El Barça festejó ante el Madrid y está en la final

Barcelona y Real Madrid salían por cuarta vez a la cancha en el último clásico en 18 días. No era un partido más: definía quien ocuparía un lugar el 28 de mayo, en Wembley, en la final de la Liga de Campeones. Con un campo de juego muy pesado, por el mal clima que castigó con fuerza la ciudad de Catalunya pero que se transformó en llovizna al momento del partido, el más perjudicado iba a ser el Real.

Tras el 2-0 en Madrid, el equipo de Guardiola recibía con tranquilidad a un rival que no contaba con Mourinho en el banco por una suspensión que además le impedía comunicarse con su asistente Karanka, quien ocupaba su lugar como DT en el Camp Nou. Eso sí, el portugués dio su última indicación antes de que el grupo abandone el hotel Rey Juan Carlos I: Gonzalo Higuaín iba a ser el acompañante de Kaká y Cristiano Ronaldo desde el arranque del partido. Otros dos argentinos habría en cancha desde el inicio, pero en el equipo de enfrente: Javier Mascherano –nuevamente en la defensa- y, lógicamente, Lionel Messi.

Aunque salió decidido a presionar, esa actitud combativa ante cada salida del Barcelona sólo le duró cinco minutos al Real. Y sólo le duró esos escasos minutos porque el Barcelona recuperó la pelota y en ese terreno dominó a su antojo. Primero con un juego desprolijo en el que se destacaron sus volantes, siempre dispuestos a bajar para dar una mano a la defensa en las pocas oportunidades que tuvo el rival. Y luego con un mejoramiento en las asociaciones entre los de arriba, donde se destacó –como en la ida- Lionel Messi.

Pintaba auspicioso el juego del Real y esa actitud de pelear cada pelota que no había tenido una semana atrás en Madrid. Sin embargo, se esfumó muy rápido, también por la mejora en el juego del local. Messi apareció a los 13 minutos para tener su primera intervención gravitante: la primera amarilla para el Madrid. Fue tras una falta de Carvalho en la mitad de la cancha, quien menos de quince minutos después reapareció con una nueva falta sobre la Pulga que debió haber sido amarilla y consecuente roja. El árbitro lo perdonó, como lo perdonó el Barcelona al Real durante todo el primer tiempo, en el que no se sacaron ventajas.

Fueron siete remates al arco los que tuvo el equipo de Guardiola en esa etapa inicial, muchos de los cuales tuvieron como protagonistas a Messi, de un lado, y a Iker Casillas, del otro. El arquero se lució y, ante una defensa que no lo ayudaba de mucho, apareció en momentos clave, como fueron los últimos diez minutos en los que el Barcelona arremetió con fuerza contra su arco y pudo haber logrado la ventaja. Como a los 31 minutos cuando tras una jugada de Villa y Xavi, Messi recibió la pelota y probó al arco encontrando bien parado al capitán de la selección española, quien contuvo en dos tiempos.

A los 33, Messi volvió a probar, esta vez con un zurdazo cruzado que se fue apenas afuera. Un minuto después, el rosarino se la robó a Diarra en el medio y encaró hacia el área, donde la abrió para Villa, quien probó con un derechazo abierto y a colocar en el segundo palo que sacó Casillas con la mano derecha. Casi en el mismo instante, Pedro intentó batir al arquero del Real con un remate desde afuera que se fue desviado, mientras que a los 36 minutos el Barcelona dejó evidenciados los graves problemas defensivos del equipo de Mourinho, en una extensa jugada que hasta tuvo la pérdida de la pelota del Barsa y -sin que volviera a los pies del Madrid- fue recuperada por Messi, quien remató sin suerte al arco.

¿Qué pasó con el Real Madrid? Apenas una posición adelantada de Higuaín, tras un centro de Di María, a los 19 minutos, y un pase de Xavi Alonso desde la derecha hacia el segundo palo, donde Cristiano Ronaldo no pudo controlar la pelota antes de que llegara Víctor Valdés, a cinco minutos del final.

El segundo tiempo tuvo todos los condimentos que no tuvo el primero. Desde un fanático que burló la seguridad y entró a la cancha ante del pitazo inicial hasta un gol anulado a Higuaín, pasando por la vuelta de la lluvia incesante, el regreso de Abidal a las canchas y los goles de Pedro, para el local, y Marcelo, en el visitante, que poco pudo hacer para evitar la clasificación de su máximo rival en la liga española.

A los ocho minutos apenas, y tras el gol anulado al Pipita, llegó la ventaja para que el equipo de Guardiola desmotivara aún más a su rival. Fue tras un pase en profundidad en el que Iniesta aplicó toda su precisión. La pelota fue justo a los pies de Pedro, que quedó solo ante el arquero y allí, en la definición, no falló. Real Madrid, entonces, apostó por mover el banco: Higuaín le dejó su lugar a Adebayor, mientras que Kaká fue reemplazado por Özil. Pese a sus ingresos, el empate llegaría por una jugada por derecha entre Di María y Marcelo, que terminó en el gol del defensor brasileño, que recibió un centro del volante argentino, luego de que a éste el palo izquierdo le dijera que “no”.

Lo que quedó del partido sirvió para que Barcelona demostrara su poderío y cargara de faltas al Real Madrid, que se sumergía en su impotencia por lograr dos goles y sacar al Barsa de la definición. Además de darle a sus hinchas la frutilla del postre: el ingreso de Eric Abidal, tras ser operado por un tumor, en reemplazo de Puyol, cuando sólo faltaban segundos para que se cumplieran los 90 minutos. Barcelona está en la final de la Liga de Campeones, y vaya si se lo merece
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22 de agosto de 2017 | 01:22
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