Pequeños relatos para una gran historia

En "Historias mínimas de nuestra historia" la investigadora Ema Cibotti reúne crónicas breves que recrean la trastienda del período 1853-1930 y dejan al descubierto las pulsiones de un ciclo decisivo en la construcción de la identidad nacional.

Historias mínimas de nuestra historia, de Ema Cibotti. Buenos Aires, Aguilar, 2011. 304 páginas.

Hay una Historia con mayúsculas, apuntalada por batallas épicas, gestas revolucionarias y pujas de clase que la bibliografía clásica se ha encargado de difundir -y mitificar- durante décadas.

Pero está también la otra historia, la que recupera fragmentos casi domésticos que dan cuenta de cómo la macroestructura ha dejado su huella en la biografía personal de cada antepasado.

Sobre esta variante basada en la "singularidad" trabaja desde hace varios años Cibotti, que después de títulos como "Sin espejismos" y "Queridos enemigos" redobla su apuesta al género de la microhistoria con una obra -recién presentada en la Feria del Libro- que testimonia el fenómeno de la inmigración y el oscilante proceso de construcción de la identidad nacional.

"El período que va de 1880 a 1930 es constitutivo para la historia argentina. No sólo desde el punto de vista colectivo sino también personal -explica Cibotti-. La historia de muchos argentinos que como yo rondan los cincuenta hunde sus raíces hasta principios del siglo XX como mínimo, cuando no lo sobrepasa y se va a las últimas décadas del siglo XIX".

"Historias mínimas de la historia argentina", editada por Aguilar, abarca un lapso temporal que arranca con la redacción de la Constitución Nacional y termina con el primer golpe de Estado de la historia argentina, aquel fatídico 6 de septiembre de 1930 en el que José Félix Uriburu derrocó al entonces presidente Hipólito Yrigoyen.

"Quise recorrer este período de tiempo metiéndome en situaciones y experiencias de personas de la época que pudieran dar cuenta de cómo fueron viviendo ese tránsito hacia un país que se estaba construyendo e institucionalizando, un país que pasó sin escalas del optimismo por el modelo agroexportador a esa suerte de sentimiento nostálgico y desencajado que derivó en el golpe cívico militar del 30", apuntó la autora.

Los pormenores de la redacción de la Constitución -cuyos artífices cobraron sueldos módicos y con retraso-, el boom de ventas que significaron las sesenta ediciones de Anagnosia (un libro escrito por Marcos Sastre que prometía enseñar a leer y escribir en dos meses) y los destinos de la excluida población negra, son algunas de las cuestiones que aborda el libro.

Cibotti se vale de cartas, crónicas y documentos de distinta índole para reconstruir una época que obró como disparadora de conductas recurrentes en la sociedad argentina, desde la abrupta alternancia de momentos de euforia social con otros de gran desencanto hasta la adhesión -tácita o implícita- a un cambio de orden político para luego renegar de sus consecuencias.

"Quise llegar al derrocamiento de Yrigoyen por varias razones, en especial porque constituye una bisagra. Casi se podría decir que el siglo XX para la Argentina empieza recién en vísperas del golpe del 30", indica.

"Estamos por esos años frente a una sociedad que se va descubriendo y amalgamando, que muta de forma pero que al mismo tiempo es extraordinariamente dinámica y se mezcla", agrega.

"Es imposible no reconocer que la Argentina estuvo formada por elites muy seguras, con poleas de transmisión muy firmes con el resto de la sociedad. No les ahorro críticas en otros planos, pero es indudable que estas elites tenían un grado de consenso muy fuerte con la educación y formación de todo el conjunto de la sociedad", asegura Cibotti.

A la historiadora le resulta revelador el abrupto cambio en la percepción que media entre la ilusión agroexportadora y el advenimiento de la crisis mundial que tendrá su impacto en la sociedad argentina.

"En la década del 10 todo el mundo estaba contento con el modelo agropecuario exportador. Es más, hasta avanzada la década del 20 todavía se detecta a una sociedad que está convencida de que la Argentina va por un camino venturoso", dijo.

"De golpe, se avecina la crisis de 1929/30 que cae como un rayo en una mañana de sol y todo se desmorona. Entonces ahí aparece la idea del desencanto y la nostalgia. Cuando empezamos a vernos en esa zigzagueante oscilación a lo largo del siglo XX con respecto a nuestras apuestas políticas e ideológicas nos reconocemos muy bien como sociedad en ese momento crítico de una sociedad que aclama a Uriburu contra el llamado clan radical", señala.

En su libro, Cibotti realiza dos operaciones simultáneas que avanzan en su propósito de reformular el rol tradicional del historiador y sumar adeptos a la tarea divulgadora: por un lado entrecruza la pequeña historia con la gran Historia, pero también el relato biográfico con la memoria colectiva.

"Mi trabajo apunta a la complejización de la divulgación histórica. Me gustaría que a partir del libro, a la gente se le dispare la curiosidad por preguntarse ella misma sobre su historia personal y familiar, por su autobiografía", señala la autora.

"La memoria es como la argamasa que suelda nuestra experiencia temporal -definió-. Nosotros tenemos experiencia del tiempo porque tenemos memoria, sino no entenderíamos nada. Uno podría decir que va al pasado para recuperar la memoria".

"Pero para comprender la historia se necesita algo más. Está relacionado con otras operaciones cognitivas vinculadas a aceptar la paradoja, lo contradictorio y tener cuidado de no caer en relaciones anacrónicas", apunta Cibotti.

Fuente: Télam

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