“La industria editorial ha resurgido con mucha fuerza”, aseguró el director de Siglo XXI

"La industria editorial ha resurgido con mucha fuerza", aseguró el director de la casa local de Siglo XXI, Carlos Díaz, galardonado como el mejor editor del año por la Cámara Argentina de Papelerías, Librerías y Afines (CAPLA), en el marco de la Feria del Libro.

"El sector editorial está pasando por un buen momento en contraposición a la década del 90, que fue una calamidad, cuando se achicó y se concentró de una manera impresionante. Pero ese proceso generó una contracorriente que fue el surgimiento de muchos procesos editoriales chiquitos a principios del año 2000", sintetizó Díaz en diálogo con Télam.

Desde ese momento, sumado a los cambios que se produjeron en la Argentina a partir de 2003, "hay indicadores concretos y palpables de ese resurgimiento editorial".

En primer lugar, especificó el editor, "la cantidad de novedades que se lanzan por año no ha parado de crecer y este año va a redundar los 25.000 nuevos títulos. Antes difícilmente llegábamos a los 20.000 y esto es un dato significativo".

"Un segundo ítem -mencionó- es que la Feria del Libro en esta edición es más grande que nunca en la historia, por primera vez tomó toda La Rural, agregó un pabellón y vendió hasta el último metro".

"Esto es un indicador de cómo le va a los editores. Dicho esto, tampoco hay que ser elitista -consideró-. Históricamente en el mundo el negocio editorial es muy chico, tiene mucha visibilidad, se luce mucho, todos sabemos que libros salen, qué pasa, pero eso no quiere decir que sea un negocio espectacular".

Y enumeró: "El negocio de la piratería, la inminente llegada del libro electrónico -un problema para las editoriales y las librerías- y la pelea del sector por lograr la exención del IVA".

Díaz estimó que la Argentina vive una época de bonanza, "es difícil encontrar en América Latina una masa crítica de lectores como la nuestra, que leen de todo: desde aquellos que devoran el horóscopo de Ludovica Squirru hasta los que se sumergen en la teoría, educación, psicoanálisis, historia...".

En el país además "se está exportando bastante, mucho más que en los 90 por una cuestión de costos, ahora la exportación ha crecido mucho, lo que justifica la producción".

El Estado, subrayó Díaz, se volvió en los últimos años un comprador importante de libros como no había sucedido en muchísimo tiempo. Y el Proyecto Sur -implementado por la Cancillería- fue de lo mejor que produjo la Argentina al ir a la Feria del Libro de Frankfurt como invitada de honor el año pasado".

"Nuestra literatura -analizó- es muy buena, tenemos aquí muy buenos escritores, muy buenos intelectuales, y esto hay que saber venderlo. Hay que hacer un trabajo activo de promoción y no hacerlo esporádicamente, sino persistir y este proyecto apunta a esto. Es muy importante financiar parte del costo de traducción".

"Francia tiene un programa así que es modelo, Italia, Alemania, Irlanda, el Reino Unido también; cuando lográs que un autor tuyo se traduzca a otras lenguas estás dando a conocer tu cultura, tu historia. No es solamente el negocio inmediato, sino todo lo que conlleva", apuntó.

Por poner un ejemplo, "gracias a la novela policial nórdica nos metimos de lleno en una cultura determinada. Los libros de Stieg Larsson -citó- denuncian los problemas de género que se viven en esos países. La discriminación y violencia hacia la mujer que son salvajes".

Entre otras actividades realizadas por la Feria del Libro, Díaz aludió a las Jornadas para los profesionales: "Una manera de dar herramientas para la formación; ahora se anota muchísima gente en los cursos de compra y venta de derechos de autor. Funcionan muy bien", opinó.

¿Qué cambios se avizoran? "No creo que el rol del editor pueda cambiar, aunque no se qué espacio va a ocupar en el escenario que viene. Muchos elogian como una gran virtud que un autor podría saltearse toda la instancia de la editorial, poniendo su libro directamente en Google, una forma de desmerecer el trabajo del editor con el texto y al sentido que le da a su catálogo", indicó.

Las editoriales, reflexionó Díaz, "tienen un perfil, una historia, sus colecciones y uno muchas veces compra un libro porque confía en la editorial. Siente que te garantiza un mínimo de calidad. Que impide una producción caótica".

Se escriben miles de novelas, cuentos, tesis doctorales, investigaciones académicas, "donde el trabajo del editor es decir: cuál me parece buena, cuál tiene sentido junto a los otros textos ya publicados, estos autores pueden ir agrupados y otros no. Con los textos hay que hacer un trabajo de edición, que es fundamental", sentenció.

"El trabajo básico de un editor -resumió- es decir que no y en contadísimas ocasiones, decir que sí".

Frente al futuro, Díaz manifiesta su incertidumbre: "Lo peor de todo es que no hay un camino a recorrer. Nadie que diga la edición digital va a seguir determinados pasos, no está claro si los contratos que las editoriales tenemos con nuestros autores van a servir para participar de ese negocio. Y tampoco se sabe cómo se va a comercializar".

"Meternos en el negocio editorial en la Argentina depende de nuestra creatividad, de nuestro ingenio, de nuestro trabajo, pero para el negocio digital no alcanza con eso", señaló.

Para finalizar, Díaz celebró una década en el mercado editorial argentino: "Así como la gran Siglo XXI cumplió 25 años de historia, nosotros ya tenemos diez años de historia propia. Y estamos muy contentos de ocupar un espacio en el mundo argentino y latinoamericano".

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