El 25 de Mayo y Arturo Jauretche

Uno de los días más emblemáticos para pensar en el ser nacional es el 25 de mayo. Lo que hemos aprendido al respecto, ¿es real o solo la historia oficial? ¿Qué diría hoy Arturo Jauretche si viera algunos de los hechos de la coyuntura que ocurren? Todo eso, analizado en esta nota.

Hoy, es uno de esos “días-careta”, una fecha ideal para “venderse como patriota”. Así, durante la semana pasada y ésta,  algunos extremistas  “nazionalistas-stalinistas”, políticos, deportistas, artistas, maestros, profesores, directores, empresarios, prestamistas, y desde ya: periodistas, pseudoperiodistas, conductores y pseudoconductores, lucirán en “celeste y blanco”.
 
No es tan grave. Es un breve romance. Son pocas fechas para “caretear” – que no es lo mismo que recordar- , siempre y cuando sean políticamente correctas: 25 de mayo, 20 de junio, 9 de julio, 17 de agosto. Una Vuelta de Obligado se complica un poco más. La jugada es más comprometedora.

¡No la olvide! Recuerde “escarapela” = “patriota”. Confunden la parte por el todo.
 

Un juego para desazonar al azonzado
 
Hoy, en lugar de utilizar una escarapela o cinta celeste y blanca, realizaremos un juego de “descolonización pedagógica”.

No se alegre. No ganará ningún premio. Pero tampoco le preguntaremos si hay dinosaurios vivos en la Patagonia.

Este entretenimiento es divertido e informativo.

Es tan sencillo que hasta el más ignorante lo comprenderá.

Es accesible hasta para el que dice: “indio” o “aborigen” a quien es nativo de este continente usurpado justamente por el que les da ese mote;  “por izquierda” a lo “incorrecto” o “ilegal”; y “negro” a “lo negativo” o “malo”. También, podrá leerlo, el presidente de Boca -Mauricio Macri- quien antes de ser político llamaba “innombrable” al hincha de River.

Ni que decir del ex técnico riverplatense, Ramón Diaz, quién hablaba peyorativamente de los paraguayos y los bolivianos por ser simpatizantes de Boca.

La lectura se le hará un tantito más compleja a los seguidores de Tinelli; a aquellos que festejaban las burlas del conductor y sus secuaces a  japoneses, coreanos, ancianos o gente con alguna discapacidad.

Un poco más sencillo, les resultará a los admiradores de Pergolini, siempre que comprendan que su progresismo y rebeldía, que incluye ser la cara de “Green Peace”, no es óbice para aceptar publicidad en sus programas de cigarrillos y alcohol, incompatibles con un mundo natural.

Pero claro, una cosa son las ideas y otra los negocios. Incluso lo entenderán hasta los que no se dan cuenta que la mujer es utilizada, manoseada  y bastardeada desde las publicidades, la moda y los teleteatros.

La mujer es la nueva “colimba”. Conserva lo clásico: “co”: corra, “lim”: limpie, “ba” barra; pero además de “limpiar-corre-barrer” debe ser: “co”: ‘consumista’, “lim”: ‘limitada’, ba: ‘banal’.

Pero advertimos, si bien el mecanismo del juego es abordable, no sucede así con el contenido.

Basta de suspenso. El juego propuesto consiste en realizar una ucronía, un viaje imaginario de Arturo Jauretche al 25 de mayo de 1810. El autor del “Manual de Zonceras Argentinas” es tan patriota que muere un 25 de mayo (de 1974). Y el 25 de mayo se supone que es una fecha patria.

¿Se capta la idea del jueguito?
 

Jauretche en la plaza o la plaza con Jauretche
 
¿Estaría el ‘forjista’ con “la gente decente” o con los “chisperos” y “manolos” de los arrabales?

¿Con las familias godas: Martínez de Hoz, Pinedo, Ocampo, Telechea, Beláustegui, Santa Coloma?

¿Con los “nueva burguesía comercial”: Rivadavia, García, Riglos, Aguirre, Escalada, Sarratea?

