Un montón de mujeres locas

Neurastenia, clorosis e histeria estaban ligadas en el siglo XIX a la condición misma de la mujer. Los hombres confundirán desde entonces los síntomas de una enfermedad con las técnicas de seducción de una mujer, los delirios del orgasmo femenino o las provocaciones de una chica de la calle.

La intimidad de las mujeres evoluciona hacia fines del siglo XIX hacia un delicado equilibrio entre el deseo y el sufrimiento con un manifiesto miedo a la vida que la llevará, en muchos casos, a la parálisis de la voluntad y a una letal culpa.

Individuación, conocimiento progresivo del propio yo, pertenencia social más o menos precaria debido a la movilidad de las clases, indecisión, descontento, inquietud, agotamiento, perpetua adaptación a las reglas son sólo algunos de los síntomas de su sufrimiento.

El spleen de Baudelaire o el hastío de Alfred de Musset no se aplica solamente a los hombres sino también a las mujeres que padecían de un vacío en el alma y en el corazón. En ellas, se transformará en una verdadera desgracia mientras que en los hombres se convertirá, mezclada con una silenciada impotencia y el constante trajinar en la entrepierna de las amantes, en poesía.

La influencia de la mirada del otro incitan al descontento y incluso a la denigración; el temor al fracaso por no dar con lo que se espera genera en las mujeres un constante malestar que los médicos, obsesionados entre lo normal y lo patológico, traducirían como angustia, pánico, manía razonante, demencia lúcida, neurastenia, clorosis e histeria.

Los síntomas específicos del sufrimiento femenino tienen su origen, según la psiquiatría de la época, en su sexo, y sus trastornos fueron agrupados cómodamente bajo el término “la enfermedad de las mujeres”. La más precoz de estas enfermedades era la clorosis y hordas de pálidos “ángeles” de una blancura verdosa invaden la iconografía, pueblan las novelas y atestan la consulta del médico.

La tentación del angelismo, la exultación de la virginidad y el temor de la luz solar son algunas de las creencias que hacen que las familias mantengan a las jóvenes delicadas y débiles.

Por extraño que parezca hoy, la clorosis era atribuida a una disfunción del ciclo menstrual, de la matriz y a una manifestación involuntaria del deseo amoroso. Y la prescripción terapéutica era prohibir todo cuanto favoreciera la pasión en espera del verdadero remedio: el matrimonio.

En tanto la medicina avanzaba, los hombres velaban sobre el despertar del deseo femenino poniendo en práctica para estas jóvenes mujeres anémicas una suerte de higiene moral incitando al matrimonio a edades cada vez más precoces.

De allí, a la histeria sólo faltaba el lecho conyugal. La mujer histérica obsesiona la vida doméstica y rige las relaciones sexuales. Y durante decenas de años se consideró un mal específicamente femenino. La histeria había sido descripta en la antigüedad como la manifestación independiente del útero que actuara como un animal agazapado en el interior del cuerpo; es decir, el deseo era independiente de la conciencia de la mujer y la atravesaba. Los médicos del siglo XIX sostienen aún esta concepción destacando la función de la matriz y su misteriosa relación con el deseo.

Para ellos, la ovulación y la “regla” eran un misterio. Y esta “enfermedad” estaba ligada a la condición misma de ser mujer: una gran sensibilidad y ser más emocional, lo mismo que la hace buena madre y buena esposa. Esa misma casta esposa puede ser atravesada por esa fuerza natural interna, proveniente de su útero, y convertirla en una ninfómana.

De ahí que comenzara a aconsejar a los maridos temerosos de la sexualidad de su mujer, impotentes o lisa y llanamente infieles, la satisfacción razonable del deseo sexual de la esposa acompañada de dosis de ternura, en pro de una vida conyugal apacible. De esta manera la mujer desplegará sin riesgos su sensibilidad sin llevarla a una sensualidad excesiva y, por supuesto, amenazante para el hombre.

Cuando esta propedéutica no funcionaba, fuera porque la mujer era soltera o viuda, las terapias a las que fueron sometidas las damas son dignas de verdaderas escenas de terror. Algunas, con la suma del título de “brujas”, fueron crucificadas, sometidas a flagelaciones por parte de sus  párrocos, objetos de exorcismos u obligadas a fornicar con un sacerdote.

Y muchas de ellas, fueron objeto de espectáculos inauditos, de teatros en los que la mujer escenificaba su dolor y hacía acto su angustia existencial, como el célebre teatro de La Salpêtrière, creado por el famoso doctor Jean-Martin Charcot. Éste exhibía a las “histéricas” ante un público formado por artistas, escritores, publicistas y políticos.

