El Viejodeliteratura y El Quijote de la Mancha

Un texto de altísimo vuelo literario, "Que trata de la ingeniosa y extraordinaria aventura que le toco vivir al Viejo de Literatura reflexionando sobre Don Quijote de la Mancha, junto con otros gustosos sucesos de felice memoria". Imperdible.

ELVIEJODELITERATURA


(Historieta con aire sainetero sobre ciertos episodios antojadizos de nuestra cotidianeidad escolar)


Nº 13


Que trata de la ingeniosa y extraordinaria aventura que le toco vivir al Viejo de Literatura reflexionando sobre Don Quijote de la Mancha, junto con otros gustosos sucesos de felice memoria.


5º año, escuela Técnica. Los alumnos: un mitológico amasijo recubierto con guardapolvo azul; ellas mezcla de pulposas vedettes y enternecedoras bebitas; ellos: gigantescos mecánicos de tractores, barrabravas desgarbados, desaliñados, enajenados, peludos en zonas, lampiños en zonas.

Cuando entré al curso dije buen día nadie respondió.

- ¡Buen día! –insistí esta vez levantando la voz e impostando un registro de tibia autoridad frustrada ante tanta (pero tanta, tanta) indiferencia

- Buenos días – respondieron unos pocos que se apiadaron de mí.

El juego consistía en que uno tiraba un avioncito de papel y los demás lo “bombardeaban” con tizazos, cartucherazas, lapizazos.

Mientras tanto yo intentaba darles el tiempo necesario para que solitos se ubicaran en su sitio, sin necesidad de apelar a ningún imperativo pedagógico.

Tenía que empezar con el Quijote. Un drama ritual para alumnos y profesores que se reitera año tras año desde hace centurias, una pesadilla recurrente, un deja vu siniestro.

El avioncito iba y venía. Cuando alguna tiza lo alcanzaba y la nave caía, las risas y gritos estallaban. Yo fingía poner en orden mis carpetas, portafolio, libros, papeles, lapicera, planillas, borrador, tizas, libro de temas… hasta que, de pronto, algún piloto erró la ruta y el avión pasó demasiado cerca de mi mano como para que yo pudiera resistir la tentación de derribarlo…

Lo atrapé y se produjo un silencio generalizado. Algunas caras de sorpresa o susto…La mayoría, recién se enteraba que yo estaba ahí. Entonces, con mucha calma, desarmé el avioncito y mientras comenzaba a hablar sobre el Quijote, armé con él un sombrerito tipo pintor de brocha gorda y me lo puse en la cabeza. Los pibes quedaron atónitos…

- Hoy van a conocer un tipo que vale la pena. Leerlo no es una obligación, es un derecho. Pero, es un derecho bastante complicado de cumplir. Lo primero que me parece que hay que saber sobre él es que el tipo se llama Alonso Quijano y que está triste, muy triste. Su vida está vacía, sin sentido. El tipo está aburrido de su vida. Se siente preso pero no encuentra una forma de salir de esa vida. ¿Conocen gente así? Lo bueno del Alonso Quijano éste, es que no se conforma con la realidad. No se resigna. Sabe, intuye que por algún lado va a escapar.

La cosa es que el tipo se puso a leer unos libritos que se llamaban “novelas de caballería”, y leyó y leyó y leyó tanto que… se le secó el celebro.

Podríamos pensar en cualquiera de ustedes frente a la compu…. Seguramente Quijano no pasaba tantas horas leyendo como ustedes en la compu.

Pero no importa, el tipo, cuenta la novela, se volvió loco y empezó a creerse que lo que leía era la realidad y que él también era un caballero andante. Para que ustedes comprendan lo que esto significa, un caballero andante es alguien que no le gusta lo que ve, que no se resigna ante la injusticia y que lucha por sus ideas, por defender a los indefensos, por reparar entuertos…

- ¿Como el Che, profe?

- Sí, claro… no lo había pensado… pero, de alguna manera…bastante parecido.

Siglos después Batman o Superman harían algo parecido; con algunos matices que no vendría mal tener en cuenta (como que Batman luchaba por rencor y Superman tenía un origen extraterreno), Quijano también saldría a la calle a hacer justicia.

