"No puede haber pacto social en un período electoral"

A José Ignacio de Mendiguren le cuesta disimular los nervios. Recibe en la sala de directorio de la Unión Industrial Argentina (UIA), en el edificio de Avenida de Mayo, y repite una y otra vez que es optimista, conciliador, y que no quiere enfrentarse con nadie. No es para menos, fue convocado por la presidenta Cristina Kirchner para volver a analizar, junto con el titular de la CGT, Hugo Moyano, la idea de un pacto social; una gran oportunidad para quien vuelve a ocupar la presidencia de la UIA.

A José Ignacio de Mendiguren le cuesta disimular los nervios. Recibe a La Nacion en la sala de directorio de la Unión Industrial Argentina (UIA), en el edificio de Avenida de Mayo, y repite una y otra vez que es optimista, conciliador, y que no quiere enfrentarse con nadie. No es para menos, fue convocado por la presidenta Cristina Kirchner este miércoles para volver a analizar, junto con el titular de la CGT, Hugo Moyano, la idea de un pacto social; una gran oportunidad para quien después de 10 años vuelve a ocupar la presidencia de la UIA.

-¿Cómo es llevarse bien con Hugo Moyano?

-No es que tenga una relación especial. Nos tocaron años complicados, él en la CGT y yo como presidente de la UIA en 2001, donde era imprescindible el diálogo entre sectores. Moyano es el referente de los trabajadores, tengo no sólo la necesidad, sino la obligación de tener la mejor relación posible.

-Algunos empresarios dicen que ha adquirido demasiado poder...

-Sí. El tiene esa vocación, lo ha demostrado siempre y ahora lo ha hecho explícito.

-¿Esto les genera temor?

-Es un tema que trae un interrogante, porque uno considera el sector gremial en la Argentina como un sector que representa los legítimos derechos de los trabajadores, pero cuando ya tiene mayor relevancia desbalanceamos un poco la cosa, porque los empresarios no están en esta carrera del poder a través de cargos electivos. Pero no concibo un proyecto nacional de largo plazo sin un trabajo conjunto con Moyano.

-¿Se refiere al pacto social?

-La gente lo ha llamado pacto, pero sí, creo realmente en eso.

-Es difícil volver a creer en algo que nunca funcionó.

-Claro, pero lo estamos planteando desde 2004.

-¿Qué lo hará exitoso ahora?

-En pleno de una campaña electoral, tener esas aspiraciones son muy elevadas. No creo que se pueda trabajar en un pacto social. En los meses venideros todo se va a teñir de campaña, lo que aflora en estos períodos es el corto plazo. Lamentablemente, pasa acá y en todo el mundo. Cuando lo planteábamos en 2004 es porque veíamos un escenario muy propicio: el país crecía, crecía sin inflación... era el momento ideal para pensar en el largo plazo.

-¿Entonces qué le va a plantear a la Presidenta?

-Cómo uno consolida el proyecto de crecimiento ante este escenario que se le presenta a la Argentina. Esta es una oportunidad y uno no puede estar peleándose. El país puede dar un salto del crecimiento al desarrollo. Cuando en una mesa con los trabajadores podemos debatir esto, es más fácil entender el presente. Si la única agenda que existe es el hoy, se agota el debate en lo que puedo sacar y lo que puedo dar.

-Pero hoy hay frentes de conflicto objetivos, como la decisión de Anses de colocar más directores en las empresas.

-La UIA tomó una posición pública: todos los debates se pueden tener, pero en este caso particular, se estaban alterando las reglas cuando se tomó esa inversión. Es como cuando se toma un crédito, cuando se toma uno sabe a qué se atenerse, no se deben cambiar las pautas.

-¿Cómo se vive en la UIA el enfrentamiento entre Techint y el Gobierno?

-Mal. A ninguna empresa le gusta estar en los diarios o en discusiones de esta magnitud, sobre todo porque se generó en el imaginario la idea de que detrás sólo hay conflicto y no podemos ver lo virtuoso, que es una empresa que produce, que tiene salarios altos.... Personalmente, tengo una visión muy concreta de las multinacionales que salen al exterior.

-Precisamente, el Gobierno está diciéndoles a estas multinacionales que no inviertan afuera, que lo hagan en el país...

-Eso puede ser algún pedido de coyuntura que no conozco. En el entramado productivo de la Argentina son clave, al igual que las pymes.

