Un paseo por Inglaterra, la pérfida Albión

Federico Chaine es un sanrafaelino que tiene dos pasiones: Viajar y leer libros. De vez en cuando, además de leer, se da el gusto de escribir algunos. En esta nota, la primera de una serie que nos ha prometido, nos muestra una galería de increíbles fotografías de uno de sus viajes por Inglaterra. Ponete cómodo y disfrutá de un maravilloso tour sin moverte de tu computadora.

En este viaje a Gran Bretaña quería darme un festín cultural e histórico por toda la geografía del viejo Imperio que dominó al mundo durante siglos con sus ideas y política agresiva.

El diplomático francés Agustín de Ximénez acuñó el término la pérfida albión en 1793 para referirse peyorativamente a los británicos que en esos tiempos regían sobre el planeta. Albión proviene del latín “albus” (blanco). Lo primero que se ve de Inglaterra navegando por el Canal de La Mancha son los blancos acantilados de Dover.

También quería cumplir un gusto personal que era disfrutar del torneo de tenis más importante del mundo y cuna del deporte blanco: Wimbledon. Era el tercer ítem en la lista de eventos deportivos que siempre quise ver: una final de Copa del Mundo FIFA (estuve en el Rose Bowl de Los Angeles en USA 94 para el tetra de Brasil ante Italia), una carrera de Fórmula Uno en Mónaco (vi el triunfo de Fernando Alonso en el Principado en 2007) y me quedaba pendiente el Court Central del All England Lawn Tennis Club.

 Volé por Air Europa desde Ezeiza a Londres con escala en Madrid. Antes de partir estuve pendiente de lo que ocurría en Islandia con el volcán de nombre impronunciable (Eyjafjallajökull) que con sus cenizas al viento obligó a cancelar cientos de vuelos al norte europeo. Para la fecha de salida, junio 2010, ya se había calmado y aterricé sin problemas en Gatwick, el segundo aeropuerto de Londres.

 Es una ciudad muy extensa y es necesario algún medio de transporte para recorrerla. Los taxis son accesibles si se viaja en grupo ya que caben hasta 5 personas pero para una sola es caro. Otra posibilidad son los clásicos autobuses rojos de dos pisos. Cuestan 1,70 libras (6,50 pesos) un viaje simple pero son lentos ya que deben sortear el intenso tráfico. Mi opción preferida son los subtes o Underground. La gente los llama “tube“. Es la red más antigua y extensa del mundo con 11 líneas y 273 estaciones. Un viaje simple cuesta 4 libras (24 pesos) pero lo ideal es sacar un Travelcard que por 5,60 libras permite moverse todo el día con el mismo boleto. En algunas estaciones hay fotos que recuerdan cuando los túneles sirvieron como refugio de las bombas nazis durante la Segunda Guerra.

Mi primera visita fue a la casa de Charles Dickens. He leído sus cuentos y novelas y me interesaba apreciar el lugar donde las imaginó. Llegué al 48 Doughty Street bajo una persistente llovizna, una compañía inevitable en cada visita a las islas. Pude ver cartas, retratos, manuscritos originales de su primera novela “Pickwick Papers” y de la tercera “Nicholas Nickleby” publicada en 1838 y escrita enteramente en esta casa. Saqué varias fotos y cuando quise hacer un primer plano del living pasé una pierna por encima de una soga y comenzó a sonar una alarma. Esperé que vinieran a reprenderme pero no apareció nadie.


Desde allí caminé al cercano Museo Británico con su imponente fachada estilo griego. Lo fundó en 1753 el físico Sir Hans Sloane. Es gratuito (gracias Su Majestad) y resulta imposible recorrerlo todo en un día. Una de las joyas de la colección es la Piedra Rosseta traída (o robada según como se mire) de Egipto y que sirvió al lingüista francés Jean F. Champollion para descifrar los jeroglíficos y comprender así su significado.

Está expuesta en la sala 25 cerca de la entrada principal. Era el único gran símbolo egipcio que me faltaba ver después de la máscara de Tutankhamón y haber estado en las pirámides. Hay colecciones de Grecia, Roma, Oriente y la prehistoria. En la sala de lectura investigaron personajes como Marx, George B. Shaw o Gandhi. 