¿Con los hacendados: Anchorena, Lastra, Terrero, Rosas, Dorrego? ¿Hubiese Jauretche convencido al  padre de Bernardino Rivadavia, Don Benito, para que no tome la bebida purgante que le impediría concurrir al Cabildo?

O por su carácter revoltoso, ¿preferiría la compañía de los grupos de choque apostados en la esquina del Cabildo que echaban a los señorones y facilitaban el ingreso al Cabildo a los amigos de la revolución?

¿Se entrevistaría con Francisco “Pancho” Planes y le advertiría que la ‘Historia Oficial’ lo “olvidaría” por ser uno de los patriotas más combativos e irreverentes contra el poder imperante?

Y si se hubiese topado con Mariano Moreno, ¿le comentaría que en los colegios secundarios ningún profesor mencionaría el Plan de Operaciones por temor a ser retado por el dueño de la empresa educativa? ¿Le miraría con disimulo el verdadero rostro para -a posteriori- compararlo con el manipulado por la esa ‘Historia Oficial’?

¿Se hubiese detenido a observar si los asistentes a la plaza llevaban paraguas?  Pícaro y examinador, seguro recorrería algunos comercios y vería que sí existían los anecdóticos paraguas, artículos de lujo que costaban 4 reales. Pero, ... ¿quién va a concurrir a una revolución con un paraguas por temor a mojarse?

Y tal vez, si se cruzase con el saavedrista alférez de fragata y capitán de puerto Martín Thomson le preguntaría si su esposa doña  María Josepha Petrona Sánchez de  Velazco (Mariquita) aún consideraba que “nuestra gente del campo no es linda, es fuerte y robusta, pero negra”. O tal vez, por caballerosidad no se lo diría. (1)
 

Final del juego: una revisión de la semana de Mayo
 
Terminada la Semana de Mayo, recuperamos a don Arturo y lo juntamos con su epígono Norberto Galasso. Entre ambos, nos  “desazonzan” con su visión revisionista latinoamericana.

Así, nos explican que “la naturaleza de la Revolución de Mayo no ofrece dudas para la Historia Oficial: ese día nace la Patria, pues nos separamos de España iniciando nuestra vida independiente. Sin embargo, en esta breve, y en principio contundente opinión, caben ya tres interrogantes: ¿Fuimos independientes siempre, soberanos como país, desde aquella fecha hasta hoy? ¿Se nos está hablando de la Patria como entidad autónoma o meramente del uso de atributos formales como la bandera, el himno y el escudo? Si así fue, ¿por qué declaramos la independencia seis años más tarde? La Historia Oficial se desinteresa de responder a las dos primeras preguntas por estimarlas de contenido político -ajenos, según ella, a la historia y respecto a la tercera, sostiene que debimos esperar hasta el 9 de julio de 1816 porque las condiciones mundiales de mediados de 1810 no nos eran favorables. Esta respuesta resulta, sin embargo, muy débil porque las condiciones mundiales de 1816 nos eran aún más adversas que las de 1810, como lo comprende quien se informa superficialmente lo que ocurría entonces en Europa y especialmente, en España. Pero suele ocurrir que algún niño travieso  insista sobre el tema inquiriendo por qué la Primera Junta de Mayo, juró obediencia al rey Fernando VII, a lo cual la respuesta tradicional es la siguiente: los revolucionarios ocultaron sus intenciones separatistas, independentistas, para evitar ser reprimidos y simularon mantener los lazos de sumisión a España, táctica que ha pasado a la historia como ‘la máscara de Fernando VII’. Se supone que el niño queda más o menos convencido, pero esta respuesta de manera alguna podría conformar a un estudiante universitario con mediano  conocimiento de ciencias sociales. Porque resulta evidente que ninguna revolución puede enmascarar sus objetivos, ninguna dirigencia revolucionaria puede asumir el poder y declararse totalmente opuesta al objetivo que agitó durante su lucha previa, pues ello sería considerado como abierta traición por parte de los sectores sociales que se movilizaron para llevarla al poder, y se levantarían contra ella.

