El Día del Escritor y vos: escribí un microcuento con MDZ

Hoy se celebra en nuestro país el Día del Escritor. La fecha recuerda el nacimiento de Leopoldo Lugones y, en su nombre y a través de la palabra, se honra a quienes dedican su vida a la creación literaria. MDZ te invita a que escribás un microcuento para los "Fantasmas mendocinos". Y lo publicamos.

Pasión, obsesión, felicidad, ansiedad, condena, vocación son apenas algunos de los inevitables sustantivos que acompañan la siempre misteriosa tarea del escritor.

Pero un escritor es mucho más que sus palabras impresas, que sus afanes volcados al papel bajo la forma de un poema, un cuento o una novela. Un escritor es sobre todo, un producto de su época y un testigo crítico de lo que le rodea.

Un escritor es un hombre o una mujer que tiene la capacidad de servirse de su imaginación para convertir un sueño, un abrazo o una historia que escuchó al pasar en un excelente cuento;  es alguien que conoce tan bien los preciosos mecanismos de la lengua que puede describir un paisaje o un rostro con tal destreza como para provocar amor u horror en el lector en una sola frase.

Un escritor es un hombre o una mujer que puede convertir a las palabras, “esas perras en celo” como decía Julio Cortázar, en herramientas de un trabajo silencioso, solitario y lleno de avatares íntimos; es alguien que se alimenta del idioma y lo extenúa y lo busca y lo reinventa como un pequeño dios de la página en blanco.

Pero las palabras también son nuestras. De todos. Aunque no escribamos ni estremecedores poemas ni inquietantes cuentos. Las palabras son la única herramienta de quienes quieren comunicarse, de quienes necesitan decir, por escrito y para que otro lo lea, “aquí estoy”.

En el Día del Escritor, desde MDZ, celebramos tanto a los grandes autores y autores que nos hacen felices con sus creaciones como al infinito instrumento del lenguaje, más allá de cualquier idioma, nos permite leer o escribir una nota o este texto. La palabra es nuestro refugio y nuestra divisa. Palabra de honor.

Vos y los "Fantasmas mendocinos"

Por eso, en el Día del Escritor queremos que el escritor seas vos y te invitamos a escribir con nosotros. Para eso te proponemos compartir un juego literario: que te animés a contar en un cuento breve, o en un microcuento, una historia de fantasmas.

Puede ser una historia que hayas protagonizado, que te hayan contado, que le haya pasado a alguien de tu familia, o que sea pura y completa invención. Puede ser en clave de humor, de suspenso o de terror. Recordá, imaginá o inventá: siempre hay un fantasma dando vueltas en nuestra imaginación.

Publicaremos los cuentos que escribas en la sección "Fantasmas mendocinos" de MDZ del próximo domingo, lo publicaremos a nuestro Facebook y al blog que dedicamos a la creación literaria. Y si tiene 140 caracteres lo postearemos en nuestro Twitter. Podés firmarlo con tu nombre o con tu nick, como quieras.

¿Qué es un cuento breve o un microcuento o microrrelato? Es una construcción literaria narrativa cuya su principal característica, como lo indican sus nombres, es la brevedad de su contenido. También llamado microcuento, minificción, microficción, cuento brevísimo o minicuento tiene como objetivo contar una historia completa con el menor número de palabras posibles.

Por ejemplo, el microcuento más corto que se conoce tiene siete palabras y es del enorme escritor Augusto Monterroso. Se titula El dinosaurio y dice: "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí".

Otro cuento brevísimo, a propósito de fantasmas, es Cuento de horror, de Juan José Arreola: "La mujer que amé se ha convertido en un fantasma. Yo soy el lugar de sus apariciones".

Empezamos con uno nuestro, para que te animés. Título: El juego. "Cuando estalló pudieron gritar, llorar, huir. Nadie volvió a visitarse, nadie volvió a jugar al juego de la copa, todas las parejas se separaron".

¿Te animás? ¿O te da miedito?

