"El accionar de Firmenich fue funcional a la dictadura"

Lo afirma Alejandra Vignollés, autora de Doble condena. La verdadera historia de Roberto Quieto, secuestrado por los militares y sentenciado a muerte por Montoneros. Un libro que rompe con el "paradigma dominante" de la teoría de los dos demonios o de una lectura parcial a favor o en contra de la guerrilla o la dictadura.

Alejandra Vignollés ejerció el periodismo en Ámbito Financiero y El Cronista, entre otros, y actualmente es redactora en la agencia Telam. Es también la flamante autora del libro "Doble condena, la verdadera historia de Roberto Quieto", que habla sobre la caída en desgracia del número 2 de Montoneros.

Infobae.com pudo entrevistarla y allí la autora aseguró que "hubo personas que me advirtieron que estaba acercándome a un tema ‘complicado’, que podía ‘molestar’ a mucha gente".

Quieto era un jefe con mucho prestigio interno. Había liderado la operación más impactante: el secuestro de los hermanos Jorge y Juan Born y el cobro del rescate de 60 millones de dólares.

En diciembre de 1975, Quieto fue detenido cuando, desoyendo las consignas de seguridad dictadas por el grupo guerrillero –Montoneros había pasado a la clandestinidad a fines de 1974– fue a visitar a su familia.

La organización decidió someterlo a un juicio "revolucionario" por haber entregado –bajo tortura– información al enemigo. El jefe montonero fue condenado a muerte por sus camaradas de la conducción, pero la sentencia no pudo ser cumplida, ya que desde su secuestro hasta hoy, Quieto integra la lista de desaparecidos.

Vignollés reconstruye este episodio que tiene "demasiados aspectos oscuros". Para ello, se rebela contra un "establishment intelectual" que pretende dictar "qué se debe y no se debe escribir sobre los años 70", porque "son muchos aquellos a los que el caso deja al descubierto", "acusa" y "sanciona".

En primer lugar, Mario Firmenich, el jefe supérstite de Montoneros, responsable de la suicida contraofensiva de 1980 que le costó la vida a varias decenas de cuadros de su organización, pero que hoy goza de inmunidad legal y, más grave aún, política.

¿Cuál fue su objetivo al escribir este libro?

Cambiar la forma de abordar los años 70, porque parece que sólo hay dos opciones. O bien la teoría de los dos demonios que equipara los métodos de la guerrilla con los militares que recurrieron al terrorismo de Estado para combatirla, o bien estar totalmente a favor de los revolucionarios o de los militares. Los miembros de Montoneros y demás grupos guerrilleros fueron militantes que tenían un proyecto de país y querían tomar el poder por las armas. Pero debieron ser enfrentados con el código en la mano y no desde la ilegalidad.

¿Por qué este caso en particular?

Quise mostrar algo que no se miró nunca: lo que sucedía adentro de las organizaciones. Ellos hablaban de crear el Hombre Nuevo, siguiendo el modelo del Che Guevara, de cambiar la calidad de vida de la gente, pero el hecho de constituirse como una organización militar implicaba funcionar según una lógica de guerra. Al que pensaba distinto o desertaba, se lo degradaba o se le aplicaban castigos similares a los de un código militar, incluso el fusilamiento. Esto fue lo que pasó con Roberto Quieto, agravado por el hecho de que Montoneros no pudo o no quiso probar que efectivamente había entregado información. Él manejaba información muy sensible, sobre jefes, casas logísticas, depósitos de armas... ¿Qué delató? Conocía el domicilio de Firmenich, que no cayó. En su poder estaban 40 millones de dólares del rescate de los Born, que no cayeron. Fernando Vaca Narvaja (otro ex jefe montonero) dijo: ‘Si el Negro (Quieto) hubiera hablado, desaparecíamos de la faz de la tierra’. Hubo otro caso, terrible, que relato en el libro, el de Fernando Haymal, que sí admitió haber dado información –aunque luego de resistir varios días la tortura– y lo mataron de un modo terrible. Recién después de 30 años, Firmenich admitió en un reportaje que Quieto había sido sometido a horrorosas torturas, pero dijo que habían tenido que sentar jurisprudencia.

