Hoy el paseo es por Escocia y Gales

Federico Chaine, nuestro viajero escritor, nos lleva ahora a conocer los encantos de las Highlands escocesas y las maravillas del país de Gales. Pasen y lean

Después de recorrer Inglaterra tomé un autobús nocturno desde Londres con rumbo norte hacia Edimburgo, la capital de Escocia. Arribé a la mañana siguiente y me recibió una fría llovizna que obligó a colocarme un piloto y a cubrir la mochila con su protector. Mientras caminaba buscando mi hostel en la parte antigua de la ciudad (Old Town) supe que me iba a gustar. Enormes construcciones de piedra gris, misteriosas y añejas, dominaban el paisaje citadino. Hacia mi derecha detecté entre la niebla la solitaria fortaleza del Castillo Real observando la urbe desde 135 metros de altura. Mi primer recorrido fue en la Royal Mille, la calle principal donde se concentran los lugares históricos.

Entré a la catedral de Saint Giles edificada en 1120 donde cada año se siguen reuniendo los Caballeros de la Corte de San Andrés designados por la Reina. Es reconocida por sus coros y conciertos de órgano. Tuve ocasión de escuchar un ensayo.               La música que emanaba del antiguo instrumento combinada con la tenue luz multicolor de los vitreaux te transportaban a épocas medievales. Detrás de la Catedral se emplaza el edificio donde funcionó el Parlamento Escocés hasta 1707 y muy cerca de allí una placa  recuerda el lugar donde se realizó la última ejecución pública de Edimburgo. El señor que cerró la estadística fue George Bryce quien fue ahorcado por asesinato el 21 de junio de 1864. Desde ese momento quedaron abolidas.

  Más arriba de la Royal Mille, casi al pie del castillo, hay un museo que no puede faltar en estas tierras: el del Whisky. Más que un museo es una experiencia sensitiva. La visita comienza sobre un carro con forma de tonel que te traslada por un riel mientras imágenes holográficas y filmaciones muestran el proceso completo de la elaboración del whisky dentro de la destilería.

Después te entregan una audio-guía en el idioma que elijas donde cuentan historias sobre la bebida nacional y la confección de los toneles donde se añeja que es un verdadero arte manual. En el segundo piso se realiza una degustación. Te dan a escoger cinco tipos de whisky según la región de origen. Probé uno del sur que tenía un fuerte dejo ahumado. Te regalan la copa de la degustación que por suerte llegó sana a mi casa pese a ser de un cristal muy delgado. Soportó bien el trajín y los cambios de aeropuerto.

 Bajé hasta la iglesia Canongate de 1688. Detrás de ella y en los jardines linderos hay un cementerio donde está enterrado el famoso economista Adam Smith, padre del sistema financiero actual. Las viejas lápidas cubiertas de musgos, la quietud del lugar y la atmósfera grisácea crean un remanso de silencio en pleno centro de la vieja ciudad. A solo treinta metros de cementerio me deleité con la infusión más famosa del Reino Unido: el té. La casa, pintorescamente decorada, se llamaba “Clarinda´s” y hace honor a la amante y musa inspiradora del gran poeta escocés Robert Burns. Clarinda también duerme su eternidad en el cercano cementerio. Ordené té clásico con scones pero se habían terminado y los reemplacé por una porción de tarta de manzana. Costó 2,70 libras (18 pesos). Atendían la casa dos señoras muy amables y me vino bien para entrar en calor, pese a que era verano en Europa, porque en esas latitudes da la impresión de vivir en invierno todo el año. Un cuadro de la hermosa Clarinda dominaba el salón con estupendas vistas de las verdes montañas de Edimburgo a lo lejos.

