Lo contemporáneo avanza degollando “cabezas de caballos”

Lo agendamos; lo anticipamos; lo cubrimos el día de apertura. Ahora, en esta nota, fuimos a buscar el cardumen, a lo profundo de las aguas –o hasta donde pudimos, antes que nos reventaran los tímpanos-. Diálogos entre la autora de “Cardúmano” –la muestra que hasta el 10 de Julio estará en la Galería de Arte A+A-, y el curador de la exposición. Y además, otros apuntes, para comprender dónde estamos parados frente a esta serie de obras, confeccionadas con cientos de separadores plásticos adhesivos.

(Galería de Arte. En un sillón blanco de dos lugares, el entrevistador. Cómodo. En una silla blanca individual, la artista. Apartado, detrás de un escritorio, el curador de la muestra)
 

 
Mariana: Yo en realidad no tengo una técnica, porque nunca estudié técnicas para…. (Se detiene, piensa un instante. Luego se da vuelta y se dirige a Antonio, sentado en su escritorio unos pocos metros más atrás). ¿Tendrá algún nombre esto? (pregunta con gesto exagerado).
Antonio: Bueno, desde el graffiti hasta el mosaico; la intervención urbana también tiene que ver con esto, arte efímero también, sobre todo el de la pared (le contesta con inconfundible acento español).
Mariana: Intervención seguro.
Antonio: ¿Que?
Mariana: Digo, que intervención seguro.
Antonio: Claro…
Mariana: (vuelve a mirar al entrevistador) Lo que pasa que no se puede determinar una técnica acá, porque esto es una cosa nueva, ¿no es cierto? (mira nuevamente a Antonio, como buscando aprobación. Sin dejarlo contestar, se vuelve y sigue) No se puede decir, como en un determinado cuadro: es grabado, pintura, o… no sé…
Antonio: Polímero sobre muro (exclama sin apartar la mirada del monitor de su escritorio)
Mariana:
¡¿Esa es la técnica?!
Antonio: ¡Claro!
Mariana: Bueno… plástico. O… separadores de plástico…
Antonio: ¡Sobre pared!

                                                                                      * * *

Si hay algo que caracteriza al arte contemporáneo, entre otros aspectos, es la indeterminación de la técnica. Aquello que resulta tan sencillo de definir cuando se trata de una pintura tradicional –óleo sobre lienzo, acuarela sobre papel, acrílico sobre madera, por ejemplo-, en lo contemporáneo, el valor técnico y la destreza manual pierden todo sentido. “No hay un límite para el arte, porque traspasar los límites es lo que le da sustento: por eso hay tanta dispersión, tantos formatos, tantos estilos”.(1)
 
 
A partir de Marcel Duchamp -el artista francés que provocó un quiebre histórico al descontextualizar elementos de uso cotidiano exhibiéndolos en galerías de arte-, fue que el espectador y los críticos se enfrentaron a la responsabilidad de tener que construir en torno al objeto su valor artístico. Duchamp pretendía acabar con la pintura “retiniana” –la visibilidad pura-, y hacer explotar aquello que él llamó «inframince» (infra = bajo / mince = leve). El concepto fue ideado por el propio Duchamp, y se refiere, en algunos casos, a cuestiones completamente abstractas, como a veces también lo está conectado a lo visual, a lo olfativo y a lo papable. En definitiva, el concepto apunta a aquello “inefable que hace del arte algo más que una armonía de formas y colores”.(2)
 
Los límites del arte se han hecho añicos. El infinito abanico de expresiones es tan variado como inclasificable. En el arte de nuestros días impera su naturaleza plural y su carácter provocativamente híbrido. Frente a la disolución de las fronteras es que surge la escandalosa pregunta que muchos espectadores suelen hacerse frente a una obra contemporánea: “¿esto es arte?”, a lo que le sigue la necia afirmación: “pero esto lo hago yo”.

No es de extrañar que escuchemos aquella misma pregunta –o en caso que la visita sea de parte suya, querido lector, es que se lo cuestionará a sí mismo-, acerca de las obras de la joven arquitecta y artista plástica Mariana Bollati, cuyas obras estarán expuestas hasta el próximo 10 de Julio, en la Galería de Arte A+A –Córdoba 11 de San Rafael-. El diálogo que encabeza esta nota -retazo de la entrevista que mantuvo este medio entre la artista plástica y el curador de esta muestra, el artista, diseñador y promotor del arte contemporáneo, Antonio Camba-, es un ejemplo que demuestra que en el arte de estos tiempos no existen paradigmas claros, y que es el artista quien, a través de técnicas disímiles a las tradicionales, innovadoras y por medios hasta a veces exóticos, decide qué es arte.

