Internas radicales, sin liderazgos y con cientos de candidatos

El radicalismo mendocino busca legitimar liderazgos y repartir el poder en una elección interna "a media máquina", porque no se deciden las principales candidaturas. Aceptan que esos comicios no despiertan mucho interés y que lo importante es "movilizar". Impresionante cantidad de candidatos.

Si cada una de las personas que es candidata a algo en las elecciones internas de la UCR convoca al menos a su grupito de amigos, la convocatoria debería ser masiva. Es que la cantidad de candidatos es enorme; tanto que en una misma lista es difícil que se conozcan todos.

En total, la cantidad de postulantes se cuentan por miles, entre cargos electivos y partidarios. Para tener una idea, en el San Rafael hay 407 candidatos por lista, es decir 814 en total. En el “chorizo” de cargos hay de todo: desde concejales hasta delegados de los comités de circuito.

Ese partido tiene elecciones para determinar los candidatos a intendentes, concejales y también las autoridades partidarias. En el Cuarto Distrito, también hay internas para los cargos legislativos. El golpe más fuerte lo reciben los intendentes radicales que aspiran a la reelección, quienes no consiguieron el consenso pleno en su partido y casi todos tendrán contrincantes.

En general  se enfrentan dos grades sectores: el encarnado detrás de Roberto Iglesias y Juan Carlos Jaliff, junto con los integrantes de la línea federal, y el otro encabezado por Alfredo Cornejo y sus aliados, entre los que están Ernesto Sanz y los territoriales; aunque también hay líneas internas que buscan terciar y arañar parte del poder.

Cómo se reparte el poder

El acuerdo firmado entre Iglesias y Cornejo buscó repartirse la estructura del poder en la UCR de los próximos años. Aunque todo depende de lo que ocurra en octubre. Iglesias y los suyos apuestan a ganar la elección para renacer y por eso cedieron a sus rivales gran parte de la estructura en la Legislatura y el partido. Cornejo, por el contrario, resignó sus chances a cambio de un poder más seguro en la Legislatura y se guardó para sí la conducción del radicalismo.

De esa manera lo que se juega es la legitimidad interna luego de la reunificación de la UCR, pues los sectores clásicos de ese partido se desmembraron con el quiebre del 2007 y aún no hay liderazgos consolidados.

La furia con la que se disputan los espacios da cuenta de que el “acuerdo de unidad” firmado por Iglesias y Cornejo parece haber sido sólo una proclama.

La clave está en movilizar

Mendoza no adhirió a la nueva ley nacional electoral que determina las elecciones primarias obligatorias para seleccionar a los candidatos. Por eso se mantienen los acuerdos de cúpula y las clásicas elecciones “aparateadas”.

El radicalismo cambió tres veces la fecha de su elección y hasta último momento se cambiaron los nombres en las listas como figuritas. En ese contexto Los propios dirigentes lo reconocen: la elección interna no genera muchas pasiones espontáneas en los votantes generales y lo que se pone en juego es más el poder de movilización (léase, el llamado aparato) que los amores reales que genera cada candidato. “La gente no va por sus propios medios, hay que ir a buscarla”, explicaba un dirigente radical encargado de la logística. Por eso las trafics y autos alquilados se cuentan por cientos.

En algunas comunas gobernadas por el radicalismo, por ejemplo, les pidieron a algunos empleados que acerquen a los encargados de campaña “la listita” con las personas que va a llevar a votar. A otros directamente le entregaron el padrón punteado con sus votantes a cargo.

La primera etapa de la rosca radical terminará esta semana, pero de manera continuada seguirá con las candidaturas a diputados nacionales y, sobre todo, con la estrategia de alianzas. Allí la aparición del Partido Demócrata, convocado por Iglesias, encendió otro foco de conflicto.
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23 de agosto de 2017 | 03:22
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