 

Asimilando semejante cantidad de información abandoné el museo y fui en subte hasta la Catedral de Saint Paul donde se casaron Lady Di y el Príncipe Carlos en 1981. La diseñó Sir Christopher Wren y está cerca del Támesis. Vi por primera vez el famoso río desde el puente del milenio inaugurado en el 2000. Seguí hasta la City, el corazón financiero de Gran Bretaña, con altos edificios acristalados que contrastan con las viejas construcciones. Aquí van y vienen los hombres de negocios con sus trajes confeccionados en Savile Row.  (foto derecha)

Subí al “London Eye” una vuelta al mundo gigante de 135 metros de altura donde se aprecian las mejores panorámicas de la ciudad. Volví a mi hostel de solo 13 libras la noche (90 pesos) en Bayswater Road frente al Hyde Park. Estaba a 600 metros del Palacio de Kensington y fui a admirar los ornamentados jardines que lo rodean. Era la residencia de verano de la Reina Victoria y allí vivió la Princesa de Gales hasta su trágica muerte en 1997. A las 21:30 un auto con megáfono anuncia que el parque se cierra. Todo se hace con respeto cuando piden algo. El colmo es que si uno los atropella en la calle te dicen “Sorry” ya que asumen que fueron ellos quienes se metieron en tu camino sin querer. Cuando te vas a disculpar ellos lo hacen primero.

Al otro día crucé Hyde Park bordeando el lago Serpentine donde nadan los cisnes.  Estaban preparando un escenario porque había un recital de Paul McCartney y Stevie Wonder. Le gente tomaba sol, trotaba y paseaba sus mascotas aprovechando el corto verano inglés. Tomé Brompton Road y llegué al señorial edificio de la tienda más famosa del mundo: Harrod´s. Se fundó en 1834. Sus precios eran exorbitantes para mi bolsillo pero nada me impedía observar el lujo de sus 5 pisos con restaurante incluido donde se pueden comer ostras al paso o langosta pescada en el momento.

Los mejores artículos de la tierra se encuentran allí. El famoso león Christian, uno de los videos más vistos de You Tube, fue comprado aquí por sus primeros dueños. Hoy ya no venden animales salvajes. Un día al año cierran la tienda para que la Reina compre tranquila. Me acerqué al Royal Albert Hall, la sala de conciertos más tradicional y a dos museos separados por solo una calle: el de Ciencias y el de Historia Natural.

Ambos gratuitos, más cortesía británica. En el primero se cuenta la historia de los grandes avances tecnológicos. Para los que amamos ese bien tan poco apreciado, la puntualidad, hay una sala donde se ve la evolución del reloj solar hasta el atómico. Había un módulo lunar, ropa interior de  astronauta y comida compactada que llevan al espacio. En el de Ciencias una ballena azul a escala real colgaba del techo. Había un ciego haciendo reconocimiento táctil de una calavera prehistórica. Los no videntes también disfrutan. Primer mundo.


En subte de la línea Bakerloo demoré 25minutos para ir a conocer el templo del fútbol: el estadio de Wembley. Vi el travesaño donde pegó la pelota que en 1966 le dio el título mundial a Inglaterra. Se recorren los vestuarios, sala de prensa, túnel de salida y se pisa el césped. Un detalle: cuando salís a la cancha en los parlantes se escucha la multitud rugiente como si las gradas estuvieran llenas. Pone la piel de gallina. Trepamos 107 escalones hasta el Palco Real donde te hacen una foto con la F.A.Cup, el trofeo más antiguo del fútbol. También fui a Stamford Bridge el estadio del Chelsea al sur de la capital.

Dejé Londres y viajé a la ciudad de Manchester a conocer los pagos de Carlitos Tévez. Fui al emblemático Old Trafford donde juega el United. Está a 10 minutos del centro en tranvía.

Esa tarde Argentina debutaba en el Mundial de Sudáfrica contra Nigeria y lo vi en un pub esperando encontrarme con otros argentinos pero era el único para festejar el exiguo 1 a 0 final. La cerveza va y viene en las pintas (vaso de medio litro) a 1,50 libras. Beben un promedio de 5 por cabeza en una sesión. A veces no terminan una que ya piden otra porque se les calentó. Toman mucho la cerveza roja tipo Lager.

A una hora y media de Manchester está Liverpool. Fui en busca de la mística Beatle en la ciudad dividida por el río Mersey. Hice el “Magic and Mistery Tour” por 14 libras. Fuimos en bus a la casa natal de los músicos.