                                                                                       * * *

 
Antonio:
(parado, frente a la artista y el entrevistador) Hay gente que es muy conceptual, entonces la parte conceptual tiene mucho peso en la obra. Y hay gente que es puro espíritu, entonces la parte formal viene de que lo siente todo. Normalmente, entonces, tiene que haber de los dos.
Mariana: El concepto fuerte era la idea en sí, la idea general, pero no es que primero surgió un concepto y luego la idea, fueron surgiendo juntos.
Antonio: Esto de Cardúmano sí, fue a la par.
Mariana: Fue todo a la par, de ver cómo quedaban los papelitos, ver lo que iba sugiriendo la forma, el material. Surgió de un equilibrio.
Antonio: De todas formas es muy normal que en los artistas el concepto venga posterior y no anterior. Es decir, normalmente en el artista que no es excesivamente conceptual.
Mariana: ¡No! Pero si no tenés un concepto mínimo para empezar, ¿cómo podés arrancar? Simplemente porque te dan ganas de venir pegar papelitos… (se dirige a Antonio)
Antonio:
No, por el concepto.
Mariana: Claro. Por eso. Entonces sí tenés un concepto. ¡Algo tenés!
Entrevistador: (se entromete, buscando consenso) Más que un concepto mínimo, sería una especie de “idea semilla”.
Antonio: ¡Claro! Con la que partes. Lo que pasa que muchos artistas hacen la obra y después se dan cuenta de lo que han hecho. Porque ellos lo hacen por intuición. (Señala a Mariana y se dirige a ella) Que tú también te has dejado llevar por la intuición, la forma. Por eso yo creo que lo tuyo es a medias: porque realmente has trabajado con un concepto, pero la forma te ha ido llevando sola.
Mariana: Si claro. Porque de lo contrario se hubieran repetido en todos los cuadros lo mismo. Antonio: Si. (Fija la mirada en el entrevistador) En el caso de ella, aunque parezca una obra excesivamente conceptual, en el fondo no lo es. Ha tenido la idea, pero el trabajo es muy visual. Por mucho que parezca que es algo muy casual, que está hecho a la primera, pues no. Hay todo un proceso. Mariana ha hecho 15 veces la obra de la pared…
Mariana: (tras una carcajada) ¡¡No!! ¡¿¿cómo??!
Antonio: ¡Si! Bueno… ¡no! Pero fue subir, bajar, para un lado, el otro…
Mariana: Subí, bajé, empapelé el enchufe… ¡Pero no fueron 15 veces!

                                                                                    * * *

Concepto y forma son entidades de las que se habla cuando se pone en cuestión una obra de arte contemporánea. En ella conviven estrechamente ambas: que lo estético se presente con mayor potencia, o sea la fuerza de la idea conceptual la que se evidencie por sobre lo estético, será cuestión de la particularidad del artista.

 

Una de las personalidades más influyentes de la modernidad, el norteamericano Sol Lewitt –quien llevó el arte conceptual a su máxima expresión- daba cuenta, hacia finales de la década del sesenta, de la idea sobre la que “se asienta buena parte de la producción contemporánea: que lo esencial en la obra no es el producto último, sino el proceso”.(3)

Es la “idea” la que prepondera en las obras más revolucionarias de Lewitt, y será esa la premisa sobre la que se asienta el arte conceptual. Pero esa “idea”, en verdad, muta, se transforma, y es el camino hacia… Porque, y en palabras del mismo Lewitt, "la obra no suele depender de las habilidades manuales del artista, porque la idea se convierte en una máquina de hacer un arte que no es teórico ni ilustrativo de teorías: es intuitivo, se relaciona con todo tipo de procesos mentales y no tiene un propósito fijo".

En esa misma sintonía, la “idea” primordial y básica sobre la que decanta la producción de la artista sanrafaelina, tiene que ver con el principio pragmático del "hacer por instinto", y no del "hacer por medio de la razón": "hay que tratar de hacer las cosas por instinto y no tanto pensándolas" –dice la joven autora, como si de un consejo se tratase, cuando se le pregunta por la idea raíz de la obra-. "Por eso está, por un lado, `cardumen´, con su instinto animal, y  por otro, el `humano´, con su razonamiento", explica al desglosar el nombre que titula la muestra: Cardúmano.

                                                                                      * * *

No hay dibujos. No hay pinturas. No hay cuadros colgados, -como solemos tener en casa- con su paspartú y sus marcos de madera. Mucho menos se ven, dibujados con pulcra perfección, “cabezas de caballo”, como gusta decir al curador de esta muestra cuando se refiere al arte académico y tradicional.

Tal como se lee en una parte del prospecto que acompaña la muestra, donde se interpela al espectador con preguntas como “¿son pinturas? ¿son esculturas? ¿son dibujos? ¿son planos?”, la respuesta está en que no hay etiquetas, nombres, ni definiciones certeras que den en el clavo. Ídem al espíritu propio de lo contemporáneo. Así es esta muestra. Y las obras que la integran, simplemente, “¡son!”.


Notas al pie:
(1) Daniela Molina, del artículo “Los límites del arte”, para ADN Cultura La Nación.
(2) Julio Sánchez, del artículo “El instinto perdido”, para ADN Cultura La Nación.
(3)Estrella De Diego, del artículo “Arte Conceptual”, para diario El País.com.

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20 de agosto de 2017 | 20:12
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