Fíjense que uno de los primeros mensajes que aparecen en esta historia es lo que podríamos llamar “El peligro de los libros”. Los libros son peligrosos… ¿qué les parece?

- Estoy de acuerdo…no tenemos que leer libros –Clara Rodríguez (pecas, pearcing en la lengua, uñas pintadas con dos colores) ante el estruendo de las carcajadas del curso

Efectivamente ese es uno de los mensajes… Cervantes el autor, vivió en una época donde un poder muy fuerte indicaba lo qué se podía leer y lo que no se podía leer… existía un listado de libros prohibidos por la Inquisición, un Index, que sostenía claramente que los libros eran peligrosos y que lo que convenía era que las personas no leyeran esos libros.

Fíjense que en uno de los primeros capítulos, un cura y un barbero (barbero es lo que hoy entendemos por médico), le queman la biblioteca a Quijano. Pensemos… un sacerdote y un médico… es el poder de la religión y el poder de la ciencia… ambos ven a la literatura como un peligro.

- ¿Cómo? ¿un peligro para qué? O ¿para quién? –preguntó Pereyra (audífono en la oreja, 3 pelos de barba en el mentón)

- Excelente pregunta, estimado señor Pereyra. ¿Quién contesta? A ver, opiniones.

- Peligro para la iglesia.

- Peligro para el poder.

- ¡Todavía no han leído una sola página del libro y veo que lo están comprendiendo perfectamente!

A esta altura, varios ya se habían fabricado y colocado gorros de papel en la cabeza.

- La cosa es que el tipo se disfrazó de caballero andante. Se improvisó una armadura con cacharros viejos, una lanza, un escudo, con una pelela se fabricó un yelmo, un caballo… y a luchar por la justicia…

Perdón, me olvidé de algo muy importante, antes de salir, Quijano se puso un nombre, Quijano inventó a Quijote. Un nuevo nombre para una nueva misión. Un nuevo nombre para una nueva vida. Quiero decirles que esto de los nombres es súper interesante. La tradición en occidente de poner un nombre para una nueva vida se remonta, por lo menos a los primeros libros de la Biblia, o sea, hace más de 3000 años. Es como que no vamos a proteger a nadie si nos llamamos como nos llamamos, no te sirve ser Clark Kent o Bruno Díaz… o, Alonso Quijano. Don Quijote de la Mancha sería el nombre con el que el tipo se bautizó al tiempo que bautizaba a su caballo y a su amada.

- Como mi parienta, María Juana Martínez… -dijo Rosalía Martínez…

- Perdón, Martínez, ¿no se te ocurre algo más…?

- Mirtha Legrand, profe… es una pariente, jajaja… -Añadió y la verdad es que el ejemplo era bueno.

- Este tema parece el de los  Avatar, profe –dijo Andrés Siderca.

- ¿Un qué? –pregunté azorado por la analogía

- Pero, profe… no vio la peli… un Avatar es algo así como una versión digital de uno mismo.

- Ah, ¡qué bueno! Está perfecto… eso es… hay un mundo virtual en el que inventamos una representación de nosotros mismos y con esa representación podemos ingresar y actuar en ese mundo. Es decir…

- Que Quijote es el Avatar de Quijano.

- ¡Maravilloso!

Casi todos ya tenían sus “yelmos” de papel colocados.

También hay que decir que, la obra nos remite al concepto de locura… de exclusión por locura…por ejemplo en la época en que Cervantes escribía el Quijote, a Juana (la loca), la encerraron en un palacio (por loca), porque siendo mujer (o sea, loca), enfrentó a sus padre rey y a su marido futuro rey  (¡una locura!). Cuando decimos que Quijano se volvió loco, en realidad,  estamos diciendo que en la época de Cervantes la locura significaba no ser un pusilánime, obediente, conformista y resignado. No aceptar la injusticia como algo natural, como un sino trágico, como algo inevitable.

Además de todo, Don Quijote se hace acompañar por un escudero. Ese será el genial personaje de Sancho Panza. Tal vez una creación literaria más grande aún que el propio Quijote. En alguna medida es la contraimagen perfecta del protagonista. Es egoísta, interesado, materialista, cobarde, ignorante. Es gordo y va en un burro. O sea, el contraste de ambas figuras es absoluto. Para muchos representa la cordura, la realidad en oposición a la locura de Don Quijote.

