Rosa Montero: "El hombre hace todo en contra la muerte"

A partir de una historia que vincula elementos de la ciencia ficción y la novela negra, la escritora española reflexiona sobre la angustia ante la muerte, la pasión amorosa y el carácter arbitrario de la memoria, tan sólo algunas de las cuestiones que aborda su obra "Lágrimas en la lluvia".

Bruna Husky es una detective que en la agitada sociedad de 2109 debe esclarecer la muerte de una serie de replicantes que enloquecen sin causa aparente: ella también pertenece a esta especie surgida de un laboratorio, aunque su amor feroz por la vida y la angustia ante su muerte -cuya fecha conoce de antemano- no marcan diferencias con el devenir de cualquier humano.

La heroína que la autora de "La hija del caníbal" y "La loca de la casa" eligió para su nuevo libro -editado por Seix Barral- está inspirada en el film "Blade Runner": de un fragmento de la obra dirigida por Ridley Scott, aquel en el que un replicante aceptaba su fin y asumía que todos sus recuerdos se perderían "en el tiempo como lágrimas en la lluvia", proviene justamente el título.

"El principal tema del que trata la novela es la mayor tragedia del ser humano que consiste en venir a este mundo llenos de pasiones y deseos para luego ser devorados por la muerte en un soplo", adelantó Montero a propósito de una obra que también habla sobre la identidad, la memoria y el poder.

- Su última incursión en la ciencia ficción data de hace 21 años, cuando publicó "Temblor" ¿Cuáles fueron los disparadores para regresar a un formato que no transita habitualmente? 

 - Esta novela es un poquito anómala dentro de mi producción, ya que todos mis libros nacen de una imagen surgida de mi cabeza con la misma autonomía con la que uno sueña por las noches sin poder controlar el contenido de las imágenes. Las novelas nacen del mismo lugar del inconsciente que esos sueños: son sueños diurnos. Pero en este caso, por primera vez en mi vida, quería regalarme un libro que fuera como un mundo literario. A punto de cumplir los 60, pensé en regalarme un mundo y unos personajes coherentes y constantes, un libro que funcionara como una celebración del placer de escribir y del placer de leer. Quería recuperar esa libertad absoluta con la que escribía cuando tenía veinte años, todavía no publicaba y por lo tanto no tenía ni la presión de la crítica ni de la mirada de los otros.

- ¿Qué relación entabla un escritor con la verdad cuando opta por este género?

- La ciencia ficción es muy exigente en cuento a rigor interno, todo lo contrario del relato maravilloso, que a mí personalmente no me gusta ni como escritora ni como lectora. No comulgo con eso de empezar una historia diciendo "Y ese fue el día en que empezaron a llover ranas", porque a partir de ahí puedes incorporar cualquier elemento delirante y todo da igual. Por el contrario, la ciencia ficción te obliga a una coherencia impresionante. Hay que ser muy exacto, verosímil y preciso en la construcción del mundo que narras. Todo tiene que encajar como un rompecabezas. A mí esos juegos me encantan, de hecho todas mis novelas son muy arquitectónicas. El lector debe sentir que ese mundo es tangible y real... y eso exige un esfuerzo de creación. Esta novela, aunque transcurre en el año 2109, es una de mis obras más realistas porque se preocupa por las menudencias más ínfimas de la vida cotidiana. Creo que he imaginado un mundo muy próximo a lo real.

- La idea de finitud genera angustia pero ¿en qué medida no ha resultado un motor para la historia individual y social?

- Todo lo que hace el ser humano lo hace contra la muerte, y eso incluye desde levantar imperios financieros, invadir el país del vecino hasta hacer el amor y escribir un libro. En ese sentido, los novelistas tenemos una conciencia más precisa del paso del tiempo, nos cuesta más olvidarnos de que somos mortales. El ser humano en general trata de vivir como si fuera eterno. Esa conciencia crítica de ser mortal te da una percepción más intensa de la vida. Yo la he tenido desde chiquita... me recuerdo a los 12 años diciendo: "Mira Rosita qué tarde tan bonita, qué parque tan precioso. Tienes 12 años, no los va a tener nunca más, así que disfruta el momento". La obsesión por el tiempo -que se puede pagar con una cierta cuota de angustia- también tiene el premio de desarrollar una hambruna de vida, una capacidad para disfrutar todo de manera muy intensa.

La sed de vivir es un rasgo muy claro en Bruna Husky, la protagonista del libro y a su vez el personaje más cercano a mí que haya escrito alguna vez. Tiene esa especie de desesperación ante la muerte: la odia, la detesta. Le parece un fraude venir a esta vida tan hermosa para luego desaparecer un día. Ella va a contramano de muchos humanos que pasan por el mundo como maletas, afines a aquella famosa frase de John Lennon: "La vida es aquello sucede mientras nosotros nos ocupamos de otra cosa".

- La protagonista porta un pasado diseñado en laboratorio, una memoria artificial. Esta particularidad le sirve para retomar su reflexión sobre el carácter arbitrario de la memoria, sobre los componentes ficcionales que sobreviven en todo acto de recodar...

- El de la memoria y la identidad es uno de mis temas fundamentales. La identidad se basa en la memoria y nuestra memoria -la de todos los humanos- es una mentira, un invento. Creemos que recordamos las cosas pero en realidad las vamos reelaborando constantemente, siempre las cambiamos sobre la marcha. A propósito, Roland Barthes dice: "Toda ficción es autobiográfica y toda biografía es ficción".

- La novela está situada un siglo por delante del actual y ofrece un escenario algo apocalíptico, pero no necesariamente desesperanzador: la idea de que el próximo siglo sigue siendo tan injusto como éste nos lleva a pensar que, en definitiva, la Humanidad avanza a pesar de todo...

- Sí, el mundo que se ve a través de mi novela deja un balance positivo. Si a alguien de 1909 le hubieses explicado todo lo que esperaba -las dos guerras mundiales, el nazismo, el stalinismo, la bomba de Hiroshima...- se habría quedado espantado. Pero en el siglo XX se ha alcanzado el Estado del bienestar, también ha habido muchísimos avances en los derechos humanos y la consolidación de la democracia, entre otros.

Fuente: Julieta Grosso / Télam

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