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Cabrera: "El tercer Major puede venir en cualquier momento"

El Pato disfruta de jugar en su casa, Villa Allende, pero la actuación en el último Másters lo alienta a una nueva hazaña: "Lo de Augusta me prendió la luz de nuevo", confiesa.

En esta tierra es donde Angel Cabrera se reconecta consigo mismo, con la historia que moldeó su carácter. "Cuando juego afuera estoy trabajando, en realidad es como una actuación. En cambio, acá es diferente: es mi habitat y soy uno más", comenta el Pato. Tiene cicatrices en la frente que simbolizan una infancia tan cruel como mágica, aunque suene contradictorio. El relato es conocido: fue abandonado a los 3 años por sus padres en Mendiolaza y quedó bajo el abrigo de su abuela, Pura Concepción. Las carencias dictaron su infancia. Y a los 10 años, al ingresar como caddie en el Córdoba Golf Club, dio el gran vuelco de su vida: aprendió los rudimentos de un deporte que luego lo haría millonario y conocido en todo el mundo.

Sin embargo, el Pato no asimiló la fama repentina con un debate interno. Sí quedó descolocado en un principio, pero siempre supo que sería fiel a su persona, a sus orígenes y a su gente. Con dos Majors recientes (US Open 2007 y Masters 2009), pudo haber capitalizado enormemente su imagen exitosa en el PGA Tour, aunque su apego a sus raíces lo alejaron del marketing y de las cámaras. De hecho, entiende a la perfección el inglés y lo habla, aunque defiende su identidad cordobesa como un tesoro. "Yo soy como soy. También tenés el caso de Retief Goosen, que es muy especial. Siempre fui igual: trato de cuidarme y de estar alejado del ruido".

A los 41 años, y después de más de veinte temporadas de gira por todo el planeta, son momentos en los que el Pato busca recuperar su rol de padre. Transcurrieron muchos años fuera de casa, con despedidas permanentes. Pero ahora disfruta con sus hijos en el centro de la escena. Podía adivinársele los guiños de complicidad con su hijo menor, Angelito (20), que hace unas semanas le llevó los palos por tercera vez en el Augusta National. "En realidad no es que recuperás los momentos como padre. Sí obviamente me pongo a pensar y me doy cuenta de que he perdido mucho tiempo al no estar con mis hijos, pero ya está, ya pasó. Era mi elección: yo tenía que trabajar del golf para que Angelito y Federico crecieran como lo hicieron. Así lo entendieron ellos y yo también. Además, Angelito siempre me pide llevar los palos en Augusta y le cumplo el deseo".

-Nunca te gustó alentar expectativas acerca de ellos como golfistas. ¿Cómo los ves hoy? 

-Son muy distintos. Angelito es amateur y juega muy prolijo; es más centrado. En cambio, Federico (22) es muy explosivo y va más al frente. No te puedo decir hasta dónde pueden llegar o qué les falta. Cuando los vea jugar en un tour completo durante un año ahí sí te voy a decir: "La verdad es que no va" o "Sí, tienen chances de triunfar".

-Lo bueno es que con tu nombre podés allanarles el camino. 

-Sí, pero tampoco quiero hacérselas tan fácil ¿eh? Cuando puedo consigo invitaciones, pero también deben ganárselo por mérito propio.

-¿En qué etapa estás vos? 

-Estoy en un buen momento. Lamentablemente la lesión en la muñeca me tuvo cuatro meses parado entre agosto del año pasado y enero de 2011. Soy consciente de que tengo que volver a trabajar en la parte física, pero voy bien.

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