¿Qué veian estos rijosos hombres? ¿Cuáles eran, para ellos, los síntomas de las histéricas? Las posiciones siempre eróticas de las mujeres, la mirada provocadora, la sonrisa equívoca, el contoneo sensual, el gesto seductor. Para los hombres será desde entonces muy peculiar la manera de confundir con las manifestaciones de una enfermedad las técnicas de seducción de una mujer, los delirios del orgasmo femenino o las provocaciones de una chica de la calle.

Este doble fenómeno es largo y complejo de explicar, pero queda claro que estos voyeurs con título, estos perversos con permiso, se regocijaban y complacían en la exhibición de la sexualidad de las mujeres, ese montón de locas, ya sea en la dimensión de su sufrimiento real ante el deseo no satisfecho como en el despliegue netamente femenino de la pura, elemental y básica seducción.

Patricia Rodón
¿Qué te pareció la nota?
No me gustó10/10
Opiniones (6)
4 de Diciembre de 2016|01:24
7
ERROR
4 de Diciembre de 2016|01:24
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. brillante nota, como es habitual
    Deja mucho para pensar. La enfermedad era el último refugio de las mujeres paa huir de la penosa vida que les era deparada; asimismo la única forma de escabullir su cuerpo al sexo entendido como acto de sometimiento en el cual el placer (femenino) era una desviación. Hasta la creación de métodos anticonceptivos fiables la mujer no pudo ser dueña de su cuerpo, hasta la liberación (bien reciente por cierto y muy precaria), de su vida. Las formas de sometimiento continúan, hay un texto al respecto de Susan Faludi, que ganó el Pulitzer. También una bella película protagonizada por Angelina Jolie en la cual se presenta a la psiquiatría de los años 1930-40 como un espacio en el cual se etiquetaban las rebeldías femeninas como locura o se encontraban recursos para subsanar controversias en el momento del divorcio. Las psicopatologías siguen siendo, en algunos casos, recursos "científicos" para condenar lo que no se acepta o permite socialmente, un caso actual es el TDAH (déficit de atención) con el cual se promueve la venta de psicofármacos a niños y se patologiza la infancia.
    6
  2. No tengo derecho a ser tan guaso aunq no me guste la nota. Tratare q no se repita.
    5
  3. Mi nota le puede gustar o no y puede opinar lo que quiera acerca de ella. Incluso si le parece extensa, hecho que denuncia sus propias limitaciones intelectuales. Lo que no puede decir, de ninguna manera, es que parece un copy-past o un post de Taringa. Lo desafío a que busque en toda la red, a que investigue por toda Internet con la misma saña con que escribe su comentario, y a que encuentre no ya un párrafo sino una sola oración textual o semejante en algún post, artículo o nota ya publicado y que yo podría haber copiado y pegado. No es mi estilo. Todas las notas que firmo son fruto de mis lecturas y de mis investigaciones. En el caso específico de esta nota, Un montón de mujeres locas, trabajé con el artículo "Gritos y susurros", de Alain Corbin y Michelle Perrot, de la sección Entre bastidores, publicado en %u201CHistoria de la vida privada. Sociedad burguesa: aspectos concretos de la vida privada%u201D. Tomo 8, dirigida por Philippe Ariés y Georges Duby, con el artículo "Mujeres solas", de Cécile Dauphin, de la sección La mujer civil, pública y privada, publicado en %u201CHistoria de las mujeres. El siglo XIX. Cuerpo, trabajo y modernidad%u201D. Tomo 8, dirigida por Philippe Ariés y Georges Duby, los que me aportaron datos y que sumados a años lecturas se fundieron en una nota. En todo caso, a partir de su publicación en este diario digital, el contenido de la nota ha empezado a estar en la red y será copiado y pegado por otras personas total o parcialmente, cosa que me ha pasado ya en numerosas ocasiones. Kampito, sea prudente a la hora de escribir sus comentarios. Atentamente. Patricia Rodón
    4
  4. Esto parece un post de Taringa, loco. Para lo poco y remanido que dice, la mitad de las dimensiones del texto recontrasobraba. Entre Padilla que no se le entiende nada y Rodon que dice verdades de Perogrullo, carton lleno!
    3
  5. Vivimos en un mundo machista. Chocolate x la noticia. Un articulo meloso y mas largo que flatulencia de vivora para decir lo que todas ya sabemos. Y la creatividad... !bien gracias!
    2
  6. Me parece que se la sigue tratando a la mujer de la misma manera. Todavia existen hombres que siguen confundidos. Violaciones, violencia de genero, trata de blancas, prostitución son formas de agresión de aquellos confundidos. Enfermos que enferman. Que dejá vú!!! el último párrafo de la nota me pareció que se definía el programa de Tinelli. Pato como siembre muy buena la nota.
    1
En Imágenes
Una vida en imágenes: Fidel Castro, 1926-2016
28 de Noviembre de 2016
Una vida en imágenes: Fidel Castro, 1926-2016