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Neymar no levanta vuelo en medio de la decepción brasileña

Se esperaba mucho más de la estrella del último campeón de la Copa Libertadores, Santos. El joven astro pretendido por los grandes clubes del mundo no logró sacar a Brasil del tibio empate.

Cresta punk, andar displicente, aura de crack. La Copa América, y el mercado de pases europeo, esperaba hoy el resplandor de Neymar como la llegada del nuevo mesías, pero al joven del Santos lo afectó el virus que hoy en día ataca a todo tipo de jugadores ya consagrados: brillan más en sus clubes que en sus selecciones.

En el decepcionante empate sin goles de Brasil ante Venezuela, Neymar se hizo un espacio para mostrar parte de su repertorio del fútbol arte: dejó en ridículo con un delicioso caño a Gabriel Chichero, inventó un par de tacos que serían la envidia de cualquier deportista de alto nivel, enseñó cómo se hace un quiebre de cintura y le metió una excelente asistencia a Robinho que no fue gol por un rechazo agónico de Oswaldo Vizcarrondo.

Pero si se esperaba más de Brasil en general, también se esperaba más de Neymar en particular. El chico de 19 años se quedó en fuegos artificiales y no fue la solución que su equipo necesitaba, de la misma manera que tampoco lo fueron Robinho, Alexandre Pato ni Ganso.

En realidad, Neymar y sus compañeros, incluido un Dani Alves muy por debajo de la excelencia que suele mostrar en el Barcelona, fue víctima de las dudas de un equipo que fracasó colectivamente.

El funcionamiento grupal alteró las individualidades y Neymar, que había llegado a este partido como la nueva figura de Brasil, dejó el estadio entre sombras.

Fue una pequeña decepción para los miles de brasileños que habían colmado La Plata, a 60 kilómetros de Buenos Aires, atraídos por el primer paso oficial de una relación que huele a historia grande: Neymar y la selección.

Antes de que comenzara el partido, el director de cámaras interpretó el deseo colectivo de la multitud y, después de que las pantallas gigantes del estadio mostraran la entrada de los equipos, el primer futbolista que mereció un plano individual fue Neymar. Lo ovacionaron los hinchas del Corinthians, del Flamengo, del Palmeiras y de todos los clubes de Brasil que poblaron las tribunas. También hubo algunos locales que lo aplaudieron, y se sabe que los argentinos no regalan ese tipo de concesiones a un brasileño.

Pero a Neymar, algo displicente, lo esperaba una tarde sin alegría. Venezuela no sería el rival sencillo que se esperaba y el chico que acaba de llevar al Santos a ganar la Copa Libertadores perdió fuerza. En el primer tiempo tuvo un desempeño aceptable, pero en el segundo desapareció ante defensores cuyos nombres no figuran en la alcurnia del primer mundo futbolístico.

Neymar, buscado por los clubes europeos de primera línea, no apareció ante Venezuela.
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11 de diciembre de 2017 | 08:56
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