Mónaco: glamour a 300 km por hora

Paisajes indescriptibles, palacios centenarios, un "bien-estar" de habitantes que disfrutan de un minúsculo espacio de 195 km cuadrados, donde la carrera de Fórmula Uno es "un transporte de sensaciones". Un relato de Federico Chaine, para disfrutar

  Lo bueno de vivir en Europa es la amplia gama de posibilidades para viajar por el continente de manera económica. A la poca distancia entre los países se le suma una variada oferta de las empresas de transporte. Las compañías aéreas de bajo costo permiten visitar las ciudades principales por muy poco dinero. La catalana “Vueling” ofrecía un aéreo entre Valencia y Milán a solo 30 euros. Compré el ticket para ir a conocer el norte de Italia y sur de Suiza, a pocos kilómetros de la Lombardía.

Luego conectaría por tren hasta Mónaco aprovechando que era finales de mayo de 2007 para ir al Principado a ver el Grand Prix de Fórmula Uno, la carrera de autos más conocida del mundo. Es un evento que siempre quise disfrutar en persona. El viaje no comenzó bien. Llegué  al aeropuerto de Manises en Valencia y me quedé helado cuando vi titilar en rojo la palabra "Cancelado" en mi vuelo a Milán. En los mostradores de Vueling me informaron que los empleados de Alitalia y los controladores aéreos italianos estaban en huelga y se postergaban las salidas 24 horas. Esto provocó la cancelación de 500 vuelos hacia la península. Un día menos de viaje y a reprogramar mis actividades.

Al día siguiente todo salió bien y aterricé en Malpensa a 40 minutos del centro de Milán. Es una ciudad industrial y el centro financiero de Italia. Carece del encanto cultural de Florencia o Roma pero posee también obras y monumentos emblemáticos como el fresco de “La Ultima Cena” de Da Vinci en el Convento Santa María delle Grazie o el famoso Duomo, la tercera catedral más grande del mundo detrás del Vaticano y la de Sevilla (foto a la derecha). Mide 157 metros de largo. Su estilo es gótico y resaltan los pináculos y agujas que adornan su exterior de mármol de Candoglia. Cuando fui estaba siendo limpiado. Comenzó a construirse en 1368 y se terminó a fines de 1800. Se puede subir al techo de dos maneras: en ascensor o a pie. Elegí esta última y fui ascendiendo por una escalera de piedra en espiral muy estrecha. Cada vez que alguien descendía había que colocarse de costado para no chocar. Una vez arriba puede verse la parte más alta del Duomo. Es la aguja donde descansa la “Madoninna”, una virgen de cobre a 108 metros del piso. Hice un montón de fotos con bellas panorámicas de la ciudad que después perdí cuando me robaron la cámara de fotos.

A 250 metros de allí se erige el Teatro della Scala. (foto izquierda) Fue construido en 1778. Su arquitectura externa no acompaña su fama de gran casa de la Opera mundial. Nuestro Teatro Colón es mucho más bello e impactante en sus líneas. Las callecitas entramadas me fueron llevando hasta la céntrica piazza Cordusi desde donde caminé en línea recta para llegar al gigantesco Castello Sforzesco con 200 metros de frente.

  Perteneció a la poderosa familia Sforza y hoy funciona como museo y pinacoteca. El poderío económico de Milán se aprecia en sus habitantes que lucen vestimentas de confección y coches de última generación. Es también una de las capitales mundiales de la moda y se nota. Hay cuatro calles que delimitan el exclusivísimo “Quadrilatero d´oro” donde se alinean las firmas de lujo. Caminé por ahí sintiéndome un andrajoso con remera, jeans y zapatillas. Las casas de alta costura compiten por la vidriera mejor presentada. Ni se te ocurra entrar y preguntar precios. Está mal visto. Al que puede gastar allí no le importa cuánto cuesta sino que esté a la moda y le quede bien. Del resto se encargan sus tarjetas gold o platino. No solo en este sector late la moda. En las señoriales Galerías Vittorio Emanuelle, con sus techos abovedados de cristal, también hay tiendas de lujo. Todavía funciona allí el local donde se fundó la Casa Prada. 


(galerias Vittorio Emmanuelle, con frescos renacentistas)

Una de las salidas de la galería da a la Plaza del Duomo donde se estaba instalando una pantalla gigante para ver la final de la Champions League entre AC Milán y FC Liverpool en Atenas. Mientras esperaba la hora del partido, 20:45, seguí recorriendo y entrando en clima. Los vendedores ya estaban instalados ofreciendo posters, remeras, banderas y pelotas alusivas a la final. Compré una bufanda de recuerdo por 5 euros. Los jóvenes iban en grupos cantando y empezando a consumir cerveza para entonarse. Las radios y la TV no hablaban de otra cosa. Querían “vendetta” de la final de 2005 en Estambul donde Liverpool remontó un 0-3 y le ganó por penales al Milán de Hernán Crespo que hizo 2 goles esa noche. Dos horas antes del partido no cabía un alfiler frente al Duomo. Para no estar todo el tiempo de pie utilicé mi acreditación de prensa para acceder a una terraza desde donde transmitían los medios de todo el mundo. Las TV árabe y  japonesa salían en vivo. Cuando el Milán, con el capitán Paolo Maldini a la cabeza, salió al campo la plaza vibró. El partido fue tenso y una “dopietta” de Pippo Inzaghi a los 45 y 82 minutos le dieron la séptima Champions a los italianos. Kuyt descontó para los ingleses pero no alcanzó y Mascherano, el único argentino del partido, se fue mascando bronca.

