Recordando a Marcelino Champagnat

El seis de junio, se celebra la fiesta de San Marcelino Champagnat. Aquí en San Rafael no habrá clases en el Colegio Marista y los chicos junto a las autoridades de la Institución asistirán a la misa que se realizará a partir de las 8:30 en la Catedral

Este santo, es el fundador de los Hermanos Maristas y eminente educador. Nació en Francia, justo el año  1789 . Es pues, hijo de la Revolución francesa.

De ella heredó sus tres grandes legados: la libertad, que le permitió a Marcelino, expresarse con pensamiento independiente y no sumiso, sabiendo que con el disentir también se construye la verdad ; la igualdad,  que enseñó a este santo la dimensión democrática de lo religioso, el valor de la inclusión y el profundo respeto por el otro, sencillamente por ser persona. La fraternidad, en ella fundamentó la estructura de su congregación religiosa, los Hermanos Maristas, que son eso, sencillamente hermanos, entre ellos y para los otros, especialmente para los niños.

Fundador de una congregación dedicada a la educación, San Marcelino, fundamentó el éxito de la tarea educativa en tres ejes:

Pedagogía de la exigencia, porque creía que sin esfuerzo y sin el cultivo de la voluntad no es posible educar, ni instruir. Propició una educación desde el respeto, del alumno hacia su docente y de éste hacia el niño, pero no se avergonzó en reclamar límites, respeto por los horarios y firme  y persistente dedicación al trabajo. En educación, no es todo asentir; con el NO también se educa.

Pedagogía de la presencia, es decir, que para educar hay que estar presentes; a distancia, a penas se instruye. En educación el estar junto a; el dedicarles tiempo, premiar y estimular, es la clave secreta  de una buena educación. Siempre valdrá más  un beso, que un peso. La presencia paterna, materna,  del  docente es  un estímulo más significativo y perdurable que los mil regalos de cosas  que saturan, pero no emocionan.

Pedagogía de lo trascendente. San Marcelino, sacerdote, hombre piadoso privilegió la formación religiosa mediante la catequesis en las aulas; la participación en los sacramentos; la solidaridad y  la oración diaria. En una frase reiterativa resumía su proyecto educativo: formar virtuosos cristianos y honestos  ciudadanos.

Le devoción a la Virgen ocupó un lugar central en su vida y en su pedagogía. Intuyó que donde hay madre, hay amor y dedicación. La presencia de María en la pedagogía marista es eso,  certeza de presencia materna, de ternura, de seguridad. Pareciera que  Marcelino previó este mundo de hoy, en que tenemos muchos niños huérfanos con padres vivos.

Marcelino, como los santos, en poco tiempo hizo mucho. Murió en 1840,  apenas cumplidos los 51años  de edad.  Había fundado sesenta escuelas y dejaba tras sí una legión de sucesores, doscientos Hermanos maristas. Hoy, sus hijos prosiguen  su obra y carisma en los cinco continentes;  en 70 países, comprometidos en las más diversas tareas educativas: misiones, universidades, escuelas, centros de recuperación del mundo de las adicciones, etc.

 Para Marcelino, como para todos los santos, el tiempo se transforma en eternidad; la precariedad de los recursos y la corta vida no es óbice para dejar a la humanidad una gran herencia, que hoy sigue beneficiando a tantos niños y jóvenes.

Este lunes los alumnos del Colegio en San Rafael junto a las autoridaes y a la comunidad marista lo recordarán en una misa que se celebrará a partir de las 8:30 en la Catedral.
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18 de agosto de 2017 | 15:47
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