¿Cómo es trabajar en la morgue?

El Dr. Sergio Mariano Cuaranta es un médico de 51 años, especialista en Medicina Legal, que lidera un cuerpo médico forense. Violaciones, abusos sexuales, homicidios, suicidios y accidentes pasan a diario “por su consultorio”. La persona detrás del especialista que a nadie le gustaría visitar.

Bajo el hospital Teodoro J. Schestakow se encuentra la morgue judicial de San Rafael. Allí trabajan personas que deben tener ciertas características en su psiquis, para que no los afecte la labor que realizan.

Si bien atiende en la tarde en su consultorio particular como cualquier médico, el Dr. Sergio Cuaranta ejerce una tarea algo “distinta” en las mañanas, ya que tiene a cargo el Cuerpo Médico Forense de la Segunda Circunscripción Judicial.

¿En qué año se recibió?

En 1985 en la Universidad Nacional de Córdoba. Soy especialista en Medicina Clínica, Medicina Laboral y en Medicina Legal.

 

¿Ejerce la medicina convencional?

Sí, en la tarde atiendo mi consultorio particular. En la mañana trabajo para la Justicia en el Cuerpo Médico Forense.

¿Cuál es su rol dentro del Cuerpo Médico Forense?

Soy el jefe de toda la Segunda Circunscripción Judicial de la medicina forense, o sea que están a cargo mío todos los médicos forenses, psicólogos forenses y bioquímicos de San Rafael, General Alvear y Malargüe, que son alrededor de 20 personas, entre auxiliares, psicólogos, psiquiatras, ayudantes médicos, ayudantes bioquímicos, bioquímicos, peritos contadores, peritos calígrafos… toda esa gente está a mi cargo.

¿Cómo es su trabajo en la morgue del hospital Schestakow?

Es un trabajo bastante arduo, entretenido, sobre todo para un jefe, porque no sólo hay que atender los casos que necesita la Justicia determinar, como lesiones, secuelas, hacer autopsias de gente fallecida en forma violenta,  como homicidios, suicidios y accidentes de tránsito, sino también todo lo que es la parte de sexología forense, que implica los exámenes que nosotros hacemos a víctimas de abuso sexual o violaciones.

En mi caso, como jefe, tengo que coordinar desde el punto de vista administrativo, las acciones de los demás forenses y demás integrantes del resto del Sur de la provincia. En la mañana hacemos medicina forense y aparte, en mi caso, todo lo que es la parte administrativa para el ordenamiento adecuado en toda la Segunda Circunscripción.

La tarea más grande que tenemos es el examen a personas que han sufrido lesiones en accidentes en de tránsito, lesiones por otras personas, abusos sexuales, violaciones, pericias por insania (para una persona ser declarada insana desde el punto de vista psiquiátrico), determinar si una persona en el momento del hecho estuvo consiente o no de lo que hizo. Todas las personas que son inhibidas para administrar sus bienes, sí o sí tienen que pasar por el examen médico forense, es decir que se hacen muchas pericias psiquiátricas acá, para resolver casos en la Justicia.

También se hacen pericias psicológicas, sobre todo para determinar daños psíquicos, daño moral a las víctimas de accidentes, violaciones, abusos… También se hacen pericias caligráficas y tenemos el laboratorio forense para determinar venenos o tóxicos.

¿Muestras de ADN?

Acá se hace la toma de la muestra de toda la Segunda Circunscripción, es decir la toma de toda la gente que tiene que hacer un juicio por filiación.

¿De quién depende usted?

Hay un jefe directo que está en la ciudad de Mendoza, que tiene el cargo de Director del Cuerpo Médico Forense de toda la provincia, es el Dr. Gerardo Emilio Mazziotti. Él a su vez, junto con todos los médicos forenses y todos los fiscales, dependemos de la Procuración General de la Provincia a cargo del Procurador Roberto González.

El Dr. Cuaranta y parte del equipo que conforma el Cuerpo Médico Forense.

De su equipo acá en San Rafael, ¿cuántos médicos hacen autopsias?

Somos tres los que hacemos autopsias y guardias de delitos sexuales. El equipo está integrado por mí, por el Dr. Emilio Fernando Barrera, la Dra. Adriana Virginia Gómez. Somos los tres médicos que estamos en la parte que la gente conoce más: autopsia y examen sexual por abuso.

¿Hace cuántos años que está acá?

Llevo 25 años en el Cuerpo Médico Forense.

Desde el punto de vista humano, ¿cómo es hacer una autopsia?

Nosotros los médicos estamos de alguna manera “habituados” a trabajar con los cadáveres desde primer año de la facultad. Uno se va acostumbrando a hacer autopsias. De todas maneras siempre hay algún impacto en la psiquis de uno. Hay casos muy feos, muy lamentables, que de alguna manera uno dice “qué feo lo que le pasó a esta persona”, sobre todo a uno le llegan mucho las autopsias de gente joven. Yo soy padre, tengo hijos adolescentes que corren los mismos riesgos que el resto de la población adolescente hoy en día, y uno se encuentra a veces con chicos de la edad y de alguna manera, no es que me afecte, pero siento un impacto porque “ese chico tiene la contextura de mi hijo” y eso uno lo recibe. La autopsia en general prácticamente tratamos de que no nos afecte, es un trabajo que lo hacemos desde el punto de vista profesional, lo más objetivamente posible, pero no siempre se logra sustraerse del impacto de una muerte que no debería haber ocurrido, como en un joven.

