Precios excesivamente politizados

Alos efectos de la política oficial de precios, el Mercado Central de Buenos Aires bien podría ser rebautizado como "Kirchnerlandia". Allí los consumidores pueden comprar "pan para todos" a 2,50 pesos el kilo; "pescado para todos" a $ 12,50; "asado para todos" a $ 10,50 y "milanesas para todos" a $ 21; además de frutas, verduras, hortalizas, fiambres y lácteos a precios que se ubican entre la mitad y una tercera parte de los supermercados o comercios minoristas

Alos efectos de la política oficial de precios, el Mercado Central de Buenos Aires bien podría ser rebautizado como "Kirchnerlandia". Allí -con largas filas de por medio-, los consumidores pueden comprar "pan para todos" a 2,50 pesos el kilo; "pescado para todos" (filet de merluza congelado) a $ 12,50; "asado para todos" a $ 10,50 y "milanesas para todos" a $ 21; además de frutas, verduras, hortalizas, fiambres y lácteos a precios que se ubican entre la mitad y una tercera parte de los supermercados o comercios minoristas. Hasta los inverosímiles indicadores del Indec podrían resultar creíbles con estos valores, si se dejara de lado la calidad de algunos productos.

Sin embargo, y a pesar del profuso marketing político oficial, estos precios no son para todos. El enorme predio del MCBA está ubicado a 15 kilómetros del centro porteño y sólo ingresan dos líneas de colectivos, mientras en los estacionamientos se entremezclan desvencijados autos modelo 80 con costosas 4x4 último modelo. Para quienes no disponen de movilidad propia, no es una buena opción la única agencia de remises habilitada: un viaje de vuelta a cualquier barrio del sur porteño no baja de 55 pesos y la tarifa sube para zonas más alejadas del Gran Buenos Aires. A menos que sea compartido por dos o tres personas, puede neutralizar buena parte del ahorro. De ahí que también puedan verse chárteres fletados por punteros políticos del conurbano, que convierten las compras de alimentos básicos en una actividad más de campaña.

Los "precios oficiales" del MCBA son un eufemismo de "precios políticos" que poco tienen que ver con los costos y mucho con subsidios estatales o cruzados. Pero esta definición académica se queda tan corta como la pretensión de Guillermo Moreno de mantenerlos en otros eslabones comerciales. En algunas grandes cadenas de supermercados, aquella categoría de precios ha pasado a ser la excepción antes que la regla. Lo revela la aislada presencia en las góndolas de alguna bandeja de asado a 10,50 pesos, identificable fácilmente por el color blanco de huesos y grasa antes que por el rojo de la carne, o de milanesas con abundancia de rebozador. En otras, directamente estas ofertas han desaparecido o están limitadas a cupos ínfimos con relación al número de sucursales. Hasta en el propio Mercado Central, los puestos de venta al público ofrecen cortes a precios oficiales y otros, de mejor calidad, al doble o triple de precio, que seguramente no deben ser captados por el Indec ni tampoco por la AFIP, ya que las cajas registradoras brillan por su ausencia, al igual que las facturas formales (aunque, ciertamente, esta evasión impositiva a plena luz del día no puede atribuirse sólo al MCBA).

Carne escasa y barata
La "politización" de precios tiene en la carne vacuna uno de sus mayores exponentes. En rigor, la venta de 13 cortes populares a bajo precio es la contrapartida del forzado acuerdo de Moreno con frigoríficos exportadores que, por cada kilo de venta al exterior de cortes de alta calidad, deben destinar al consumo interno el equivalente de 0,4 kilos a precios oficiales para obtener el permiso oficial de exportación (ROE). La última novedad fue la inclusión dentro de aquel lote de los medallones de carne rebozados a 18,50 pesos el kilo, que se diferencian de las hamburguesas por su contenido de soja, pero les permiten a algunos frigoríficos -a cambio de mayores costos internos- mejorar ligeramente su ecuación exportadora, sujeta, además, a una retención del 15%. Sin embargo, no se puede afirmar que Moreno haya tenido éxito con esta política: después de varios años de precios congelados, alta demanda interna y baja del stock ganadero, los precios de la carne se dispararon en 2010 (más del 100%); el consumo per cápita cayó el 20% (de 71 a 57 kilos anuales) y las exportaciones bajaron a 313.000 toneladas el año pasado, casi la mitad que en 2009. Hoy la Argentina exporta mensualmente menos carne vacuna que Uruguay, e incluso que Paraguay. Por eso, el volumen de cortes populares baratos y calidad dudosa también se redujo, mientras se multiplicaban los precios en carnicerías y supermercados.

