Hacedor de empresas

A Renzo Sottimano se lo puede describir como emprendedor y la palabra quizás no alcance a decirlo todo. Hace algunos años vio en Mendoza una oportunidad y dejó su Italia adoptiva para radicarse y crear empresas, invirtiendo sus capitales y los de otros inversores europeos. Un sanjuanino que ama trabajar responsablemente y cuidar el medioambiente. También podés leer esta nota en la edición n°76 de Revista Club House.

Suena el teléfono celular un par de veces pero con gran cortesía hacia el periodista Renzo no atiende, la tercera aprieta el botón verde. En perfecto italiano, mejor que nativo, se despacha con algunos datos para su interlocutor al otro lado de la línea. “Este llamado era importante” dice y pide las disculpas correspondientes, “sabés, todo el mundo piensa que soy italiano, pero yo soy de San Juan, lo que pasa es que llevo tantos años allá que al volver la gente se confunde”. Su frase suena más a “yo soy de aquí, pero también de allá”. Más adelante en la conversación cuando cuente que viajó por casi todo el mundo creando empresas para sus clientes y nombre los cinco continentes la apreciación cambiará a “es un hombre del mundo, esos que se sienten parte de todos lados”.
 
Renzo Sottimano es planificador financiero, no llegó a recibirse en Argentina pero en Italia realizó numerosos masters, cursos y posgrados que lo calificaron para trabajar en 35 bancos y decenas de grandes empresas de Europa y realizar una prolífica actividad como profesional independiente en Italia y Suiza.

Su historia no es la de tantos argentinos que vuelven porque extrañan o porque fracasaron. Al contrario es la vuelta de un “italiano” que llegó para invertir sus capitales y los de algunos asociados en esta tierra, en este “mercado emergente”. “Mi entusiasmo por volver se debe a un amigo que me consultó que quería abrir una empresa en este país, tanto analicé que me interesé en hacer inversiones propias. Elegí Mendoza por ser una ciudad en crecimiento, con un desarrollo industrial importante y su salida al pacífico. Hicimos algunas pruebas de inversión y tuvimos grandes problemas al principio porque aquí la palabra no existe. Esto precipitó mi radicación definitiva en Mendoza para seguir de cerca las inversiones”. Junto a su socia italiana fundó en Mendoza Consultora Portofino y Domus Laonica. En cuanto a la decisión de venir aclara, “En 1998 tuve algunas inquietudes sobre los mercados financieros que empezaban a tambalear con la caída de Enron y en el 2001 con la caída de las Torres se confirmó esta percepción”.

Sus proyectos en Mendoza son variados y numerosos, es como él dice “un creador de empresas”. En estos pocos años se pueden enumerar: las torres Romeo y Giuletta, el complejo de departamentos en calle Perito Moreno, la fábrica Italtec. Además está trabajando en el primer country industrial de Mendoza y en la Torre Marco Polo con helipuerto, el primero en Mendoza y uno de los primeros del país.

Hace muy poco adquirió la casa Giol en calle Agustín Álvarez donde tendrá sede la fundación Hipocampo para la formación de nuevos empresarios y asesoramiento a inversores extranjeros “para que no les pase lo que me sucedió a mí”, aclara.

Renzo se define como un ecologista y “un gran defensor de los animales, si bien no estoy cercano a ninguna organización en particular”. Consecuente con esta forma de ver el mundo adquirió campos en Potrerillos sobre la costa norte del perilago en los que piensa desarrollar un negocio de turismo ecológico “para preservar flora y fauna y salvaguardar el medio ambiente” aclara.

En el tema medioambiente “sufro ver que la clase política dirigente no educa al pueblo sobre la mugre en el medio ambiente. Hace falta una cultura de higienización de la ciudad y cambio de la mente de las personas”.
 
Su apreciación sobre el empresariado local es muy definida y clara, “veo al mendocino como un gran emprendedor quizás por su alta composición italiana, pero no se integra y se queda en su quintita. No comprenden el largo plazo, pero no es culpa del empresario, es por una economía marcada por lo que paso donde todo se caía rápido. Pero en general es muy bueno”.

Algo poco habitual es que un empresario con capitales extranjeros no evalúe una inversión en el mercado vitivinícola, “Yo soy un empresario que no va a invertir en vino. Quizás uno de los pocos”. Y cierra “seguiré creando empresas, en el rubro que más me siento cómodo”.

 
 
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