Supongamos que quienes integraban el Cabildo Abierto del 22 de Mayo y quienes ocuparon la Plaza histórica en esos días tumultuosos, se encontraban movidos por un decidido odio a España -como lo sostiene Mitre en su historia de Belgrano-y después de grandes esfuerzos logran la renuncia del virrey y erigen una Junta de Gobierno, pero lo primero que ésta decide es jurar lealtad al Rey de España. Seguramente, se habría producido otra reacción popular que habría arrojado a los traidores por la ventana del Cabildo. Quizá alguno intente convencernos sosteniendo que esa maniobra urdida en secreto por la dirigencia fue transmitida al resto del pueblo, con lo cual el secreto dejaba de ser tal, y el pueblo debió pensar: si no era posible declararnos independientes ¿para qué la revolución? ¿para qué entonces, poco más tarde, fusilar a Liniers, héroe de las invasiones inglesas, quien bregaba por mantener la sumisión a España? ¿Para qué tanta conmoción, si se sigue usando bandera española e incluso son españoles dos miembros de la Junta? (...) Estas dificultades para caracterizar a la Revolución de Mayo se han complicado mucho más últimamente cuando se reveló que la afirmación de Mitre de que French y Berutti repartían cintas celestes y blancas carece de toda fuente y sólo parece provenir de su imaginación, mientras que las memorias de la época afirman que repartían cintas blancas y rojas y que usaban estampitas que llevaban impresas ¡la efigie del rey Fernando VII! Es decir, que la supuesta revolución antiespañola arengaba a sus huestes con ¡la propia cara del enemigo! (...) la interpretación oficial -de Bartolomé Mitre a Halperín  Donghi, según la cual estamos en presencia de una revolución separatista, independentista, antihispánica e incluso -aunque a veces no se lo explicite-  pro-británica. Mayo tendría pues los siguientes caracteres, según esta versión:

1) La protagonista principal habría sido "la gente decente", es decir, los vecinos prestigiosos que abrieron el cauce con el Cabildo Abierto del 22 de mayo.

2) Esta gente acaudalada habría adquirido ideas de libertad, a través de los soldados británicos cuando, frustradas las invasiones de 1806 y 1807, éstos quedaron prisioneros algún tiempo en la ciudad y compartieron veladas en los salones patricios.

3) Allí nació la convicción de que era necesario romper con España pues nos imponía un monopolio comercial asfixiante y, en cambio, abrirnos al mercado mundial -bajo los principios del comercio libre- alentados especialmente por los ingleses.

4) Si bien la revolución carecía de un programa explícitamente desarrollado, sus principios fundamentales estarían resumidos en la ‘Representación de los Hacendados’, reclamando el libre comercio con los ingleses, y redactado por Mariano Moreno, un joven e inteligente abogado que asesoraba a comerciantes británicos. Este Moreno sería un liberal europeizado, antecesor de Bernardino Rivadavia y, como éste, amigo de los ingleses y partidario de importar cultura e instituciones de Europa a América.

5) El proceso revolucionario encontró un gran protector en el cónsul inglés en Río de Janeiro, Lord Strangford, altruistamente preocupado por nuestra liberación respecto al oscurantismo español.

6) Pero, más importante aún, resultó la protección que nos brindó -pocos años después- el primer ministro George Canning, merced al cual fue reconocida nuestra independencia en 1825 (...) De este modo, nacimos como Patria independiente, a través de esta revolución comandada por la elite porteña y cuyo propósito era la apertura al mercado mundial, la alianza comercial y diplomática con los ingleses y nuestro desarrollo a semejanza de Europa”. Con respecto al revisionismo nacionalista de derecha: “En general, su concepción reaccionaria los llevaba a simpatizar con la época colonial donde imperaba el Orden y la Inquisición zanjaba amablemente las discusiones filosóficas. Pero, como argentinos, no era posible condenar la Revolución y exaltar la colonia. Alguno de ellos, atisbó que se había montado una fábula más (....) pero, al indagar, debe haber retrocedido aterrado al comprobar que había demasiado de Revolución Francesa en los sucesos de Mayo (...). Prevaleció, entonces, el criterio de aceptar la versión separatista e independentista (...) con algunos retoques que complacían al nacionalismo oligárquico: 1) Insistir en que no había pueblo en los sucesos de Mayo y que el rol protagónico de la revolución lo asumió el ejercito; 2) De allí, Saavedra -en tanto militar y conservador- sería el líder. Hugo Wast lo sostiene enjundiosamente: ‘La Revolución de Mayo fue exclusivamente militar y realizada por señores/.../ El populacho no intervino/.../ Su jefe fue don Cornelio Saavedra/.../ La patria no nació de la entraña plebeya, sino de la entraña militar’.

