Tarta de cebolla morada y queso

La cebolla, una de las primeras plantas cultivadas, es un alimento que debe ser incluido definitivamente en nuestra dieta. Además de sus muchas propiedades beneficiosas para el organismo, es económica -durante las épocas de extrema pobreza, la gente se mantenía con "pan y cebolla"-. Te enseñamos a preparar una tarta riquísima para aprovechar los vistosos ejemplares que se lucen en las verdulerías.

Por Revista Clubhouse

Tarta de cebolla morada y queso

Ingredientes:

Para la masa
• 
200 gr de harina 0000
• 100 gr de manteca
• 30 gr de azúcar- 1 pizca de sal
• 1 huevo

Para el relleno
•
 4 cebollas moradas
• 1 cucharada de aceite
                                                     • 250 gr de queso cremoso o mozzarella
                                                     • 1 puñado de albahaca fresca picada
                                                     • 250 cc de crema de leche
                                                     • 3 huevos
                                                     • ½ taza de queso tipo parmesano rallado
                                                     • sal y pimienta fresca

Elaboración:

A esta crujiente masa, se la llama “masa quebrada”, y como su nombre lo indica, es una masa que al morderla se quiebra en nuestra boca. ¡Riquísima! En este caso, le agregamos un toque de azúcar, que combina a la perfección con el queso y la cebolla, si no sos amante de los sabores agridulces, podés eliminarla de la receta.

La técnica es bastante simple, pero es importante seguir los pasos al pie de la letra para que salga perfecta. Ajustate el delantal y… ¡a cocinar!


Se coloca la harina en un bol, se le incorpora el azúcar y la sal y se mezcla con una cuchara de madera. Se agrega la manteca bien fría (¡ojo! esto es indispensable para que la masa salga bien) y cortada en cubitos. Se trabaja la mezcla con la punta de los dedos como “desmenuzando la manteca” hasta que se formen grumitos y una consistencia arenosa.

Se agrega el huevo y, con una cuchara de madera, se trabaja la preparación hasta que se forme una masa. Es importante que a esta mezcla no la amases, sino que simplemente la unas. Si después de agregar el huevo la masa no se une, le podés agregar una o dos cucharadas de agua fría. Una vez formado el bollo, se envuelve la masa en papel film y se lleva 10 minutos a la heladera para que repose.


Pasado ese tiempo, se retira la masa de la heladera. Se estira (con cuidado y amor) con un palote, sobre la mesada enharinada y se coloca sobre una tartera (no hace falta que esté enmantecada, porque la masa ya tiene lo suyo). Se coloca la tartera en la heladera hasta que al tocar la masa esté bien fría y firme (esto va a ayudar a que cuando llevemos la tarta al horno la masa no caiga derretida, y vos con ella).


Mientras, se prepara el relleno. Para esto, se corta la cebolla en pluma (en tiritas muy finitas). Se coloca en una sartén junto con una cucharada de aceite de oliva o de girasol, un poco de sal y se lleva a fuego mínimo. Se cocina revolviendo frecuentemente para que la cebolla no se dore, hasta que esté tierna y luzca transparente. Si notás que la cebolla todavía está muy crujiente, pero se ha comenzado a dorar de más, agregá a la sartén un chorrito de agua y seguí cocinando.


Aparte, se baten ligeramente los huevos con la crema de leche, el queso rallado, sal y pimienta.

Se retira la tartera de la heladera y sobre la masa se acomodan las cebollas, el queso cremoso cortado en cubos y la albahaca. Al final, se vuelca el batido de huevos y crema de leche.


Se lleva a horno precalentado y se cocina a temperatura media durante aproximadamente media hora o hasta que la superficie esté doradita. Se retira del horno y se sirve caliente o tibia, ¡como más te guste!

Datos útiles:

• Si te da “fiaca” hacer la masa casera, usá una comprada. Elegí para esta receta la masa más sequita, tipo criolla.

• La masa quebrada también se puede hacer en procesadora. Se ponen todos los ingredientes menos el huevo, se procesan, se agrega el huevo y se procesa nuevamente hasta que se forme un bollo que se separe de las paredes del vaso de la procesadora. Fácil, ¿no?

• Si te resulta muy difícil estirar la masa con un palote, la podés acomodar con los dedos, cuidando que quede pareja en todos lados para que no queden esquinas crudas.

• Es indispensable que cuando estires la masa sobre la mesada, la vayas moviendo en forma permanente para asegurarte que no se pegue. Una vez estirada, la podés enrollar en el palote para pasarla a la tartera y, si se rompe, ¡no temas! Apretá  fuerte con los dedos para unirla y problema resuelto.

Versión light

A mi las versiones “gorditas” me encantan, y sobre todo para invierno. Sin embargo, si estás cuidando la línea, te paso unos tips. Podés reemplazar la crema de leche por leche descremada o por un pote de queso crema dietético, el queso cremoso por queso magro, no utilizar aceite para cocinar las cebollas, sino simplemente un poco de agua y vas a obtener una tarta más liviana.

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Por Sandra Calvete
Coodinadora Académica, Escuela Argentina de Sommeliers

Maridaje:

La cebolla es uno de los componentes más difíciles de maridar, su sabor fuerte hace que cualquier vino pase desapercibido, pero en combinación con la materia grasa que otorga la masa y el queso, vamos a lograr suavizar su sabor.


La propuesta de maridaje es un vino blanco con muchos aromas que se van a destacar, logrando así un equilibrio con la tarta. Aconsejo elegir  un varietal como un Chardonnay que haya pasado por barrica, que aparte de su excelente carga aromática, nos va a ceder en boca untuosidad que va a armonizar con los otros ingredientes de esta receta.

Por lo general este varietal en su proceso de vinificación, realiza lo que se denomina una fermentación maloláctica y, como consecuencia, se obtienen vinos mucho más untuosos y con descriptores familiarizados con la manteca y a veces con el queso o crema.

Sigan imaginando y jugando con sus sentidos para experimentar en cada ocasión sus preferencias y maridajes.



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