Un paseo por los paises de los tulipanes y las bicicletas

Europa es un pañuelo. Se puede desayunar en un pais, almorzar en otro y cenar en un tercero. Mínimas distancias, para vivencias que Federico Chaine comparte cada domingo. El viaje de hoy entre Holanda y Belgica, los Paises Bajos

(acceso al Tren del Eurotúnel)

Desde la inauguración del Eurotúnel en mayo de 1994 Gran Bretaña dejó de ser una isla y se unió a la parte continental de Europa. Estaba en Londres y debía viajar a Bélgica.

Aproveché la oportunidad de pasar por debajo de la gigantesca masa de agua del Canal de la Mancha y saqué pasaje en el tren bala “Eurostar”. Muy rápido, muy cómodo, muy caro. Alcanza velocidades superiores a los 300 km por hora y por los altoparlantes informan cuando se va a ingresar al túnel. Todo queda negro y los oídos se tapan un poco debido al cambio de presión. Es mejor no pensar en toda el agua que hay encima de tu cabeza.

(Federico y atrás, el edificio del Ayuntamiento de Bruselas, estilo gótico)
 

 Dos horas y dos minutos después aparecí en Bruselas, capital de Bélgica, la cuna de Monsieur Poirot, el detective de ficción de Agatha Christie. Es una ciudad elegante, con señorío. Su núcleo es la Grand Place donde se erigen edificios góticos del 1600. Destacan el Ayuntamiento y el Palacio de Justicia. Todos los extranjeros tienen paso obligado por esta plaza y siempre está llena. Era fines de junio de 2010 y los músicos hacían su verano para los turistas por la propina. Me llamaron la atención dos chicas muy bellas con vestidos de alta costura. Una cantaba en francés y la otra tocaba el arpa celestialmente. Las rodeamos embelesados y no costó nada arrojarles unas monedas de euro en el estuche del instrumento.


(abajo, el edificio del Parlamento Europeo, vidrio,metal, concreto)

  Siguiendo el mapa por las intrincadas calles de la parte antigua llegué al colosal Palacio Real donde habita el actual Rey Balduino, hijo de Leopoldo III quien abdicó a favor de su hijo después de la Segunda Guerra Mundial.

Siempre con el plano en la mano me dirigí a una construcción de diseño futurista, puro cristal y acero, que se contrapone con los añejos palacios. Allí funciona la Eurocámara ya que Bruselas es también la capital de Europa. El ir y venir de autos oficiales es incesante. En la Plaza de Luxemburgo me senté a descansar de la caminata y en un bar miré el partido del Mundial entre Italia y Eslovaquia donde los defensores del título quedaron eliminados. Había gran cantidad de “tifosi” con banderas que se fueron cantando bajito. 


  Al otro día tomé un tren en la estación Bruxelles Midi hacia la histórica ciudad de Waterloo, 25 minutos al sur de Bruselas. Aquí tuvo lugar la batalla más importante de Europa el 18 de junio de 1815. Se puede visitar el campo de batalla que se conserva intacto.

Se abonan 6,50 euros para ascender a la Colina del León desde donde se aprecia todo el panorama donde ocurrió la sangrienta lucha que cambió el mapa europeo y significó el fin del poderío de Napoleón.

(el atril explicativo, donde se detalla la formación de los ejércitos en Waterloo)

 

 En un atril se explica al posición de las tropas británicas al mando de Wellington con 68 000 hombres y cómo envolvieron estratégicamente a los 72 000 soldados franceses para vencer al gran Bonaparte que fue confinado a la isla de Santa Elena donde murió en 1821.

 

Al bajar de la colina hay un domo de 360 grados que, con sonido e imágenes, transmite la sensación de estar en medio del combate.

 

 

También hay un museo de cera en la casa donde Wellington diagramó la estrategia del ataque.

En la tienda de souvenirs, que nunca falta, compré un soldadito a escala de las tropas napoleónicas como recuerdo. Elegí el bando perdedor porque su uniforme era más pintoresco que el británico. Hasta para ir a la guerra los franceses destacan en la confección de prendas. Regresé a Bruselas donde me deleite con el chocolate.                               (anfiteatro circular, abajo a la izquierda)

Los belgas son mundialmente conocidos por el trabajo artesanal que hacen con este manjar. Hay infinidad de tiendas donde venden la más variadas confituras de esta dulce tentación. Hacía mucho calor y las tiendas estaban bien refrigeradas para evitar que se derritieran los bombones y bocaditos.

(Con Danielle, en la puerta de la casa de Ana Frank)
 

Las distancias en el Viejo Continente son tan cortas que a los argentinos nos parece increíble. Solo 210 kilómetros separan dos capitales como Bruselas y Amsterdam. Menos que de San Rafael a Mendoza.