La celebración fue bien italiana: ruidosa, desordenada, descontrolada. Ahí comprobé “in situ” de donde desciende gran parte de los argentinos. Lo más escuchado fueron las burlas hacia el eterno rival, Inter, que no ganaba la Champions desde 1965 y tuvo que esperar hasta 2010. Los tifosi rossoneros invadieron la ciudad. La plaza quedó hecha un basural. Un borracho no quería salir de debajo de un carro de helados hasta que dos "carabinieri" lo sacaron a rastras tomándolo uno de cada pierna. La bufanda de la final subió el triple y los festejos duraron hasta la madrugada. La fiesta se calmó hacia las 3 a.m. A las 7:10 a.m. tenía un boleto de tren hacia Lugano, Suiza. Para hacer tiempo me fui directo a la "Stazione Centrale" a dormir un rato hasta la hora de salida. Las puertas estaban cerradas y me tiré un rato en los jardines externos. No era el único. Muchos tifosi que vivían en las afueras también dormían allí. Me venció el sueño y cuando desperté vi los cierres de mi mochila abiertos y la billetera tirada a un metro. El shock terminó de despertarme. Revisé apurado y noté que la cámara digital tampoco estaba. Por suerte las tarjetas de crédito no las robaron, solo el efectivo. Más que los euros faltantes lamenté la máquina y el chip que tenía con las fotos de Milán y los festejos. Otras con Diego Milito y D´Alessandro que saqué en un partido de Liga entre Valencia y Zaragoza y unas del Rey Juan Carlos de España en la Regata de la Copa del América.

  Compré una cámara descartable para el resto del viaje y partí al norte en el tren Cisalpino. Pasé por la ciudad de Como y su magnífico lago donde varios famosos tienen casa de veraneo, entre otros Bono y George Clooney. Entré a Suiza y fui a la ciudad de Lugano llamada la Río de Janeiro europea por su clima cálido y las colinas verdes junto al lago. No es zona euro y tuve que comprar francos suizos, más caros. Es una ciudad turística y la más grande del Cantón del Ticino.

(el "Ayuntamiento" de Lugano)

Destacan las tiendas de chocolate y el “Bucherer” un supermercado de relojes de cuatro pisos donde venden desde cucús hasta los más finos de pulsera. Todo allí es muy pulcro y ordenado, bien a lo suizo. De regreso a Milán volví a sacar algunas fotos para reemplazar las perdidas. Seguí viaje hasta Génova, capital de la región de Liguria. Visité el Palacio Real y la casa natal de Cristóbal Colón (Cristoforo Colombo en italiano) el descubridor de América. Está en una callejuela de la ciudad medieval. Muy cerca está el puerto, el más importante del país, donde el futuro Almirante aprendió a navegar. Este genovés nunca imaginó que llegaría tan lejos y quedaría en la historia. Antes de conocer Italia tenía a las mujeres argentinas como las más lindas del mundo y sigo pensando igual pero con las italianas pisándoles los talones. Tienen mucho estilo y encanto.


  Desde aquí inicié el viaje de tres horas hasta Niza, Francia. El tren hace todo el trayecto bordeando el Mediterráneo y por momentos el mar está tan cerca de las vías que la vista se pierde en las azules y calmas aguas dando la sensación de flotar sobre la resplandeciente linfa. Niza está muy cerca de Mónaco pero con precios accesibles para alojarme durante los días de clasificación y la carrera de F-1 del domingo. Es la ciudad más grande de la Riviera francesa. Aquí se filmó, entre otras, la primera saga de “El Transportador” con Jason Statham. El sábado temprano fui a Mónaco, a solo 25 minutos de ferrocarril, a ver la clasificación. Siendo un circuito callejero esperaba ubicarme en algún lugar de las montañas que rodean el Principado y ver los coches desde allí. Es el segundo país más pequeño del mundo detrás del Vaticano con solo 195 hectáreas de superficie y 30 000 habitantes. Claro que su renta per cápita es de 25 000 dólares, una de las más altas. Caminé por todos lados buscando un buen lugar pero su hizo difícil. Todo está vallado y controlado por el Automobile Club de Mónaco, organizador de la carrera más glamorosa del calendario FIA. 

 

(afiche Juan Manuel Fangio, como identidad de la F1 de Mónaco)

Me enorgulleció como argentino ver en muchas vidrieras el afiche de una exposición de pinturas sobre Juan M. Fangio. Todavía lo recuerdan al habilidoso “Chueco” ganador del primer Gran Prix de Mónaco en 1950. Desde ese año se corre sin interrupción en este trazado urbano.  Aproveché una ocasión y caminé detrás de un grupo de ayudantes que ingresaba a la zona de circuito y cuando me di cuenta estaba a escasos metros de la pista en el sector de subida al Casino y en la primera curva desde la largada. No lo podía creer. Estaba junto a un puesto de médicos y auxiliares de pista.

