La trama íntima en los diarios de Susan Sontag

El primer volumen de los diarios íntimos que la escritora y ensayista norteamericana Susan Sontag (1933-2004) comenzó a redactar a los 14 años y mantuvo a lo largo de casi toda su vida fueron editados en la Argentina bajo el título de “Renacida”.

En la obra, publicada por Mondadori, la autora de “Contra la interpretación” narra el descubrimiento adolescente de sus deseo hacia las mujeres y revela las dos relaciones profundas que mantuvo de joven adulta: con Harriet Sohmers Zwerling (con la cual viviría después una intensa relación en París en 1957) y con la dramaturga María Irene Fornes.

“La poesía debe ser exacta, intensa, concreta, significante, rítmica, formal, compleja", "Los amores perfectos son los ilícitos" o "Probar una ciudad desconocida es como probar un vino diferente", son algunos de los conceptos que Sontag desgrana en su diario personal.

“Renacida. Diarios tempranos (1947-1964)” fue compilado por su hijo, David Rieff, quien tras la muerte de su madre empezó a organizar el material que había escrito la autora de “Sobre la fotografía” y debió sortear un dilema acerca si era correcto dar a conocer los escritos que ella había guardado con tanto celo.

“Afirmar que estos diarios son reveladores es un drástico eufemismo. Uno de los principales dilemas en mi decisión de publicarlos ha sido que, al menos en la última etapa de su vida, mi madre no fue en ningún sentido una persona proclive a la confidencia”, indica Rieff en el prólogo.

“En particular evitaba hasta donde le era posible, sin negarla, toda referencia a su homosexualidad o todo reconocimiento de su propia ambición. Así que mi decisión sin duda viola su intimidad. No hay otra manera de describirlo con imparcialidad”, explica el editor.

Ensayista, novelista, Premio de la Paz de los libreros alemanes, Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2003, Sontag fue una de las intelectuales más implacables e inconformistas del siglo XX.

La autora tenía quince años cuando escribió que se sentía caer en un precipicio: "Todo lo que siento, en lo inmediato, es una angustiante necesidad de amor físico y de compañía mental", una sensación que según sus diarios se hace extensiva quince años después, cuando testimonia "Tengo la cabeza agotada y el corazón dolorido. ¿Dónde está la paz, dónde queda el centro?".

La intelectual se describe como una mujer atrapada por el imperativo del deseo ajeno -"la compulsión a ser lo que la otra persona quiere"- y elige denominar “X” a esa pulsión irrefrenable: "El origen de X es que desconozco mis propios sentimientos", asegura la escritora que inició su carrera literaria en 1963 con la publicación de la novela “El benefactor”.

A partir del reconocimiento internacional de sus ensayos reunidos en “Contra la interpretación” (1966), se consolidó como una de las máximas figuras de los movimientos intelectuales de los años sesenta.

Desde entonces su prestigio no hizo más que aumentar, tanto por sus obras como por su participación en los grandes problemas sociales y políticos contemporáneos.

El descubrimiento y la aceptación de su homosexualidad está muy presente en este primer tomo del diario, que abarca desde los catorce años hasta que, ya bien cumplidos los treinta, publica “El benefactor”.

La primera anotación del volumen enumera las cosas en las que cree: “que no hay un dios personal o vida después de la muerte” y “que lo más deseable en el mundo es la libertad de ser uno mismo, es decir, la honradez”.

También hay lugar para las expresiones de corte aforístico: “Comprender el mundo es verlo alejado de los propios sentimientos”, “El costo de la libertad es la infelicidad” o “La bondad no es una virtud, ser bondadoso es tratar a los demás como inferiores”, sólo por citar algunas.

Una única anotación alude a su breve matrimonio con el profesor de Sociología Philip Rieff, del que nació David: “Me caso con Philip con plena conciencia + temor a mi voluntad de autodestrucción”, escribe el 3 de enero de 1951, única alusión al tema durante los dos años posteriores a la boda.

Un apunte realizado en marzo de 1963, resulta categórico para definir la escala moral de Sontag, fallecida el 28 de diciembre de 2004 como consecuencia de un cáncer: “Querer más la verdad que querer ser buena”, escribe por entonces fijando las bases de lo que será su trayectoria vital literaria hasta el momento de su muerte.
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