  Se acercaba el día 11 de junio, fecha de inicio del Mundial de Sudáfrica 2010. Todos los bares y pubs ofrecían precios especiales. Algunos rebajaban sus tarifas de la pinta de cerveza hasta un 50 % solo si se consumía durante los 90 minutos, ni un segundo antes ni uno después. Elegí el pub más conocido: el enorme “Three Sisters” en 139 Cowgate Street. Habían montado dos pantallas gigantes en un patio decorado con las banderas de cada país participante, 7 plasmas y 2 pantallas de alta definición dentro del salón principal. El partido inaugural fue 1 a 1 entre Sudáfrica y México. Muchísimos africanos venían con sus banderas, gorros y camisetas para ser testigos del primer Mundial FIFA disputado en el continente negro.  Todos los extranjeros de la ciudad estábamos reunidos allí. Los escoceses hincharon a favor de Sudáfrica. Estaba alojado a metros de Grassmarket, una zona de puestos callejeros y una alta concentración de pubs. Los locales se jactan de que Edimburgo es la ciudad europea con más pubs. No puedo certificar este dato pero la verdad que hay uno al lado de otro y se hace difícil escoger donde gastarse una libras. La mayoría ofrecen números musicales en vivo para atraer clientes. Son gente muy animada y les encanta divertirse. Las noches de verano tienen corta duración. Oscurece a las 11pm y a las 4 am Febo asoma nuevamente. Todo lo contrario al invierno donde hacia las 5 pm ya está de noche.


  En Inglaterra estuve en Wimbledon y Wembley, las cunas del tenis y el fútbol. En Escocia era imposible no ir a “la casa del Golf” como la llaman ellos. A 160 kilómetros de Edimburgo se encuentra la población de Saint Andrews, pegada al Mar del Norte. Un recorrido de dos horas en bus me dejó en el lugar soñado por todos los golfistas del mundo: el “Old Course”, la cancha más añeja del golf que se practica en estos parajes desde hace 600 años. El Rey Jaime II comenzó a popularizar este deporte en 1457. En el “Old Course” se estableció el juego actual de 18 hoyos en 1764. Antes se cumplían rondas de 22. Desde 1873 se juega aquí “The Open Championship” el torneo más importante de la tierra. El único argentino que levantó esta copa es el Maestro Roberto De Vicenzo en 1967. En cada rincón se siente el peso de la tradición. Desde 1990 el “Open” se disputa en otras canchas de Gran Bretaña y regresa a Saint Andrews cada 5 años. En 2010 tocaba de nuevo. Faltaban tres semanas para el inicio cuando estuve allí. Ya estaban listas las tribunas y los tableros electrónicos.

 A pocos pasos se erige el Museo Británico del Golf donde se cuenta con detalles la historia de este deporte.  Atravesé el significativo “Swilcan Bridge” del Hoyo 18 rumbo a la playa lindera donde metí solo los pies debido al clima fresco y el infaltable viento. Un invitado de honor en este campo, uno de los más complicados del mundo. En la playa “West Sands” se rodó la famosísima escena de los corredores de la película “Carrozas de fuego” ganadora del Oscar en 1981. Faltaba la música de Vangelis sonando como fondo entre las olas. Volví al campo y me quise dar el gusto de jugar en Saint Andrews. Por solo 2 libras se alquila un putter y una pelota y se puede hacer puntería en el putting green del Himalayas. Un verdadero lujo. Solo una zanja lo separa del Hoyo 18 y allí jugaban antaño las hijas de los miembros del exclusivo “Royal and Ancient Golf Club” que tiene su sede frente a la salida del “Old Course”.

El Open 2010  lo ganó el sudafricano Louis Oosthuizen con cómoda ventaja de 7 golpes sobre el inglés Lee Westwood. Hice algunas fotos con la réplica del trofeo en el mismo lugar donde se premia a los campeones. En esta ciudad comenzó la historia de amor entre el Príncipe William y Kate Middleton cuando estudiaban juntos la carrera de Historia del Arte en la prestigiosa universidad Saint Andrews, la más antigua de Escocia.

  Estuve en Glasgow, la segunda ciudad más importante, pero es industrial y comercial y no tiene el encanto de la capital. Todavía me faltaba un viaje rumbo al enigma, a la leyenda del monstruo del lago Ness en las Highlands, las paradisíacas “tierras altas”. Es un recorrido de 4 horas por lugares de belleza sobrenatural como Glencoe, Fort Williams y Pitlochry, un pueblito de ensueño con casas de piedra gris y cuidados jardines con flores. Un gaitero nos dio la bienvenida justo en el límite entre las tierras bajas y las altas. Llegamos a la ciudad de Fort Augustus en la región sur del Loch (en gaélico) Ness. Con Julia, una argentina de Bahía Blanca que trabajaba en Londres, abordamos el barco ansiosos por descubrir a “Nessie”, nombre de pila de la criatura.