La Historia Social tampoco se preocupó por revisar la interpretación mitrista, en actitud coherente con la admiración de Halperín Donghi y Luis A. Romero por Mitre, como asimismo por la coincidencia en los planteos porteñistas y conservadores”. (2)

Siguiendo con el ejemplo del “niño curioso”, a éste podrían quedarle algunas dudas: “Si la Revolución de Mayo no es anihispánica, ni separatista, ¿por qué motivo se jura la Independencia? ¿Por qué no seguir como una provincia española? ¿Por qué dice Galasso que las condiciones en España aún eran adversas en 1816?

Sostenemos que el detonante que lanza a los americanos a la revolución es el surgimiento del Consejo de Regencia. Moreno expresa que “la Junta Central fugitiva, despreciada del pueblo, insultada de sus mismos súbditos y con públicas imputaciones de traidora, nombró por sí sola un Consejo de Regencia sin consultar el voto de los Pueblos. (3) Los revolucionarios temen la imposición total del poder francés o el renacimiento del absolutismo español. Sin embargo, el rey cautivo sostiene que si él vuelve al trono respetaría los planeamientos de los revolucionarios de 1808. En 1812, las Cortes de Cádiz redactan la Constitución de 1812, con un marcado carácter liberal. Así, los españoles se dividen en dos grandes grupos: los absolutistas y los constitucionalistas. En 1813, Napoleón devuelve la libertad a Fernando VII. Un año después, gobierna a España. Se le exige que jure por la Constitución, pero éste -a sabiendas que existe un clima absolutista- disuelve las Cortes y anula la Constitución.

No sólo la deroga sino que prohíbe hasta  la mención de su nombre. Los liberales, lejos de resignarse a no mencionarla, se las arreglan con un ardid. Como la Constitución fue promulgada un 19 de marzo, festividad de San José, tomaron como sustitución el hipocorístico de José: ‘Pepe’. Y como la carta magna es de género femenino, lo convirtieron en “Pepa”. Finalmente, en lugar de gritar: “¡Viva la Constitución!”, lo reemplazaron por: “¡Viva la Pepa!”.

Anécdotas al margen, el nuevo gobierno se caracteriza por la persecución a las libertades y la vuelta al absolutismo. Y como colofón, Fernando VII dispone restablecer su dominio autoritario sobre América y para lograrlo por la fuerza envía sus tropas.

San Martín y Bolívar desbaratan su intento. Ante toda esta agitación, se reúne el Congreso de Tucumán que proclama la independencia de las “Provincias Unidas en Sud América” el 9 de julio de 1816.

Para Jorge Abelardo Ramos: “El levantamiento revolucionario en toda América no fue sino la prolongación en el Nuevo Mundo de la conmoción nacional de la vieja España que pugnaba por remozarse. Nuestra Revolución de Mayo, que adquiere casi simultáneamente un carácter continental, no fue un levantamiento contra España (...) No fue para desasirnos de España que Mayo nació sino para liberarnos juntos del yugo absolutista. Americanos y españoles combatieron mezclados en los dos campos” (4)

El Juan Bautista Alberdi democrático sostiene: "La Revolución de Mayo es un capítulo de la Revolución Hispanoamericana, así como ésta lo es de la española y ésta, a su vez, de la revolución europea que tenía por fecha liminar el 14 de julio de 1789 en Francia".  (5)

Manuel Ugarte dice: “En ningún caso se puede decir que América se emancipó de España. Se emancipó del estancamiento y de las ideas retrógradas que impedían el libre desarrollo de su vitalidad.

