Escalera al cielo: siervos, beatos y santos

El largo y complejo proceso de canonización de una persona requiere de arduas investigaciones y anáisis. A la virtud cristiana comprobada deben sumarse los milagros. Para ser beato es necesario un acto milagroso; para llegar a santo se exigen dos. Te contamos cuál fue el milagro de Juan Pablo II.

A lo largo de su historia,  la Iglesia Católica ha declarado santos a 78 papas y ha beatificado, incluyendo a Juan Pablo II, a sólo a 11 ex pontífices. Este caso es excepcional ya que en los últimos diez siglos ningún Papa proclamó beato a su predecesor.

Pero, ¿cuál es la diferencia entre un santo y un beato? Según el especialista Ramón Rabre Jordá, el complejo y largo proceso que culmina en la canonización de una persona, comienza con una fase en la que quien es candidato a un altar recibe el título de “siervo de Dios”. Éste es, por descontando, alguien que vivió las virtudes cristianas en grado heroico y es digno de veneración pero sólo en privado. Durante esta etapa se indaga en su vida y en su probable obra milagrosa.

Además de la virtud comprobada, para ser beato “se requiere un milagro obtenido a través de la intercesión del venerable y verificado después de su muerte”, explica Rabre Jordá. La existencia de este milagro es excluyente y una comisión de expertos de las más variadas disciplinas se concentra en su análisis y estudio, a veces durante décadas, para verificarlo. El experto señala que no se requiere de un milagro si la persona ha sido reconocida mártir y aclara que los beatos son venerados públicamente, pero sólo por la Iglesia local, ya que no se incluyen en el calendario romano ni se proponen a toda la Iglesia.

En el último tramo, el beato que es canonizado recibe el título de santo. “Para la canonización hace falta otro milagro atribuido a la intercesión del ya beato y ocurrido después de su beatificación”, señala Rabre Jordá. Para verificar este segundo milagro se procede de la misma manera que con la beatificación. La canonización de una persona permite el culto público en la Iglesia universal, se le asigna un día de fiesta y se le pueden dedicar iglesias y santuarios.

El investigador relata que en 993, San Ulric de Ausburgo fue declarado santo en la primera canonización aprobada directamente por el Papa Juan XV. Gregorio IX formalizó el proceso y en 1234 las canonizaciones se reservaron solo al Papa. En el año 1588 el Papa Sixto V puso el proceso en manos de la Congregación para las Causas de los Santos y del Santo Padre. Antes de esto pues bastaba con la aprobación de los obispos y abades para reconocer a alguien como santo, lo cual no siempre se hacía con estudios e investigaciones certeras.

"El Papa Aeneas Piccolomini canoniza a
Catalina de Siena", fresco de Bernardino
di Betto Benedetto di Biagio (1502-1508).

Los papas santos y beatos

El número de papas que han sido santificados a lo largo de la historia suma 78, incluido el apóstol Pedro, y otros diez fueron beatificados. El primer papa beato fue Víctor III, cuyo pontificado solo duró algo más de año, de 1086 a 1087. Su sucesor, Urbano II, también fue beatificado al igual que Eugenio III (siglo XII), Gregorio X (siglo XIII), Inocencio V (siglo XIII), Benedicto XI (siglo XIV), Urbano V (siglo XIV) e Inocencio XI (siglo XVII).

Casi todos los obispos de Roma hasta el siglo VI subieron a los altares, entre ellos San Dámaso I (366-384), el único papa de origen español elevado a la gloria de los altares. A partir de ese siglo descendió el número de pontífices proclamados santos, destacando Gregorio I, El Magno, cuyo papado se extendió entre el año 590 y el 604 y que es considerado uno de los doctores de la Iglesia.

Durante la Edad Media sólo fueron santificados dos papas en el siglo XI (León IX y Gregorio VII) y uno en el siglo XIII (Celestino V). Pío V fue el único santificado del Renacimiento y en su papado (entre 1566 y 1572) tuvo lugar la victoria cristiana en la batalla de Lepanto y excomulgó a la reina Isabel I de Inglaterra.

Luego hay que llegar al siglo XIX cuando fue santificado Pío X. Pío IX y Juan XXIII son los dos últimos papas beatos, ambos beatificados por Juan Pablo II el 3 de septiembre de 2000. El primero de ellos ejerció su pontificado entre 1846 y 1878 y proclamó los dogmas de la Inmaculada Concepción de María, en 1854, y la infalibilidad del Papa durante el Concilio Vaticano I, en 1870. Juan XXIII (Angelo Giuseppe Roncalli), también conocido como "el Papa Bueno", ocupó la silla de San Pedro entre 1958 y 1963 y dos años después de su muerte quisieron hacerle santo por aclamación durante el Concilio Vaticano II, que él había convocado.