 

Imagino que si es un homicidio, debe sentir la satisfacción de que gracias a su trabajo pueda resolverse el caso.

Por supuesto. Nosotros formamos parte del engranaje de la investigación de un homicidio, “un granito” más. Acá participamos todos los integrantes que están abocados a eso: criminalística, la policía, peritos forenses, peritos calígrafos, la dirección que emana de los jueces de instrucción… todo el mundo va aportando su grano de arena para poder resolver los casos que se presentan. Uno siente satisfacción por hacer las cosas bien, fundamentalmente, sin tener en cuenta el resultado final del juicio. Uno tiene que darle al juez la mayor cantidad de pruebas que pueda recabar, a los fines de que todo salga bien. Somos una parte del engranaje: llegar a un buen final depende de mucha gente.

¿Recuerda algún caso en particular por algo?

Una autopsia que se hizo por un caso en Malargüe. Fue la muerte de una mamá y su hijo.  Repercutió mucho en uno. Repercute porque es algo público, es una muerte espantosa, y eso a uno lo pone un poco mal por el caso y por la repercusión que tiene y porque uno después tiene que ir a declarar y defender su hipótesis. Eso genera cierta ansiedad, en parte por lo impactante del hecho criminal y en parte por esa tarea de defender la hipótesis que se plantea en un homicidio.

¿Y casos de abuso sexual?

Sí. Hemos tenido casos de niños violados y lesionados en sus partes íntimas, de una forma muy severa, muy grave.., y eso a uno lo conmueve de alguna manera. Ver a la persona viva con el sufrimiento de haber sufrido una vejación de este tipo. El muerto no expresa, lo que dice el muerto "es la verdad porque no puede mentir”. Pero el trato con el vivo genera otra cosa, porque crea el pensamiento de que lo que le ocurrió a él le puede ocurrir a uno.

Pero todas esas sensaciones los médicos forenses tenemos que amortiguarlas, porque sino yo tendría que tener cinco velorios por semana, cada vez que uno hace una autopsia, independientemente de si es un niño, un bebé, una persona joven o no.

¿Alguna vez se encontró con un caso que lo llevara a pensar “para qué estudié esto”?

No. Yo quise ser forense desde antes de empezar a estudiar medicina y tuve la suerte de poder ingresar en el Poder Judicial y ser médico forense y de alguna manera me preparé para cualquier tipo de situación “fea” que se pueda generar dentro de este trabajo, que es feo en general, porque acá la persona que viene es porque ha tenido algún problema con la Justicia y ha obtenido lesiones, muertes… pero creo que ningún caso me ha conmocionado como para decir “por qué me tocó a mí”. Los forenses tenemos que estar preparados para lo que sea.

Al mostrarle el cuerpo de un fallecido a un familiar en la morgue para que lo reconozca, usted se convierte en la primera contención que esa persona tiene.

Nosotros a veces tenemos el contacto con los familiares del muerto y es muy chocante, muy penoso, más que hacer la autopsia en sí de la persona, pero para eso tenemos que estar preparados si elegimos ser forenses. Somos a veces la primera contención que tiene una víctima de delito sexual o los familiares de una persona fallecida.

Hace pocos días murió una persona en una situación muy desgraciada. Un señor fue a ver a su hijo que estaba internado con motivo de un accidente, y aparentemente se emocionó mucho cuando vio al hijo, tanto que se murió. Tenía 46 años, y su padre, un señor de más de 70 años junto con la hermana necesitaban saber si realmente era cierto que había fallecido, y los tuve que llevar a la morgue donde están los cadáveres en las heladeras y mostrarlo, y es una situación muy fea, triste.

Después me fui a mi casa y seguí mi vida. Pero el contacto con los familiares es mucho más penoso que la autopsia propiamente dicha.

 
¿Sus hijos tienen curiosidad por su trabajo?

Sí, pero se les ha ido. Ellos siempre supieron lo que hacía su papá. Son grandes ya, un hijo de 21 y una hija de 19. Estudian carreras universitarias que no tienen nada que ver con la medicina, uno estudia arquitectura en San Juan y la nena Ciencias Políticas en Mendoza. Se interesaron, por ahí ojeaban libros míos en los que salen fotos, pero muy poco.

¿Alguna vez tuvo que hacer un examen de estos a un ser querido?

Sí. Tuve incluso familiares a los que he tenido que realizarles la necropsia… y se las he hecho.


El Dr. Cuaranta es un profesional y como tal, habla de un muerto como un docente hablaría de un alumno, o un futbolista de un partido. Por supuesto que siente dolor, como cualquiera, pero él tiene una tarea cuyo resultado es mucho más importante.

Cuando trabaja con el Cuerpo Médico Forense, nadie quisiera estar en la sala de espera en el momento en que el Dr. Cuaranta diga “que pase el que sigue”.

Opiniones (1)
19 de agosto de 2017 | 07:27
2
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19 de agosto de 2017 | 07:27
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  1. MUY INTERESANTE LA NOTA PERIODÍSTICA.. MUY BUEN TRABAJO....
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