Di Benedetto: envidiado por Borges, Piglia y Saer

En un volumen especial que cuenta con tres novelas, nos presenta por fin a este reconocido escritor mendocino que murió en 1986. Definido por sus pares como "un cazador de búfalos" al acecho de los suculentos limpios premios literarios.

El diario El Mundo publica una nota explicando porqué grandes autores tenian una especie de amor y envidia hacia este fantástico escritor mendocino.

El chileno Roberto Bolaño le rendía un homenaje cifrado en 'Llamadas telefónicas'. A través del personaje de Sensini, del cuento homónimo, lo describía como "un cazador de búfalos" al acecho de esos suculentos e inexplicablemente limpios premios literarios de provincias de antaño que se agostaba en una absurda e injusta espera. La espera de un miserable exilio español que resistía sin hacer concesiones al austero amparo de la escritura y que acabaría haciendo mella en su delicada salud.

Ahora, tantos años después, la editorial El Aleph publica en un solo volumen tres grandes novelas del postergado escritor argentino. La 'Trilogía de la espera' llega a las librerías y descubre la figura extraña de un escritor admirado y envidiado por Borges, Bolaño y Piglia, entre otros.

En realidad, el declinar físico de Antonio Di Benedetto (Mendoza, 1922 - Buenos Aires, 1986) había comenzado poco antes, el 24 de marzo de 1976, el mismo día del golpe de Estado de la Junta Militar en que fue encarcelado. Durante su año y medio de detención padeció la tortura y cuatro simulacros de fusilamiento, cosa de la que jamás se repondría.

El encarnizamiento que demostró los militares con aquel periodista, guionista y crítico de cine que se paseaba por las alfombras rojas de los festivales internacionales, con el escritor que ya recibía premios y becas del extranjero, resultaba inexplicable tratándose de un hombre conservador de convicciones liberales (lo que hoy llamaríamos de centro derecha) absolutamente desconectado de la lucha armada. Puede que el excesivo celo profesional de Di Benedetto, por entonces director del periódico 'Los Andes', lo convirtiera en un blanco prioritario de los militares.

Lo cierto es que el Nobel Heinrich Böll abogó por su liberación y el escritor partió hacia el amargo exilio en España. Di Benedetto murió en la capital argentina, a poco de su regreso a Argentina tras la apertura democrática; y, sin embargo, continuó esperando. Esperando vulnerar el incomprensible olvido en el que había caído su obra y a que la posteridad saldara la deuda que había contraído con su afilada y lacónica prosa.

Esa espera comenzó a deshilacharse en su tierra durante la última década. Con la reedición de toda su obra, el postergado escritor fue recobrando poco a poco su merecido lugar central en el canon de la narrativa argentina. Entre otras cosas, por la vindicación de escritores como Ricardo Piglia y Juan José Saer, pero también a raíz de la atenta relectura de 'Zama', su primera novela, integrada en el coherente y sólido conjunto de toda su obra, en unas jornadas de homenaje en la Biblioteca Nacional.

Momento culminante

Traducida rápidamente a varios idiomas y novela de culto prácticamente desde su publicación (1956), 'Zama' está considerada hoy fuera de toda discusión como uno de los momentos culminantes de la literatura en lengua española del siglo XX. Sin embargo, durante varias décadas fue percibida como una genialidad aislada e irrepetible, fruto del azar de un escritor primerizo. "Un genio del lenguaje", como lo define Vila-Matas, cuya "prosa parecía venir de ninguna parte y estar escrita para nadie".

La novela narraba las kafkianas y por momentos oníricas vicisitudes de Diego de Zama, un desamparado funcionario colonial del siglo XVIII perdido en un indeterminado y hostil confín americano que aguardaba de la metrópoli la orden de traslado que jamás llegaría. Pero bajo ese engañoso embalaje de novela histórica, Zama no sólo planteaba un originalísimo transplante al suelo americano del existencialismo francés, sino que se adelantaba varios años al objetivismo del 'nouveau roman' y encima parecía surgida de la pluma de un ignoto Juan Rulfo del Cono Sur.

Sin embargo, Di Benedetto repitió o incluso superó esa proeza en varias ocasiones y no sólo en las distancias largas. También escribió relatos magistrales como 'Caballo en el salitral', 'El juicio de Dios' o 'Aballay' (reunidos en 2006 en la edición argentina de sus 'Cuentos completos') que en su momento cautivaron a Borges y a Cortázar. Pero una inexplicable maldición relegó a las sombras el resto de su obra y el escritor se convirtió paradójicamente en un destinatario más de su dedicatoria de Zama: "A las víctimas de la espera".

Una espera que parece ahora llegar a su fin con el reconocimiento la enorme dimensión y, sobre todo, de la unidad del conjunto de su obra, no sólo de 'Zama'. Deuda que la posteridad salda con Di Benedetto incluso en la ingrata tierra del exilio, porque El Aleph publica por primera vez en España reunidas en un solo volumen titulado 'Trilogía de la espera' sus novelas mayores: 'Zama' (1956), 'El silenciero' (1964) y 'Los suicidas' (1969).

Juan José Saer fue el primero en percibir la secreta unidad temática y estilística de los tres libros y así lo explicó el escritor desaparecido en un breve y contundente ensayo fechado en 1999 en París que se incorpora a la 'Trilogía' a manera de prólogo.

Escritas en primera persona, las tres novelas brindan sin resistencia a una lectura continua como si se tratara de un soliloquio ininterrumpido que arranca con la soledad metafísica de un funcionario colonial hasta desembocar en las reveladoras disquisiciones de un periodista que sólo espera la muerte, como cualquier mortal, mientras investiga un extraño brote de suicidios y traza un inventario razonado de las circunstancias que legitiman la muerte por propia mano. Enlazados ambos relatos por con la anónima voz del "hacedor de silencio" (como solía referirse Di Benedetto al neologismo que acuñó para titular su novela), un hombre que sólo ansía aplacar la tortura de la espera huyendo del enajenante ruido del mundo.

Una fuga tan absurda e imposible como justificada y comprensible. "Bailar no sé, nadar no sé, beber sí sé. Coche no tengo. Prefiero la noche. Prefiero el silencio". Así cerraba Di Benedetto 1968 un breve texto autobiográfico para una publicación alemana. Y al silencio finalmente lo conquistó con frases cortadas a cuchillo, con párrafos más breves que un suspiro, con un uso extraño (casi se diría anómalo) de verbos pronominales e intransitivos, con la herida constante de la elipsis. En definitiva, con el laconismo de un estilo único e inimitable. Se trata del silencio de una prosa más enfática que un grito cuyo sentido no hace otra cosa que ahondarse con cada nuevo lector.

Fuente Diario El Mundo.
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9 de Diciembre de 2016|20:53
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