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"Nole", el nuevo rey con déficit de imagen

El tenista serbio se transformó en el magnate del deporte a partir de este lunes, después de haber alcanzado la final en Wimbledon. Si bien el primer lugar no se lo quitará nadie, el carisma de Djokovic sigue siendo un tema pendiente.

Es el nuevo rey del tenis, nadie se atrevería a discutirle eso hoy por hoy a Novak Djokovic. Otra cosa es que el serbio haya llegado a la altura de Rafael Nadal y Roger Federer en cuanto a imagen. Para eso, aún le falta bastante.

"Hay mucha gente que no entiende a Novak Djokovic", certificó hoy el diario británico "The Times", que enumera, entre otros aspectos, "el fuego en sus ojos, los golpes en el pecho, la ferocidad de su espíritu competitivo, la naturaleza combustiva de su personalidad".

"Es un poco como aquellos que no quieren a Andy Murray porque es escocés", añade.

Pero esa comparación no alcanza a describir lo que genera Djokovic, sus virtudes y sus problemas. Lo que sucede con el nuevo número uno del mundo es que muchos lo ven como un jugador excesivo en sus celebraciones y escasamente espontáneo en sus reacciones. Ni hablar de sus colegas, entre los que no tiene la popularidad ni genera el respeto que se ganaron Nadal y Federer.

Djokovic saltó al primer plano del tenis al ganar en abril de 2007 el torneo de Miami. Hoy, a sus 24 años, el serbio alcanzó una madurez que entonces no exhibía, porque en sus primeras temporadas se lanzó a una sucesión de imitaciones del juego, los golpes y las manías de sus colegas por los estadios de medio mundo.

¿A alguien le gusta que se lo ridiculice en público? No, y a los tenistas tampoco, mucho menos si el imitador es un rival que amenaza porciones de sus triunfos, de su dinero, de su fama.

Así fue que en su momento Djokovic recibió unos cuantos "basta" de parte de pesos pesados del circuito. Las imitaciones comenzaron a espaciarse, y hoy son apenas un recuerdo para rescatar de Youtube.

Otro asunto en el que Djokovic deberá trabajar en el inicio de su reinado es el de su entorno. El tío Goran juega un papel clave allí, es el que hace y deshace en muchos aspectos del día a día. Djokovic, hombre de una inteligencia feroz y una velocidad para "oler" lo que lo rodea poco común, habrá tomado nota de lo que muchos vieron el domingo durante su triunfo ante Nadal en la final de Wimbledon.

Los "boxes" del "clan Nadal" y del "clan Djokovic" estaban separados por un par de metros, y quienes vivieron de cerca las reacciones en ambos extremos se quedaron asombrados por la virulencia y, a veces, falta de gusto de algunos integrantes del entorno del nuevo número uno.

La tensión entre ambos entornos es innegable, y comenzó a crecer desde que el entorno de Djokovic celebró el título de Indian Wells gritando "¡campeones, campeones!", en español, a metros del "clan Nadal".

El domingo, en un vestuario en el que los dos finalistas están separados por un par de metros y no pueden evitar verse el uno al otro -un detalle más entre todo lo que es diferente en Wimbledon-, las reacciones fueron mucho más contenidas.

Hoy, camino al aeropuerto para volar a Suecia, donde esta semana juega por los cuartos de final de la Copa Davis, Djokovic se emocionó con su trofeo: "Está mi nombre junto al de tantos grandes campeones. No tengo palabras".

Y mientras el serbio admira su trofeo, el mundo del tenis escruta a su nuevo rey, brillante en la cancha y con mucho que trabajar aún fuera de ella.
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19 de noviembre de 2017 | 23:48
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