Partí en tren hacia el país de los tulipanes y llegué a la Centraal Station. Desde allí caminé 20 minutos hasta la puerta de la casa de Ana Frank donde quedé en juntarme con Danielle Poortman, una amiga holandesa que conocí en la India en 2009. Me esperaba con su bicicleta, el medio de transporte por excelencia de Amsterdam que, junto a Beijing, son las ciudades con mayor tráfico a dos ruedas del mundo. Me alojé en su departamento céntrico pero tranquilo del barrio Jordaan a solo 4 minutos de la histórica casa. La ciudad me encantó. Es una mezcla de tradición, modernidad y buenas vibraciones. La gente tiene una energía que contagia. Salen a pasear en bote junto a los amigos en plan relax, comiendo una picadita y escuchando música. Todos hablan perfecto inglés y es muy fácil comunicarse. Son abiertos y cultos.

(parque y lago articial del Rijksmuseum)

  No en vano Holanda es la cuna de artistas y pintores de la talla de Vincent Van Gogh y Rembrandt. El primero tiene museo propio en un moderno edificio y el segundo plaza, monumento y su casa hecha museo. Las pinturas de estos genios se exhiben en museos de todo el planeta pero su hábitat natural es el Rijksmuseum, el más grande del país. En la plaza que da a su parte posterior los holandeses festejaron el subcampeonato logrado en Sudáfrica.

Vi el partido Argentina 3-México 1 en un bar céntrico. De un lado nosotros y del otro los mexicanos. Cantito va, cantito viene, el clima se puso espeso pero no pasó a mayores. Solo un par de insultos entre un argento y un azteca que le entraron de más a la Heineken. Al final festejamos con una enorme bandera celesta y blanca entonando cánticos de hinchada. La gente sacaba fotos sin entender lo que decíamos.

Yo tampoco entendía de donde habían salido tantos argentinos. Somos pocos pero estamos en todas partes. ¡Hasta la futura Reina de Holanda es Argentina! Le tienen mucho cariño a Máxima y hablan muy bien de ella. No tienen problema en que sea extranjera. La catedral donde se casó con el Príncipe Guillermo se llama De Kerk y está en pleno centro. Se puede visitar abonando entrada. Dije que era argentino y me dejaron entrar para hacer un par de fotos sin costo. (una vista parcial interior de la Catedral)

(casa central de Heineken, la cerveza más popular de Holanda)
 

 Mientras pedaleábamos por la ciudad veo una cuadrada construcción de ladrillos rojos. Era la Heineken Bowery, la fábrica original de la popular cerveza de la botella verde y la estrella roja. Se hacen visitas guiadas y tiene un shopping con todo tipo de artículos. Es una de las empresas más conocidas de Holanda junto con la Philips.

 Algo muy curioso que vi fue la “beerbike”, un carro rectangular impulsado a pedales donde van hasta 12 personas. Tiene toldo, porta vasos y heladeras para que la cerveza esté siempre fría. Se puede alquilar con el grupo de amigos para salir a dar una vuelta bebiendo y conversando sin contaminar el ambiente. No hay que preocuparse por los controles de alcoholemia. Vi gran cantidad de perros y gatos acompañando a sus dueños en el canasto de la bici o en asientos especiales adaptados a la parilla trasera. Los rodados de las mamás también están preparados para llevar niños de manera segura.  

  Los parques reventaban de gente aprovechando el verano. Amsterdam tiene muchos espacios verdes. El más grande es el Vondelpark donde el público se bañaba, tomaba sol, leía o jugaba al ajedrez gigante. Allí vi el partido Alemania 4-Inglaterra 1 en pantalla gigante. A los holandeses no les caen bien sus vecinos germanos, resabios de la guerra, y todos hinchaban por los británicos. En otro parque más pequeño, el Westerpark, vimos el triunfo del local sobre Eslovaquia 2 a 1. Le tenían fe a su selección que después eliminó a Brasil y llegó a la final pero España fue mejor y la “Orange” perdió su tercera final mundialista. Muchos se sorprendían cuando les contaba que era el autor de la biografía autorizada de Mario Kempes. Lo recuerdan muy bien porque les hizo dos goles en la final de 1978 pero aún así lo admiran y respetan. A varios fans les dejé como recuerdo una figurita con la portada de la versión española del libro firmado por el mismísimo “Matador”.