Usted dice que la conducción de Montoneros conocía el salto cualitativo que había dado la represión en 1976…

Cuando se llega al golpe de Estado las organizaciones ya estaban diezmadas. Los militares usan a la guerrilla como excusa para tomar y mantenerse en el poder a fin de llevar adelante un proyecto que buscaba dar vuelta la proporción de la riqueza nacional que en aquel momento quedaba en manos de los asalariados –60%–. Las organizaciones guerrilleras fueron funcionales a eso.

A fines de 1976, Rodolfo Walsh propuso a la conducción modificar radicalmente el funcionamiento de lo que quedaba de Montoneros la organización para poner fin a la caída de cuadros. Pero no fue escuchado.

Roberto Quieto era el jefe del área federal militar de Montoneros y como tal tenía íntima relación con el aparato de Inteligencia en el que militaba Walsh. Un año antes de caer, él empezó a plantear la necesidad de volver a la política, de poner fin al sesgo militarista que creía los llevaría al abismo. Proponía tender un puente hacia la política, pero siempre quedaba solo en estos planteos. Lo que Walsh dice luego, Quieto lo había dicho antes. Lo pensaban muchos. Pero primó la tendencia militarista.

Existen quienes, como el ex corresponsal del Washington Post en la Argentina Martin Andersen, sostienen que Firmenich fue un informante del Ejército desde 1973. ¿Comparte esa teoría?

No digo que haya sido un agente. Pero cuando investigué para este libro, encontré que en la causa del Primer Cuerpo de Ejército dice que la esposa de Firmenich, María Elpidia Martínez Agüero, estuvo presa con Carlos Quieto, hermano de Roberto. Según un testigo, a éste lo "trasladaron" [eufemismo por ejecución], mientras que Martínez Agüero fue legalizada, tuvo a su hijo en la cárcel, el bebé fue entregado a su madre y luego le dieron pasaporte para dejar el país. Es para sospechar. Lo innegable es que Firmenich fue funcional a la dictadura.

También es novedosa la inclusión de la Guerra Fría en el análisis. Porque los ex miembros de las organizaciones tienden a negar vínculos con cualquier gobierno extranjero mientras que sí atribuyen los golpes de Estado a una estrategia elaborada en Washington.

Había un contexto internacional que originó la violencia. La Revolución Cubana, pero también Vietnam, las guerras de descolonización y los golpes de Estado. Perón había sido derrocado y proscripto. Luego, Frondizi, Illia. Hay que rescatar el valor militante de una generación a la que le tocó vivir en una sociedad violenta; lástima que eligieron el mismo método.

Hoy se ha impuesto una mirada indulgente hacia la guerrilla…

Es la postura de Hebe (Bonafini) y otros que hacen una defensa cerrada de la juventud maravillosa. Lo fue. Militaron políticamente, lo que es un valor fundamental. Pero fueron violentos. ¿No había alternativa? Hubo una corriente que propuso respetar lo que decía Perón y no optó por la violencia, como Guardia de Hierro y el sector que se llamó Lealtad, que tomó distancia de Montoneros. Hasta 1973 la violencia estaba legitimada, pero después vino Perón. Ellos reaccionaron infantilmente a lo de Ezeiza y mataron a (el secretario general de la CGT, José Ignacio) Rucci para "disciplinar a Perón". Eso inició un espiral de violencia. Se forma la Triple A y ellos devuelven los golpes. Finalmente pasan a la clandestinidad, lo que fue terrible.

Hubo gente que le sugirió no escribir sobre este caso. ¿A qué se debe esta negativa?

Se creen "bronces" porque está muy reivindicado lo que ellos hicieron. Pero saben que hicieron cosas muy mal vistas por la sociedad. Secuestraron y asesinaron. Ellos no violaron, ni cambiaron la identidad a los niños. No se puede equiparar. Los crímenes de la guerrilla además ya prescribieron para la ley. Pero saben que hicieron cosas espantosas y funcionales a los militares.

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3 de Diciembre de 2016|14:43
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3 de Diciembre de 2016|14:43
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  1. Ya es hora de que los argentinos que no hemos vivido esas épocas comencemos a conocer la otra cara de la verdad, la que no nos han contado hasta ahora, y que en nada justifica los horrores de la dictadura, pero que nos explica porqué hay "bronces" inmerecidos y héroes de barro en nuestra historia, historia cargada de impunidad y mentiras.
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