 Sólo me distanciaba de los bólidos un alambrado y el guarda rail. No me moví en toda la clasificación. Los motores de los F-1 acelerando entre los edificios son una sinfonía tan ruidosa como atrapante. Me tapé los oídos con papel tissue, lo único que tenía a mano, porque en un momento se vuelve ensordecedor. El momento álgido se dio cuando en un descanso los auxiliares abrieron una puerta hacia el circuito y me mandé. Salté los neumáticos de protección y le pasé la cámara descartable de cartón a un bombero quien con muy buena onda me hizo la foto parado sobre el mismísimo asfalto monegasco. La Pole Position la ganó Fernando Alonso seguido de Lewis Hamilton, ambos con Mc Laren-Mercedes y tercero Felipe Massa con Ferrari.


Cuando los motores se apagaron fui a conocer el Principado. Mónaco-Ville es el sector más antiguo. Allí se encuentra el Palacio Real engarzado sobre la roca. Es la residencia del Príncipe Alberto II quien sucedió a su padre Rainiero III en 2005. Desde su explanada se observa el Estade Louis II uno de los más bonitos de Europa con una serie de arcos y tejados en distintos niveles que se camuflan con los edificios a su alrededor. Aquí juega el AS Mónaco FC. Entre jardines esmeralda impecablemente cuidados al borde de los acantilados rocosos distinguí la catedral donde se casó la Princesa Carolina y están enterrados sus padres Grace Kelly y Rainiero. La tumba del ex monarca estaba llena de velas y flores. Pasé por una inmobiliaria y por curiosidad miré los precios de los departamentos. El más económico era de 750 000 euros. Dejé seña por uno con vista al Mediterráneo. Tomé por el Boulevard Princese Charlote en el distrito de Montecarlo buscando el famoso Casino. Le pregunté a un policía por donde ir y me señaló un túnel peatonal excavado en la montaña. Me encontré con una escalera mecánica que descendía entre la roca. La cinta metálica me depositó en una paquetísima galería comercial con salida a los jardines del Casino. El circuito pasa por el frente y estaba cortado el acceso. Pude ver parte de su clásica fachada estilo Belle Époque. Quien lo desea puede gastar 1500 euros para reservar un lugar en su terraza y ver la carrera desde allí. Si en Milán parecía un andrajoso en las calles de Mónaco era un linyera de short. Tiendas de lujo y coches impactantes brillan por doquier. Un ambiente realmente principesco.


El domingo la cola en la estación de Niza para abordar los trenes rumbo al Principado era de 200 metros. Había fanáticos de todo el globo impacientes por ver la carrera más tradicional de la máxima categoría. Ayrton Senna, seis veces ganador aquí dijo “En Mónaco salí de mi cuerpo y entré en otra dimensión…era Dios”. Michael Schumacher, cinco triunfos, opinaba “Para mi siempre fue la carrera más excitante de toda la temporada”. Todo dicho. Apenas llegué fui corriendo al mismo lugar donde me colé el sábado pero esta vez la fortuna no me acompañó y pasé al plan B: subir hasta Mónaco-Ville y pagar una consumición mínima de 20 euros en un bar desde donde se veía la salida del túnel y el sector de yates. El colorido en las gradas, los barcos amarrados en el puerto y las montañas le daban un halo mágico al circuito. El ruido de la largada con 22 Fórmula Uno acelerando a fondo era similar al de dos jets de pasajeros despegando simultáneamente. No fue una carrera accidentada como es habitual aquí. El podio fue el mismo que la Pole: 1° Alonso, 2° Hamilton y 3° Massa. El asturiano marcó el triunfo número 150 de McLaren en la categoría. La ceremonia de premiación la vi en la TV del bar ya que desde donde estaba no se podía llegar a pie de pista. Comenzó la desconcentración y la ciudad parecía un enjambre.

 Hacia el atardecer todo se calmó y me quedé a observar la puesta del sol disfrutando la placidez de esta joya de la Riviera.

(para pasear, comiendo chocolate suizo)

En el siguiente viaje Federico, nos alejará del encanto monegasco para sumergirnos en el caos cultural de la exótica y lejana India donde se erige el majestuoso Taj Mahal.  (los esperamos, para continuar el viaje)

Opiniones (1)
21 de octubre de 2017 | 14:05
2
ERROR
21 de octubre de 2017 | 14:05
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. ¡ Bella,bella Costa Azul ! Con tal de estar ahí no me importaría las zapatillas rotas y los jean deshilachados. jaja! .Federico continúa asombrándome con sus relatos, son espectaculares.
    1
En Imágenes
Wildlife Photographer of the Year 2017
18 de Octubre de 2017
Wildlife Photographer of the Year 2017
Lo perdí todo víctimas del terremoto en México
17 de Octubre de 2017
"Lo perdí todo" víctimas del terremoto en México