No sólo eso. También Moreno ha digitado políticamente la asignación de estos cupos subsidiados por los frigoríficos. Uno de los beneficiarios es Ricardo Bruzzese, actual precandidato kirchnerista a intendente de La Matanza (el distrito de mayor caudal electoral del conurbano) y operador del MCBA, donde el 24 de marzo último organizó el acto del Día de la Memoria, del que participaron Moreno, Amado Boudou y Hebe de Bonafini. También acaba de pilotear el relanzamiento del plan Carne para todos, que tuvo a Cristina Kirchner como primera y privilegiada clienta -con gorra y remera alusivas- ante las cámaras de TV. Aun así, aquel título le queda demasiado grande al programa: la venta itinerante a través de camiones frigoríficos, que inicialmente recorrerán zonas de La Matanza, llegaría -según datos oficiales- a 10.000 kilos diarios. Un volumen que apenas mueve el amperímetro del consumo nacional de carnes, de 6,5 millones de kilos por día.

Otro privilegiado sería el inefable Alberto Samid, autoproclamado "el Rey de la Carne" en su propia red de carnicerías, donde también es misión imposible obtener una factura formal con IVA. Samid no sólo tiene un local en el MCBA, sino que ahora opera en el flamante mercado concentrador de José C. Paz (otro de los distritos electoralmente más populosos del conurbano), que será inaugurado oficialmente por CFK y Moreno en mayo, junto al intendente ultrakirchnerista Mario Ishi. Este mercado mayorista con ventas minoristas será el primero de una docena de ellos que se instalarán en distintos puntos del país, declarados de interés nacional por un decreto que los coloca dentro de la órbita del propio Moreno.

Todo parece indicar que, en lugar de diseñar una política para frenar la inflación y normalizar el Indec, en este año electoral el Gobierno ha optado por una nueva vuelta de tuerca: acercar alimentos básicos a precios regulados, subsidiados y/o en negro a un universo más amplio de consumidores/votantes, como otra forma de proselitismo. Incluso con algunas curiosidades, como la de una frutería y verdulería del barrio de Flores, que, además de anexar un local de productos avícolas, promociona sus bajos precios con el eslogan de "Menos que el Indec". Este recurso de marketing, apoyado en los inverosímiles datos del organismo oficial, no tendría nada de particular, excepto la marca de ambos locales: "Colina", la misma sigla de la Corriente de Liberación e Integración Nacional que encabeza la ministra Alicia Kirchner. Para que no queden dudas, un enorme cartel con la leyenda de "Cristina 2011" y el mismo logotipo coinciden en la esquina de los dos comercios.

Esta politizada estrategia, sumada a los discrecionales controles de precios de Moreno, no sólo descoloca a los circuitos formales de producción, distribución y comercialización de alimentos. También inquieta a quienes la emparientan con la aplicada por Hugo Chávez en Venezuela. Allí hay en marcha un plan para instalar 1200 mercados sin intermediarios, manejados directamente por el Estado, cuyos precios "socialistas" son diferenciados de los "capitalistas", entre dos y tres veces más altos.

Néstor Scibona, para lanacion.com.ar
Opiniones (0)
22 de octubre de 2017 | 09:29
1
ERROR
22 de octubre de 2017 | 09:29
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
    En Imágenes
    Wildlife Photographer of the Year 2017
    18 de Octubre de 2017
    Wildlife Photographer of the Year 2017
    Lo perdí todo víctimas del terremoto en México
    17 de Octubre de 2017
    "Lo perdí todo" víctimas del terremoto en México