-¿Por qué cree que se está yendo en la dirección opuesta?

-No creo que esté yendo en otra dirección, tal vez algún funcionario. El Gobierno tiene una estrategia, que compartimos, que es la de lograr que todos los emprendedores se transformes en pymes; las pequeñas empresas, en medianas, y las grandes en internacionales. Y hay que ayudarlas, sobre todo a las pymes.

-¿Cómo? Con financiamiento, trabas a las importaciones...

-Primero, hay que mantener la macro; segundo, hay que ver cómo hacemos para mejorar la competitividad de la industria, porque no es sólo el tipo de cambio, no es como la gente cree que la industria sólo puede vivir devaluando, es un disparate. Para instrumentar todo esto es necesaria la visión de largo plazo.

-¿Mientras tanto?

-Lo que hay es demanda. Algunos piden enfriarla; lo que hay que hacer es calentar la inversión.

-¿Por qué no se invierte?

-No hay un sólo motivo. Pero está el problema de la litigiosidad laboral; la ley de riesgos de trabajo que debemos resolver; hay que despejar el tema del financiamiento. Las empresas han crecido con autofinanciamiento, pero los márgenes de rentabilidad se han achicado y ya no da.

-¿No puede la inflación frenar la demanda?

-En una economía que crece, que trajo un proceso de redistribución y además sufre en muchos casos el aumento de las materias primas, hay tensión de precios, esto está claro.

-Brasil está tomando medidas para contener la inflación...

-Ha optado por otro camino. En la Argentina, el tema de la inflación no tiene una sola causa, pero creo que se soluciona con inversión.

-A 10 años de 2001, ¿siente que ésta es su oportunidad de reivindicarse?

-En mayo de 2001, había un abismo por delante: había carencia de poder político, una sociedad endeudada... La Argentina salió, indudablemente, hacia un lugar correcto.

-Pero fue criticado, lo tildaron de ?pesificador', ?devaluador'...

-En aquel momento era lógico, la gente no comprendía. Pero a 10 años, creer que alguien pudo haber devaluado... En diciembre de 2001 ya se había devaluado, el peso estaba a dos por dólar en Uruguay, estábamos en default, los bancos cerrados... Yo era ministro de Producción no de Justicia, mi función era poner en marcha el país. No conozco medidas que haya tomado que se hayan corregido, ni denuncias. La historia es la que va a reivindicar.

-¿Hoy hay un problema de atraso cambiario como en los 90?

-La definición del tipo de cambio debería ser una política de Estado, pero no de una cifra, sino de qué tipo de cambio se necesita tener en términos de desarrollo y el pleno empleo. Es una de las variables de la competitividad, no la única.

-¿La industria hoy tiene problemas de competitividad?

-Hay sectores que hoy, en términos de dólares, tienen un costo salarial que están por encima del de la región. Esto los gremios ya lo vivieron en los 90; mi sector, el textil, vio cómo se caían las fábricas porque era imposible competir con Asia. Mi temor es que caigamos en el péndulo siempre: redistribución, ahuyentando inversión, ¿cómo terminó en los 90?

-Algunos dicen que es hombre del Gobierno; en el pasado, que era de Techint, ¿de quién es?

-Soy un hombre desarrollista.

-¿Terminará aliado del Gobierno como muchos de sus antecesores?

-Lo que está bien hay que apoyar; y en lo que está mal, debe tratar de influir para que se corrija. Podemos proponer, pero la responsabilidad la tiene la política. Con el gobierno que la gente eligió tenemos que interactuar, y se puede hacer confrontando o dialogando. Hoy en este rumbo económico creo. ¿Que hay que hacer muchas cosas? Sin lugar a dudas.

-En EE.UU. se estila que los empresarios anticipen a quién van a votar. ¿A quién votará?

-No sé, pero si supiera no lo diría. Porque este país es etiquetador: si él vota a fulano, es porque lo hace en interés de algo, y no es así. Estoy obsesionado por el desarrollo y mi obligación es convencer a todos.

José Ignacio de Mendiguren
Cargo: presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA)

Profesión: doctor en derecho y escribano (UBA)

Edad: 60 años

Es presidente y dueño de Texlona. Fue ministro de Producción en 2002 durante cuatro meses del gobierno de Eduardo Duhalde, y ya había presidido la UIA en 2001. Fue dueño de Coniglio (ropa).

(fuente: www.lanacion.com.ar)
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