La enfermera argentina secuestrada en Somalia dijo que no se arrepiente de nada

A un mes de su regreso, Pilar Bauzá, la joven que estuvo secuestrada ocho días en Somalia, dijo que sus meses asistiendo a chicos desnutridos "son más importantes que cualquier cosa". El recuerdo de sus días en Africa.

A un mes de las únicas declaraciones que brindó desde que volvió al país, Pilar Bauzá, la joven de 26 años secuestrada durante ocho días en Somalia, dijo ayer que no está arrepentida de haber ido a trabajar a ese país.

"No me arrepiento de nada. Es más, estoy agradecida de haber ido allá. Mis cinco meses de trabajo en Bosasso son más importantes que cualquier cosa", aseguró Bauzá en una entrevista que publicó hoy La Nación.

El 26 de diciembre último, Bauzá fue capturada por un grupo armado de somalíes junto a la médica española Mercedes García, de 51 años. Ocho días más tarde, tras la negociación entre los captores y las autoridades de Puntlandia (una región del norte del país con autonomía de facto, cuya capital es Bosasso), fue liberada.

Consultada sobre su cautiverio, Pilar sólo contó que durante el día caminaban entre montañas, que no intentó escapar porque no hubiese sabido adónde ir y que estar junto a García fue un alivio.

"Ellos eran muchos y el trato no era bueno. Nunca supimos qué era lo que estaba pasando", afirmó. "En un momento llegué a pensar que no volvía, pero me reconfortaba pensar que si no salía, por lo menos había hecho lo que quería."

"Cuando Médicos Sin Fronteras (MSF) me ofreció participar del proyecto, yo ni sabía en qué lugar de Africa quedaba Somalia. Y mi papá, pese a que yo le explicaba que uno no podía elegir la misión, me insistía en que me fuera a Kenya porque, según decía, era mucho más seguro", recordó.

Pese a todo, Bauzá logró que su familia la apoyase y en julio de 2007 llegó a Somalia para trabajar con desnutridos severos con complicaciones clínicas, menores de cinco años.

"Atendí a cientos de chicos y la experiencia fue más que positiva. Una vez, por ejemplo, llegó Amino, un chico de cuatro años con un grado de desnutrición tan alto que no podía caminar. Se recuperó y volvió a hacerlo. Ver una cosa así es impagable", expresó.

"También recuerdo a Mohammed, de dos años y medio, que no tenía papá y me llamaba «abo» (padre en somalí). Después de que se fue del hospital, lo volví a ver y otra vez me llamó «abo»", contó Pilar, emocionada.

"Sin embargo, a veces sentí que estaba tratando de vaciar el océano con una cuchara, porque el problema de fondo no es fácil de solucionar. Chicos a los que les dábamos el alta volvían al hospital a los pocos días, otra vez desnutridos", se lamentó.
 
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