La leyenda comenzó en 1933 cuando el señor Gray tomó una foto bastante borrosa en la que se aprecia a un extraño animal de cuello largo y cuerpo voluminoso nadando en las aguas. Los diarios locales difundieron la instantánea y enseguida tuvo repercusión mundial. Mucha gente asegura haber visto alguna vez al monstruo asomado a la superficie. Más allá de la fábula el lugar es muy bello y me recordó a los lagos del sur argentino con aguas de un azul intenso y pinos en las costas. El guía contaba la historia cuando a estribor veo una silueta oscura y alargada que acompañaba el movimiento de la nave. Iba con otra figura detrás. Logré sacar la foto que acompaña esta nota. ¿Era Nessie seguido de Nessie Junior? Habrá que analizarla minuciosamente. Por lo demás juzguen ustedes. Volví a Edimburgo con una sensación extraña en mi cuerpo ante el encuentro cara a cara con un ser mezclado entre lo mitológico. Escocia es un país que recomiendo a quienes se animen a descubrir sus leyendas y paisajes sublimes. 

 Partí en tren rumbo al sur, al País de Gales. Llegué a Cardiff, la capital, ubicada en una bahía junto al Canal de Bristol. Una ciudad muy accesible donde se pueden ver los sitios de interés andando a pie. Dejé subtes, tranvías y buses de lado y la caminé toda. Me sorprendió lo intrincado del idioma galés. Completamente diferente al inglés y con palabras larguísimas. Una estación de tren que debe figurar en algún record mundial se llama: Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrdnrobwlllantysiliogogogoch. No es broma.

Había tenido mi primer contacto con la cultura galesa en un viaje a la Patagonia. Visité la ciudad de Gaiman que concentró a la mayoría de los inmigrantes de ese origen que poblaron la Argentina. Quedé fascinado con el dragón que adorna la bandera galesa. Es origen romano ya que antaño esas tierras eran dominios del César. Me gustó tanto que lo tengo tatuado en la cara interna de mi antebrazo derecho. En una casa de té probé la deliciosa torta galesa que, irónicamente, no encontré en el mismísimo Gales.

  Me arrimé al castillo de Cardiff en el norte de la ciudad. Es llamativa la torre del reloj donde cada 60 minutos asoman figuras desde  un cucú gigante anunciando la hora. Detrás del castillo está el City Hall o Municipalidad dominando el centro cívico y las universidades. Sus habitantes son muy tranquilos y no se nota el estrés de las grandes capitales. Me asomé al fabuloso “Millenium Stadium” construido especialmente para el Mundial de Rugby de 1999. Es el deporte nacional. El fútbol aquí no tiene tanto peso. Hay infinidad de tiendas que venden productos para la práctica de este juego. En el café- bar “Cardiff Arms” hay un comercio con los equipos oficiales de la WRU (Unión de Rugby de Gales). En un sector se aprecian camisetas firmadas, trofeos y medallas ganadas por los aguerridos rugbiers locales, verdaderos ídolos nacionales.

Vencer a los ingleses, inventores de este juego, es para ellos un placer supremo. Paul Mc Cartney seguía su tour y en 3 días tocaba en este estadio. Ya estaban colocando el escenario y los equipos de sonido. La arquitectura del domo es soberbia. Hay 4 estructuras metálicas que, situadas junto al río Taff, semejan las velas de un bote surcando las aguas. La zona portuaria ha sido renovada al estilo de  Puerto Madero y en verano es muy agradable sentarse a tomar un café mirando el mar y la costa inglesa justo enfrente. De más está decir que, al igual que los escoceses, no sienten mucha simpatía por su poderoso vecino y si Inglaterra jugaba un partido se hacían hinchas del rival automáticamente. Adoran a Diego por la famosa “mano de Dios” que fue un mazazo al corazón inglés. Son viejas heridas sin cerrar pero saben vivir en un sano equilibrio que les permite bastante autonomía dentro de la Comunidad Británica de Naciones a la que pertenecen.

En la próxima nota los invitaré a compartir un safari fotográfico por el Continente Negro.
 
  

  

Opiniones (2)
18 de agosto de 2017 | 01:13
3
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18 de agosto de 2017 | 01:13
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  1. Muy buena la verdad
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  2. Es maravillosos leer estos relatos,felicito a su autor me hace sentir que estoy viajando en primera fila.
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