No te vayas...River en el partido más importante de su historia.

Con los pies en Núñez y la oreja en Quilmes, el equipo de Jota Jota se juega la historia de un River que se quedará sin sus principales hombres.

Ahí, adonde Bernabé Ferreyra jugó sus últimos partidos. Ahí, adonde La Máquina brindó sus principales funciones. Ahí, adonde Amadeo atajaba, gambeteaba y hasta seducía a la platea femenina. Ahí, adonde el Beto transpiraba sangre que teñía la banda. Ahí, adonde Enzo se movía en puntas de pie. Ahí, adonde el Burrito quebraba cinturas rivales. Ahí, en la casa de Angelito.

Ahí, sí, ahí, en ese templo que fue testigo de tantas vueltas olímpicas, hoy estarán en juego 110 años de historia, que lo más negro que conocieron fueron 18 sin gloria, pero nunca la desgracia, la vergüenza, el revés de sentirse al borde del abismo. La cornisa está ahí. Pisarla y resbalarse no depende sólo de los pies de los 11 jugadores que salgan en la foto esta tarde porque ni el triunfo es garantía. Para sacar cuentas, lean a Albert en la página anterior. Para tratar de entender por qué River llegó a esta situación, la serenata es larga.

Simeone, Gorosito, Astrada, Cappa y JJ se sentaron en el banco en tres años de martirio. Robert Flores, Fabbiani, Cohene Mereles, Rodrigo Rojas, Ballón y Bordagaray fueron algunos de los refuerzos falopa en los que confiaron Aguilar y Passarella para enderezar el rumbo de esta trilogía de temporadas que ambos se dividen en partes iguales. No lo consiguieron, por supuesto. Hubo tristes derrotas con San Martín de Tucumán, con Gimnasia de Jujuy (al que el Cholo confundió con Mandiyú), un 1-5 con San Lorenzo y otro con Tigre y dos 0-4 frente a Huracán y Estudiantes. 34 triunfos, 39 empates y 40 derrotas para llegar a hoy con la soga al cuello, con hinchas rivales que muestran letras B gigantes o se visten con sábanas emulando fantasmas como nunca se vio.

Este es el famoso River, el famoso River Plei, aunque los pantalones bajos no los tiene el de enfrente. La garganta es un nudo que no podrá desatarse hasta que Lunati pite el final en Núñez y Pezzotta lo copie en Quilmes. Hoy no importa jugar bien o mal. El objetivo es zafar y nada más. Eso permitirá desatar la campanilla y soltar alguna lágrima por tanto sufrimiento, por tanta angustia, por vivenciar una realidad para la que no nació River. Y después, cuando todo haya pasado, habrá que despedir a los Carrizo y a los Pavone, que como varios más ya tienen firmado el adiós. Tal vez también Lamela se lleve los últimos aplausos a pesar de sus 19 años y apenas 34 partidos. ¿Y si Almeyda decide que dejar al equipo en Primera es su misión cumplida? Pensar en River en la Promoción no es el deseo de su gente. No, mejor no imaginar ese escenario. Los jugadores pueden irse, sí. River no.

No te vayas.
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16 de diciembre de 2017 | 13:32
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16 de diciembre de 2017 | 13:32
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