Gestos adustos y ausencias del riñón K frente a la ambición de Moyano

El acto de Moyano y la CGT dejó mucha tela para cortar y algunas conjeturas respecto al futuro del universo K.

La llegada al palco del acto de la CGT del gobernador Daniel Scioli y de los ministros Florencio Randazzo y Débora Giorgi fue tumultuosa, desprolija y nerviosa, debido al celo puesto por los encargados de la seguridad del gremio camionero.
 
Esa tensión y agitación es la que además, tiñe el vínculo entre el Gobierno nacional y Hugo Moyano y que sumará nuevos elementos, luego de este festejo del Día del Trabajador.
 
Los organizadores habían alardeado en las últimas horas con superar el medio millón de asistentes. El caos de tránsito estaba definido por la cantidad de calles cortadas y el número de micros movilizados, en una apuesta absoluta de los sindicatos cegetistas a desplegar todo su “aparato”.
 
La Presidenta ya había anticipado su ausencia y por eso, sus ministros iban a asistir en pleno. Pero Nilda Garré, Alicia Kirchner y Julián Domínguez no estuvieron en la primera fila del evento sindical, lo que significa que un núcleo de estricta cercanía e influencia en el kirchnerismo, también aportaba un faltazo.
 
Sí estaban Carlos Zannini, consultor número uno de la jefa de Estado, y Juan Manuel Abal Medina, quienes se dedican al armado político en vistas de las elecciones 2011. Ellos escucharon y tomaron nota del reclamo de Moyano sobre lugares en las listas oficialistas para los hombres de la CGT y también cuando exaltó a su alfil en Diputados, el abogado Héctor Recalde, al demandar que se trate este año la participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas.
 
Las caras de los nombrados más las de Randazzo, Aníbal Fernández y Julio De Vido, en el momento de esos reclamos, mostraron que a la cúpula oficial no le preocupa tanto la oposición como que, según se vislumbra, la disputa de poder será más salvaje con Moyano y su ambición de colocar, incluso, los candidatos a vices de Scioli y de la propia Cristina.
 
Scioli también tuvo caras que demostraron que su disputa también comprende al ímpetu del camionero. El gobernador fue al acto aclarando que lo hacía a título de jefe del PJ nacional; o sea, es el que conduce el partido desde el fallecimiento de Néstor Kirchner y quien debería tener influencia importante en las definiciones políticas.
 
Al final del acto, los ministros partieron raudamente, seguramente a masticar lo que les dejó como moraleja el acto. Sólo Amado Boudou se quedó compartiendo el entusiasmo sobreactuado de la dirigencia gremial sobre la convocatoria alcanzada. El ministro es mimado por el titular de la CGT en su intención de competir por la jefatura de Gobierno porteña.
 
En la intimidad, distintos dirigentes reconocían que no habían alcanzado el medio millón, presagiado públicamente por Omar Plaini, dirigente canillita y diputado de importancia en el armado político moyanista.
 
Moyano, conocedor del paño, dijo en su discurso: “Sabemos que la Presidenta nos está mirando”. Y seguro que la jefa de Estado –jefa también de la fuerza política gobernante, desde la muerte de su marido- estará evaluando un nuevo coto al deseo irrefrenable de poder de Hugo Antonio Moyano.
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18 de agosto de 2017 | 00:56
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