(quesería en Amsterdam)
 

Soy un confeso fanático del queso y queda claro que estaba en el lugar indicado. Este país es famoso por la elaboración de lácteos. Venden las hormas enteras o trozadas. Una tarde compré 250 gramos de reggianito en una tienda especializada donde me volví loco con tanto queso a mi alrededor. Lo fui comiendo mientras paseaba. En casa de Daan lo comíamos a toda hora. No puede faltar queso en ninguna heladera holandesa. Probé un bocadillo que se compraba en máquinas expendedoras por 1,40 euros que se llamaba “kalfsvleeskroket” y estaba relleno con…queso. Es una nación también conocida por su producción de flores, especialmente tulipanes. Hay un mercado especializado donde las venden cortadas, en almácigos o semillas.

  Otro de los lugares renombrados de Amsterdam es el Red District o Zona Roja. Está ubicado en pleno centro. Son varias cuadras junto a los canales donde hay salas de striptease, sex shops y cabinas vidriadas donde las chicas se exhiben a la vista del potencial cliente. Si hay interés se les golpea la puerta, ellas entreabren y se negocia. Si hay acuerdo se ingresa ahí mismo y se cierra una cortina para tener privacidad. Funciona las 24 horas. La mayoría de las damas son de Europa del este pero las hay árabes, latinas y para todos los gustos. No se permite hacerles fotos. Puede parecer chocante pero todo se hace con tal orden y discreción que no resulta agresivo. El consumo de marihuana está regulado y se vende legalmente en el mostrador de algunos bares. Aunque hay una legislación a punto de aprobarse donde esto cambiaría a partir de 2012.
    
  El sitio más visitado es sin duda la casa ubicada en Prinsengracht 263 frente a un canal. Allí vivió Ana Frank, una adolescente alemana que huyó de su país con la familia en 1933 cuando Hitler tomó el poder y comenzó la persecución de judíos. Su padre, Otto Frank, se instaló en la pacífica Amsterdam sin sospechar que años después el régimen nazi extendería sus tentáculos al resto de Europa. Otto era un empresario de la alimentación y tenía sus oficinas en este recinto. Cuando los alemanes invaden Holanda decide esconderse en la parte superior del edificio. El 6 de julio de 1942 ingresan al escondite Otto, su mujer Edith y sus hijas Margot y Ana. También se refugiaron allí el matrimonio Van Pels, su hijo Peter de la edad de Ana, 13 años, y Fritz Pfeffer. Estuvieron escondidos  hasta el 4 de agosto de 1944 cuando una llamada anónima avisa al servicio de seguridad nazi que había judíos ocultos en esa buhardilla. Todavía hoy no se sabe, ni se sabrá nunca, quien delató a las ocho personas que fueron enviadas a campos de concentración. Ana fue a Bergen-Belsen donde murió de tifus en marzo de 1945.

  El único sobreviviente fue Otto quien publicó “El Diario de Ana Frank” con los escritos que su hija redactaba en cautiverio. Allí cuenta las penurias sufridas durante el encierro forzado. Hoy la casa es museo y se visita por 8,50 euros. No está permitido sacar fotos en su interior. Se ven las habitaciones con los vidrios pintados de negro para que su presencia no fuera detectada desde las casas vecinas. Disponían de un solo baño para los ocho y se usaba solamente de noche o en emergencias para evitar el ruido de la cañería ya que la empresa siguió funcionando dirigida por un amigo de Otto y los empleados no sabían que había gente oculta arriba. Me impactó el reducido tamaño de las habitaciones y la puerta secreta que iba al escondite que era un armario con archivos camuflado en la pared. Por aquí les pasaban provisiones las únicas tres personas que sabían de ellos. Ana escribió su primer borrador en una agenda a cuadros rojos que se puede ver en una vitrina. Cuando se le terminó el espacio siguió escribiendo en hojas sueltas. Su diario fue publicado en varios idiomas y es un reflejo del sufrimiento judío durante la guerra. Recomiendo su lectura.
 
Ya comenté que Europa es pequeña y lo atestigua el hecho de que mi último día de viaje fue un paseo gastronómico por tres capitales distintas: desayuné en Amsterdam con Danielle, almorcé solo en Bruselas y cené en Londres con amigos venezolanos. Desde allí tomé el avión de regreso al país.


 
 En la otra entrega Federico nos llevará al continente asiático para conocer el antiguo reino de Nepal, la cuna del Monte Everest, el techo del mundo.
  
 

Opiniones (2)
18 de octubre de 2017 | 23:45
3
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18 de octubre de 2017 | 23:45
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  1. LEER LOS RELATOS DE FEDERICO ES COMO ESTAR PASEANDO CON ÉL!! SON MUY MUY BUENOS. ESTA SECCIÓN DE MEDIAMENDOZA ES MI PREFERIDA
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  2. Tus relatos son maravillosos,instructivos,culturales,turísticos y asombrosos,ni hablar der las fotos. ¡ Qué no terminen !
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