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River-Belgrano, o cómo cambia el mapa del fútbol argentino

La promoción entre Millonarios y Piratas demuestra la decadencia de los "equipos grandes" y el crecimiento de los "chicos", un choque de estilos entre los que derrocharon la abundancia y los que cuidaron su patrimonio.

En un hecho inédito en la historia del fútbol argentino, River Plate descendió de categoría. Desde que el club de Núñez quedó condenado a disputar la promoción ante Belgrano se fue instalando un ambiente de fatalismo, que se intensificó y se magnificó, sobre todo, después del pobrísimo partido que jugaron en Córdoba los Millonarios ante los Piratas.

Sin importar el resultado final, es un ejercicio interesante tratar de entender que esta serie de promoción significa mucho más que un ascenso y un descenso, este River-Belgrano marca, como nunca antes, un choque de estilos y de concepciones de cómo se trabaja y se proyecta un club, y de cómo cambia el mapa del fútbol argentino. Además, por más que les pese a miles de hinchas, en el fútbol argentino desaparece cada vez más la diferencia entre grandes y chicos.

Una institución grande que se acostumbró a la abundancia, que se endeudó por años e hipotecó su futuro se mide ante un club del interior, ordenado, sin lujos, que trabaja a conciencia y cimienta su camino con responsabilidad.

Los “equipos grandes” sostienen esa denominación en glorias de tiempos pasados, en sus hinchadas y su convocatoria, pero desde hace años se manejan como clubes chicos. Sin proyectos, sin ideas, cambiando entrenadores como fusibles, prometiendo sueldos que no pagan, olvidando el trabajo en las inferiores, así, tanto River como Boca, San Lorenzo, Racing e Independiente, no paran de contradecir y bastardear su historia.

Del otro lado, en silencio, aparecen los “equipos chicos”, que cada vez crecen más. El ejemplo más notorio lo tenemos acá, a la vuelta de la esquina, con Godoy Cruz. También entran en este lote Olimpo, Colón, y se suman la temporada que viene a la primera división Unión de Santa Fe y Atlético de Rafaela. Además, San Martín de San Juan aún tiene que promocionar con Gimnasia La Plata.

Estos clubes, que casi nunca disfrutarán de la difusión que se merecen en los medios de Buenos Aires, tienen una principal virtud: son concientes de sus limitaciones. A partir de eso, siguen una línea al no contratar estrellas, al no sumar técnicos que llegan emanando humo, al no armar planteles que no podrán pagar, al ver y buscar en las inferiores.

Después de la infame década del noventa, donde dominaron River y Boca, empezó, muy de a poco, un cambio en la estructura del fútbol argentino. Vélez, a la cabeza, ya venía marcando el camino en soledad. Lanús, otra institución de perfil subterráneo, lo seguía. La vuelta de Verón a su patria hizo que Estudiantes también se perfile como modelo a seguir.

Mientras todos estos clubes –y muchos más– crecían y crecen, los “grandes” entraron en una caída libre que parece no tener fin. River, por lejos, es el ejemplo más claro de que en el fútbol argentino ya no hay clases. Los grandes son cada vez más chicos y los chicos crecen torneo a torneo.

El cambio ya está en marcha. Si no reaccionan a tiempo, los “cinco grandes” será una denominación obsoleta que lejos quedará del presente. En fin, estos tiempos de cambios en nuestro fútbol, caótico, irregular, siempre apasionante, nos llevan a entender que el futuro llegó hace rato. Y que mañana es hoy.

Por Gonzalo Ruiz.
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21 de septiembre de 2017 | 22:21
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