Hoy están en proceso de beatificación Pío XII (1939-1958) y Pablo VI (1963-1978). Juan Pablo II los adelantará sin que el proceso de beatificación tuviera que esperar a los cinco años de su muerte, como contempla la normativa vaticana. Aunque Benedicto XVI decidió al principio de su pontificado no oficiar ceremonias de beatificaciones y sólo de canonizaciones hará una excepción y proclamará beato a Karol Wojtyla, informa L´Osservatore Romano en su página oficial.

Entre las curiosidades de la historia del papado, destaca la extensión en el tiempo de algunos pontificados: el del beato Pio IX fue el más largo de la historia, con 32 años, de 1846 a 1878 (después de San Pedro, cuya duración, entre 33 y 34 años, no es, sin embargo, precisa), seguido por el de Juan Pablo II con 26 años, cinco meses y 16 días.

Otro dato llamativo es que entre el total de santos de la Iglesia Católica se cuentan 467 abades, 54 anacoretas, 13 apóstoles, tres arcángeles, cinco cardenales, 76 confesores, 33 diáconos, 35 doctores de la Iglesia, 134 ermitaños, cuatro evangelistas, 239 fundadores de Congregaciones, 48 gobernantes, 19 niños, dos mil 206 mártires, cuatro matronas, 44 misioneros, 279 monjes, mil 147 obispos, tres patriarcas, 24 profetas, mil 315 religiosos, 958 sacerdotes y 50 militares.

"Cristo en el cielo con cuatro Santos y
un donante", tabla de Ghirlandaio (1492).

Directo al Paraíso

El proceso de beatificación del pontífice polaco ha sido el más rápido de la historia: seis años y un mes después de su muerte, registrada el 2 de abril de 2005. La legislación canónica establece un plazo de cinco años tras la muerte necesario para iniciar un proceso de beatificación.

Pero en el cado de Juan Pablo II, el 28 de junio de 2005, poco más de tres meses después de su muerte, Benedicto XVI recogió el sentir popular y el pedido de varios cardenales y concedió la derogación de la norma en base a la cual deben transcurrir cinco años después de la muerte para poder poner en marcha el proceso del candidato a los altares, decir, de “siervo de Dios”.

Esto fue posible porque la misma legislación atribuye al Papa la potestad de acelerar el proceso para que comenzara antes del citado plazo. Eso hizo Juan Pablo II con la Madre Teresa de Calcuta, fallecida en 1997. Con una dispensa especial el proceso de beatificación de la religiosa albanesa comenzó al año siguiente de su muerte y finalizó con su beatificación en 2003.

Karol Wojtyla, por disposición de su sucesor, tuvo un "canal preferencial" que permitió agilizar la causa, la cual se llevó a cabo respetando todas las rígidas normas de la Iglesia y "sin excluir ningún argumento, por muy delicado que este fuese, para llegar al fallo final, una vez aprobado el milagro", afirman los voceros del Vaticano.

Según los médicos y teólogos de la Congregación para las Causas de los Santos el milagro de Juan Pablo II fue la curación de la monja francesa Marie Simon-Pierre, quien se recuperó del Parkinson que la aquejaba gracias a las oraciones y pedidos a este papa meses después de su muerte. La monja, enfermera de profesión, fue curada en forma “inmediata e inexplicable” tras sus oraciones y pedidos a Juan Pablo II.

Los santos y beatos que Juan Pablo II le dio a Argentina

En tanto Karol Wojtyla, el “Papa viajero”, será beatificado este domingo, él mismo canonizó a  San Héctor Valdivielso, religioso Hermano de las Escuelas Cristianas (Lasallano), nacido en Buenos Aires el 31 de octubre de 1910 y muerto mártir en Turón (España) el 9 de octubre de 1934. Fue canonizado el 21 de noviembre de 1999.

De la misma manera, beatificó a los argentinos Laura Vicuña, laica, alumna del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora; Nazaria Ignacia March Mesa, religiosa, fundadora de la Congregación de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia; Artémides Zatti, coadjutor salesiano; María del Tránsito Cabanillas, religiosa, fundadora de las Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanas y  María Ludovica De Angelis, religiosa de las Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia.

Fuentes: vatican.va; preguntasantoral.blogia.com; aica.org/aica; infocatolica.com; Agencia Informativa Católica Argentina.

Patricia Rodón

Opiniones (1)
9 de Diciembre de 2016|22:10
2
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9 de Diciembre de 2016|22:10
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  1. ¿En qué parte de la Biblia dice que para ser beato (término que no figura en la Biblia) o santo se necesitan uno o dos milagros, respectivamente? Esos versículos no existen. Dejen de inventar por favor!!!
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