Robinho, el delantero que cumplió un año sin convertir goles en la selección.

"¿Cómo está Robinho? ¿Cómo quedó después de que fuera abucheado por los hinchas?", le preguntaron los periodistas brasileños a Alexandre Pato, amigo personal y compañero suyo en el Milan.

"Robinho está bien. Como amigo sé que está tranquilo y con mucha voluntad de mostrar, más que nunca, su fútbol en la selección", respondió Pato.

Si Brasil lo pasó mal el domingo contra Venezuela, Robinho lo pasó peor. Los hinchas lo silbaron cuando el entrenador, Mano Menezes, decidió el ingreso de Fred en su lugar, a los 64 minutos.

"Acepto los abucheos. Son las reglas del juego. Los hinchas pagan su entrada y, si no ven goles, tienen derecho a quejarse", se resignó Robinho.

Durante los dos días siguientes al partido con Venezuela se especuló con que Menezes le quitaría la titularidad para la segunda fecha del Grupo B de la Copa América, el sábado ante Paraguay en Córdoba. Sin embargo, en el entrenamiento que Brasil realizó el martes, Robinho conservó su lugar. ¿Será su última oportunidad?

Por lo pronto, el delantero del Milan tiene que vencer un rótulo indeseado: ser considerado "un jugador Dunga". Robinho fue el segundo máximo goleador y el segundo futbolista con más partidos jugados en el ciclo del ex técnico de la selección.

Pero aquel Robinho era un delantero veloz y con gol. El Robinho de la era Menezes es un atacante que no desborda y que no tiene puntería. Su último festejo con la selección fue en el Mundial de Sudáfrica 2010, contra Holanda, en el partido de cuartos de final en el que el Brasil de Dunga quedó eliminado. Fue el 2 de julio de 2010.

Desde entonces, en un Brasil con poco gol, Robinho no aportó ninguno. El sábado, 24 horas antes del partido ante Venezuela, el delantero de 27 años sumó un año sin gritar un tanto propio con su equipo nacional.

De los diez goles que Brasil convirtió en los nueve partidos de la era Menezes, Robinho no convirtió ninguno: tres fueron de Neymar, tres de Alexandre Pato, dos de Dani Alves, uno de Fred y otro de Nilmar.

En un amistoso internacional contra el Barcelona B, en septiembre del año pasado, Brasil ganó 3-0 con goles de Pato, Lucas Leiva y Fernandinho. Robinho fue el capitán de Brasil en ese partido no oficial y en los otros seis primeros amistosos de la era Menezes, pero a partir del juego contra Escocia, en marzo, Menezes delegó esa función en el defensa Lucio.

El buen año de Robinho en el Milan, donde se consagró campeón de Italia, había sido un bálsamo tras sus opacos pasos por el Real Madrid y el Manchester City. Pero Robinho, ya con 27 años, está nuevamente frente a un dilema: demostrar si es un crack, como insinuaba en sus comienzos en Santos, o un muy buen jugador.

La Copa América es una de sus últimas oportunidades. Y la historia no comenzó bien.
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