Deportes

Las dos caras del dolor futbolero en la Argentina

La entereza de los hinchas de Gimnasia y Esgrima La Plata a la hora de consumarse el descenso de su equipo, desmintió de plano la creciente ola de “pocas pulgas” que parece gobernar los humores de nuestro deporte.

La entereza de los hinchas de Gimnasia y Esgrima La Plata a la hora de consumarse el descenso de su equipo, desmintió de plano la creciente ola de “pocas pulgas” que parece gobernar los humores del fútbol argentino.
   
Quiere decir, en buen romance, que los modos de los barras de River, así como los de otras hinchadas en circunstancias semejantes, no son los únicos modos perfilados en el horizonte.
   
Lo sucedido el domingo último en el Monumental había superado incluso los límites más indulgentes: qué decir de quienes se obstinaron en cometer actos de vandalismo en el seno mismo de su presunta casa.
   
Los barras, deberá ser aclarado una vez más, en sentido estricto no son hinchas de ningún club: son hinchas del hábito de vivir a expensas del fútbol, al margen de las leyes escritas y asimismo al margen de las leyes no escritas.
   
Extorsionadores profesionales, violentos orgánicos, los barras, pero ojo: tampoco quiere decir que los únicos que ejercen violencia en las canchas y aledaños son los "pesados" organizados y desatados.
   
También están los jóvenes y no tan jóvenes que encuentran en el fútbol el canal más allanado para expresar eso que nociones módicas de psicología nominan como baja tolerancia a la frustración.
   
Y si de frustraciones hablamos, el descenso de categoría, en los deportes en general, en el fútbol en particular, y ni hablar de la Argentina, supone uno de los puntos más altos del episodio traumático.
   
Desde finales de los noventa se fue haciendo notoria, inquietante y peligrosa la tendencia al rompo-todo de los hinchas del equipo descendido.
  
Y tanto se naturalizó la idea de que un partido que define un descenso es un drama capaz de exceder lo estrictamente deportivo, que la AFA, los organismos de seguridad, los medios de comubicación y la comunidad futbolera en su conjunto terminaron por fogonear la autoprofecía cumplida.
   
Sin embargo, Huracán se fue al descenso y la sangre no llegó al río, Quilmes se fue al descenso y sus jugadores fueron despedidos con respeto y gratitud, Gimnasia se fue al descenso y sus hinchas honraron a los derrotados y ovacionaron al ídolo otoñal.
  
En el cariño tributado a Guillermo Barros Schelotto, a Guillermo, al Mellizo, los seguidores del Lobo (los genuinos, los que supieron acompañar a sus colores incluso abismados por la tristeza, no la minoría que cometió algunos desmanes en las calles de La Plata) honraron la dimensión más noble del hincha de fútbol.
   
No es cierto que tramitar el dolor autorice a abrir al máximo las compuertas del odio.
   
Tramitar el dolor, el dolor futbolero, en este caso, implica, antes que otra cosa, asumir el desafío de la integridad. (Télam).
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18 de noviembre de 2017 | 14:33
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