Boca se metió atrás e Independiente lo castigó

Parecía que por fin Boca iba a ganar de taquito en la Bombonera, con lujos. Ante un grande. Para no dejar de ilusionarse. Pero no. Martín Palermo hizo lo suyo: un golazo de taquito, en una obra de arte propia de otras épocas que de poco sirvió. Boca se desinfló, se apichonó, se dejó estar en su propia casa e Independiente, que la había pasado mal en el primer tiempo, llegó al empate por Lucas Villafañez

Parecía que por fin Boca iba a ganar de taquito en la Bombonera, con lujos. Ante un grande. Para no dejar de ilusionarse. Pero no. Martín Palermo hizo lo suyo: un golazo de taquito, en una obra de arte propia de otras épocas que de poco sirvió. Boca se desinfló, se apichonó, se dejó estar en su propia casa e Independiente, que la había pasado mal en el primer tiempo, llegó al empate por Lucas Villafañez y, de no ser por Cristian Lucchetti casi se lo gana. No fue ni para uno ni para otro. No les alcanzó ni a los fulanos de azul y amarillo ni a los menganos de rojo. Boca e Independiente, con el 1 a 1, están cada vez más lejos. Cada vez más preocupados. Cada vez más chicos.

En el clásicos de las urgencias, Boca fue el que tomó la decisión de ir a buscar su camino. Una versión de equipo prolijo, de paso firme y con una clara intención de tener el control remoto de la pelota para luego poner el canal a gusto. Con más zapping que otras veces, con menos dependencia de Juan Román Riquelme y más participación del resto, los de Julio Falcioni encontraron las calles para llegar hasta Hilario Navarro. Buenas asociaciones con Cristian Chávez, Nicolás Colazo, Pablo Mouche, Clemente Rodríguez y todo aquel que se conectara a esta comunidad que le permitió llegar hasta el gol. Un centro de Pochi y la definición de lujo de Palermo -un taco a paso de tango- para poner el 1 a 0.

En el planteo, en esa diferencia de estrategias para 90 minutos, Independiente salió a esperar y no a buscar. A ver y no mirar. Entonces, sólo dio con espacios como consecuencia de las bandas y de esos lugares que también ofreció Boca. Con Patricio Rodríguez por la izquierda -de ese modo fue Hernán Fredes quien se puso el traje de conductor- y el colombiano Iván Vélez del otro lado. Justamente, dos de los que armaron la mejor jugada cuando el partido estaba en cero. Patito la picó dentro del área y Vélez cabeceó para el otro lado.

Quizás una señal para un segundo capítulo de esta historia donde Independiente se despertó. A tiempo, como para ir con otra mentalidad hacia adelante. Rodríguez y Fredes nunca apagaron esas luces del primer tiempo y con un Boca sin tanta tenencia del balón -ya no la tenía tanto con Riquelme, Chávez ni Colazo- el equipo que dirige Antonio Mohamed se fue a jugar más arriba y, entre otras situaciones que agrandaron la figura de Lucchetti en el arco, empató el partido tras un pase atrás de Facundo Parra y el remate de Villafañez. El premio a un Independiente con más audacia armó un final de clásico diferente al imaginado cuando el gol de Palermo y algunas luces de Boca indicaban el triunfo.

Sin Palermo, que en el segundo tiempo tuvo dos chances de convertir pero falló en la definición, ni Riquelme en cancha -ambos se fueron reemplazados cuando Boca estaba arriba- fueron pocos los argumentos para ir a buscar los tres puntos. Un centro, la búsqueda a un cabezazo salvador de Lucas Viatri y no mucho más en el carretel. Independiente, con la desfachatez de Patito y sus socios encendidos pudo, incluso, dar vuelta el resultado. De todos modos, la igualdad le calzó justo a un clásico partido en dos. Boca y su sueño de empezar a encadenar triunfos que lo eleven a la punta se esfumaron entre errores defensivos y falta de ideas en la parte final. Ahí, donde también pudo haber perdido el clásico.
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17 de agosto de 2017 | 17:52
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