El grito que partió en 1810 de Buenos Aires y de Caracas y que determine el incendio formidable de un continente, es una prueba del empuje de nuestro conjunto, que, en los momentos difíciles, cuando siente que el aire le falta, sabe sacar de su fondo más secreto una rebelión de vida (...) el movimiento no fue un ataque a España. ¿Cómo iban a atacar a España los mismos que en beneficio de España habían defendido algunos años antes las colonias contra la arremetida de Inglaterra? ¿Cómo iban a atacar España los que, al arrojar del Río de la Plata a los doce mil hombres del general Whiteloke, habían firmado con su sangre el compromiso de mantener la lengua, las costumbres y la civilización de sus antepasados? (...)Esa era la única división que por entonces existía: la división entre dos concepciones diferentes. Unos vivían con las ideas modernas, otros con los prejuicios viejos. Y esa demarcación se hacía sentir igualmente en España y en las colonias (...) No nos levantamos contra España, sino a favor de ella y contra el grupo retardatario que en uno y en otro hemisferio nos impedían vivir(...) Si examinamos bien los hechos,  comprenderemos que la insurrección no fue al principio un grito de libertad, sino un movimiento político como el que estalló en España casi simultáneamente”. (6)
 

La Patria grande escamoteada
 
Jauretche sostiene que “las grandes líneas de la política argentina corresponden a la oposición entre Patria grande y Patria Chica. Con las variaciones de lugar y tiempo, con mayor o menor acierto, con más o menos virtudes o crímenes: las guerras de la Independencia, el Partido Federal, el Yrigoyenismo, el Movimiento de 1945 y el gobierno que originó; están en la línea de la Patria Grande (...) La Patria Chica surge de la desvinculación de nuestras patrias originariamente unidas, y sus hombres son los que presidieron y facilitaron esa disgregación buscada desde afuera”. (7) 

Para quienes se ofendan o critiquen al revisionismo, respondemos con Jauretche: “Es muy frecuente oír impugnar el revisionismo en razón de que discutir el pasado es abrir sin objeto viejas heridas. Podría contestarse a esta razón que nada hay más peligroso para la salud que el cierre en falso de las mismas, con el pus dentro (...) Lo de ‘ahora’ no se puede resolver sin primero entender ‘lo de antes’”. (8)


Fuente: Tribuna de Periodistas 

Citas bibliográficas

1.Sánchez de Thomson Mariquita. "Recuerdos del Buenos Aires Virreynal", Ene Editorial, 1953, p. 65.

2.Galasso Norberto. “La Revolución de Mayo y Mariano Moreno”. Cuadernos para la Otra historia. Centro Cultural Enrique Santos Discépolo. Buenos Aires. 1999. pp. 3, 4, 7, 8 y 11.

3. Galasso Norberto. “Mariano Moreno. El sabiecito del sur”. Ediciones del Pensamiento Nacional. Ediciones Colihue. Buenos Aires. 1994. p. 13.

4. Ramos Jorge Abelardo. “Las mazas y las lanzas”. Hyspamérica. Buenos Aires. 1986. p. 24 y 25.

5. Alberdi Juan Bautista. “Mitre al desnudo”. Editorial Coyoacán.  Buenos Aires. 1961. p. 28.

6.Ugarte Manuel. “La Patria Grande. Mi campaña hispanoamericana”.  Ediciones de la Patria Grande. Casa Argentina de Cultura. México. 1990. pp. 79, 80, 81 y 82.

7. ND. Nueva Dirección en la Cultura. “Basta de Zonceras”. Buenos Aires. 2002. s/numeración.

8. Jauretche Arturo. “Política Nacional y Revisionismo Histórico”. Peña Lilio Editor. Buenos Aires. 1959. p. 10.
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