Ahora bien…, hay que decir que Sancho Panza es muy pero muy parecido a Don Quijote. Acaso… ¿cómo debemos llamar a quien cree en las locuras de los locos?

Quijote hacia el final de la novela se muere. Pero no muere en el mismo momento en el que muere Quijano. Muere antes: tras una derrota, cansado, hecho pelota, regresa a su hogar, abandonando definitivamente la caballería. La vida no tenía sentido. No valía la pena seguir viviendo. Esa es su muerte. Colgó las armas y recuperó la cordura que los hombres comunes llaman cordura. Colgó las armas y reencarnó en Quijano. En el triste Quijano. Porque el que muere en la cama (como mueren los seres humanos comunes y corrientes), es Quijano. Quijote en cambio, murió luchando en el campo de batalla.

Tomé la obra y leí:

- (…) Yo fui loco, y ya soy cuerdo: fui don Quijote de la Mancha, y soy agora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno.

Pero hay algo muy interesante: lo que le dice Sancho:

- ¡Ay! – respondió Sancho llorando-. No se muera vuesa merced, señor mío, sino tome mi consejo, y viva muchos años; porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin que nadie le mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolía. Mire no sea perezoso, sino levántese desa cama, y vámonos al campo vestidos de pastores, como tenemos concertado: quizá tras de alguna mata hallaremos a la señora doña Dulcinea desencatada…

En pocas palabras… Sancho termina la novela asumiendo el lugar de la locura. Esta entrada es una reivindicación de la locura de la vida, del amor. Es como que Don Quijote reencarna en Sancho.

Ojalá muchos más salieran a luchar contra tantos hijos-de-re-mil que nos arruinan la vida. Ojalá muchos de nosotros seamos quijotes que luchan hasta el final por un sueño, que no lo esperan, que salen a buscarlo, que se arriesgan, que salen de la comodidad.

Por eso le decían loco. Lo que él experimenta leyendo es el descubrimiento de que se puede ser feliz de alguna manera; de que siempre su vida desabrida, insípida y aburrida se iluminaba cuando él leía.

(El timbre sonaba anunciando el recreo. Nadie se movía de su sitio. El inimaginable silencio era un sospechoso y exagerado homenaje para una hora de clase).
 
- Y sí… qué quieren que les diga… los libros pueden ser muy peligrosos… sobre todo para todos aquellos que quieren que nada cambie, que todo siga como está.
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Opiniones (8)
3 de Diciembre de 2016|03:58
9
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3 de Diciembre de 2016|03:58
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  1. Me gustó mucho la nota.seguro tenés otros textos que me encantaría leer. Espero que recuerdes nuestras aventuras teatrales cuando eras un adolescente.
    8
  2. Un relato exquisito... Está tan bien escrito que nos hace imaginar hasta las caras de los alumnos... sería un placer observar por un agujerito una clase semejante. Da para un lindo video. A ver si alguien se anima...
    7
  3. muy, pero muy bueno, ojalá sirva de ejemplo para otros.-
    6
  4. Adhiero. Renombrar el mundo; asistir a un nuevo bautismo de nuestro pulso para que no se nos desdibuje Moby Dick, para que los molinos no se adjudiquen la victoria definitiva. Qué joder, después de todo, como dice don Dolina, la incredulidad es, según parece, la sabiduría que se permiten los hombres vulgares. Lo saludo
    5
  5. Querido José. Sos un encantador de adolescentes, un gurú de la docencia, un mago perfecto. Gracias por ese relato conmovedor. Abrazo. Juan
    4
  6. muy bueno profe, sencillamente muy bueno.
    3
  7. INCREIBLE
    - Y sí%u2026 qué quieren que les diga%u2026 los libros pueden ser muy peligrosos%u2026 sobre todo para todos aquellos que quieren que nada cambie, que todo siga como está. EXCELENTE!!!!!!! José excelente mensaje, terminé atrapada como los alumnos. La última frase me parece una lectura tan perfecta de nuestra actualidad... nos nos hagas esperar tanto...queremos mas seguido esta columna.... saludos.
    2
  8. Increíble y maravilloso relato. Muchas gracias
    1
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