Patricia Rodón

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Opiniones (65)
5 de Diciembre de 2016|11:36
66
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5 de Diciembre de 2016|11:36
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  1. Expuse detalladamente mis razones. Razones de un científico, claro está. Minuciosas, prolijas, detalladas, precisas. Mi posición intelectual era extremadamente sólida. No existían filtraciones posibles. Lo había estructurado largamente y sentí, por fin, que era inatacable. Gocé anticipadamente del triunfo. Al concluir mi exposición lo miré abiertamente a los ojos y, satisfecho, le dije: - ¿Y bien? Sin demora, desde su maciza humanidad, y casi sin cambiar de pose, me estrelló un fortísimo puñetazo en la nariz y luego se quedo inmóvil, mirándome, con sus grandes ojos mansos. Tomado de sorpresa, sin poder hilvanar una idea coherente, tan sólo atiné a darle un caluroso apretón de manos al tiempo que sonreía de costado al inexistente público que, de cualquier modo, colmaba el auditorio.
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  2. Me desperté como todas las mañanas, todo había cambiado. No habia nadie triste, los niños jugaban, no hay pobreza, Obama tomaba el té con Fidel Castro, Cristina y Elisa repasaban politicas conjuntas. Sonó fuerte el despertador y vuelvo a despertar....
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  3. El lector Claudio Miralles nos envió su cuento: No tuve tiempo de huir... la luz me arrastró hacia arriba y ya no recuerdo nada mas. Me duele todo el cuerpo.
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  4. El lector Ángel Magistris nos hizo llegar su cuento: Riiiiiiiiing. ¿Sí? ¡Buh! ¡Ay! Plop.
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  5. Me miré en el espejo y comprendí. El tiempo transcurría en el fondo de mis ojos. Mas la esperanza florecía en mi sonrisa . No todo se ha perdido.
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  6. ...
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  7. Me mira, de eso estoy seguro. Cada vez que cruzo la sexta por Jorge Calle tengo la sensación de que esa propiedad tiene vida. Que algo se oculta en su interior y mide cada uno de mis movimientos. A veces, cuando anochece con el cielo nublado, pareciera que un extraño color rojizo la cubre dándole una extraña sensación de vida. En otras ocasiones, cuando la luna da de pleno en ella, pareciese que algo saldrá de su interior dispuesto a atacarme. Me parece tan agresiva. No pasare mas por allí, cruzaré por Aguado de ahora en adelante. Al fin y al cabo la otra casa que hay por esta calle no me parece tan amenazante...
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  8. Ese día mis lagrimas cansadas estaban, y junto con mi mente decidieron descansar... pero la nada apareció y esa nada era su espíritu que gozaba de libertad y protección. Podía sentirla más que en sus 42 años de vida. Su halo inundó mi alma de ternura escalofriante.
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  9. El lector Rubén Antolín Heredia nos hizo llegar este cuento: Cuentan que existe un inmenso pájaro negro que de noche sobrevuela los viñedos mendocinos. En realidad no es un ave, y tampoco un vampiro - aunque se le asemeje en algunos hábitos. Sus alas y todo su cuerpo son negros y lustrosos, lo que impide advertir cuando se acerca, planeando, al ras de la viña, el parral o los frutales. Es un personaje bastante inquietante. Pero lo más espantoso es su rostro,... es un rostro humano. Algunos lo han identificado como el de una hermosa mujer y otros, como el de un ser andrógino, pero siempre bello y de mirada cautivante. Este ave (o lo que sea) sorprende a sus víctimas cuando caminan descuidadas por los callejones, generalmente en los horarios de riego nocturno o cuando cortan camino a través de alguna finca. Aprovechando su gran tamaño y fuerza, los abraza con sus alas y los besa dulce y apasionadamente. Hay quienes, sobreponiéndose al susto, se rinden a los placeres de Afrodita y regresan a sus casas con una sonrisa enigmática en el rostro. Pero todos, indefectiblemente todos, tarde o temprano, jóvenes o viejos, de forma natural o violenta, algún día, mueren. Es por eso que a este ser mitológico (y aún sin nombre) se le teme tanto y se lo evita regresando a casa apenas comienza a ponerse el sol. Olvidé decir que sus amoríos no engendran descendencia y sólo parecen estar destinados a dar placer y, eventualmente (y esto lo supongo yo) lograr una reciprocidad afectiva que atenúe el temor y el rechazo de los humanos. Aclaro esto porque en determinada época, aquí, en mi zona, le fueron adjudicados algunos embarazos inexplicables que meses más tarde derivaron en niños de rasgos y tez propios de la comunidad boliviana. No eran fruto de esos encuentros. Mi hermana mayor, que se llama Elena, pero nosotros la llamamos Eli, se encontró con este monstruo. Fue el verano pasado, una madrugada, al regresar de un casamiento, en la finca de los Petrelli, allá, pasando los nogales. Según cuenta, después de separarse de la Nélida, su mejor amiga, que vive en la finca vecina, en momentos en que iba pasando frente al cañaveral, se encontró frente a frente con este ave, posada sobre el callejón y recortada su negra figura con la luz de la luna, que le daba de atrás. Todo pasó según ya es tradición y leyenda de esta zona, con la única diferencia que, según cuenta mi hermana, ella ofreció gran resistencia al abrazo, a los besos y a todo lo que, contra su voluntad, estaba sucediendo. Regresó a casa con el vestido lleno de tierra y, llorando, nos contó lo que le había pasado. Mi padre quiso tomar la escopeta y salir inmediatamente a cazar al monstruo. Pero mi hermana se lo impidió, al alejarse había observado que el ave (o lo que fuera) volaba alto en dirección a los cerros, donde seguramente tendría su nido. Mi hermana, la Eli, salvo el revolcón y el vestido sucio, no presentaba daños. Mi madre le aconsejó que tratara de olvidar. Pero ella se negó terminantemente; se notaba que había quedado obsesionada con ese tema. Al día siguiente, durante el almuerzo (justo cuando la abuela puso sobre la mesa una fuente con uva) la Eli, que hasta entonces había permanecido callada y taciturna, prometió que encontraría a ese monstruo y acabaría con él. (Así lo anunció) Después tomó un racimo de moscatel y comenzó a comerlo con la mirada perdida en el parral que se ve por la ventana. Desde esa misma noche, y a pesar de nuestras recomendaciones y ofrecimientos de acompañarla, (que ella ha rechazado terminantemente) mi hermana, la Eli, después de cenar, sale sola a caminar por los oscuros callejones de la finca. Dice no tener miedo, tal vez porque va armada con un gran cuchillo. Hasta ahora no ha logrado encontrarse con la misteriosa criatura voladora, pero siempre regresa a casa con una sonrisa que indica que ya, que casi, casi, que ese momento de la dulce venganza esta ahí, al alcance de la mano. Rubén Antolín Heredia
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