Me impactó por lo pequeña la de George Harrison en 12 Arnold Grove con apenas 4 metros de frente, similar a la de Ringo Star, ambas en un barrio obrero (foto derecha). La de Lennon en 251 Menlove Avenue es más grande y con jardín. La de McCartney, un término medio. Fuimos a la escuela donde se conocieron Paul y John y a los Strawberry Fields, a la vuelta de la casa de Lennon. Cuando surcamos Penny Lane el guía hizo sonar la canción homónima y viajamos mentalmente a los años 60 con la cadencia de la pegadiza melodía.

Terminamos en The Cavern en Mathew Street. Es el Club subterráneo donde comenzó la “beatlemanía”. Está remodelado y con fotos que muestran algunos de los 274 shows que brindó la banda entre sus pegadizas paredes. Hay todo tipo de mechandaising en las vitrinas.

Me saqué fotos en el mismísimo escenario donde los “Fabulosos Cuatro” cambiaron la historia del rock para siempre. En Londres caminé por la senda peatonal de Abbey Road para completar el circuito Beatle. Fui al estadio del Liverpool FC uno de los clubes más añejos y emblemáticos de Europa fundado en 1892. Visité el museo y en la tienda oficial ya tenían la camiseta de la temporada 2010/11 y estaba la de Maxi Rodríguez. Crucé un parque y fui al rival histórico, el Everton FC, de donde surgió Wayne Rooney. El estadio es más pequeño que Anfield y todavía mantiene el espíritu británico con columnas sosteniendo el techo.

Visité el Museo Naval donde vi un salvavidas original rescatado del Titanic. El capitán Smith era nativo de Liverpool. Miré por un periscopio de un submarino de la segunda Guerra y escuché el anuncio oficial de la rendición alemana con solo levantar un teléfono.   Volví a Londres y vi el partido Argentina-Corea en el comedor del hostel junto a otros viajeros. Tomé un tren de hora y media hacia Salisbury, al sudoeste. La enorme catedral terminada en 1258 tiene una aguja de 123 metros y es la más alta de Inglaterra. Es un pueblo medieval con jardines y setos perfectamente recortados. Idílico. Aquí se filmaron algunas escenas de la película “Sense and sensibility” con Ema Thompson y Hugh Grant.

A poca distancia están las ruinas de Stonehenge. Se ven las solitarias piedras que forman un reloj, según se cree, ya que todavía se desconoce el verdadero significado de este conjunto megalítico. Una serie de sogas impiden tocar las rocas de origen galés traídas desde 420 kilómetros. No me impactó tanto como otros lugares energéticos que he visitado pero vale la pena el viaje.

De regreso en Londres me interné en el núcleo político. Abadía de Westminster, donde velaron a lady Di y donde se casará su hijo William. Las Parliament Houses, el Big Ben, ícono visual londinense. Me acerqué al 10 de Downing Street, residencia del Primer Ministro, pero una reja y guardias armados impiden el paso. Medida tomada después de los atentados de 2005. Crucé Saint James Park rumbo al Palacio de Buckingham, morada de la Reina Isabel II. Ondeaba la bandera como señal de que la soberana estaba en Palacio.

 

Picadilly Circus es el centro de la movida nocturna. En la puerta de un teatro veo una larga cola de adolescentes que se estaban sacando fotos con Nick Jonas de los “Jonas Brothers”. En el Cine Odeón era el estreno mundial de la película “Crepúsculo” y allí las chicas chillaban esperando la llegada de los actores. Algunas tenían los brazos pintados con el nombre de Robert Pattinson, el vampiro galán de la saga. Salí de ese pandemónium esquivando gente y Rolls Royce estacionados. Ya son parte del paisaje callejero y a la gente no les llaman la atención. Vi el último modelo, Phantom, que también lo tiene en Argentina el zoquete de Ricardo Fort.

Embarqué en el puerto de Westminster rumbo a la mitad de la tierra en Greenwich. Es una travesía de una hora por el Támesis y se ve la ciudad desde el agua. London Bridge, Tower Bridge, Globe Theatre de Shakespeare y la zona portuaria van quedando atrás hasta llegar al meridiano 0 grados 0 minutos 0 segundos. Trepé la alta loma hasta el Royal Observatory y coloqué un pie a cada lado del mundo en el este y el oeste.

Por fin llegó el día 21 de junio y comenzaba Wimbledon. Llegué a la cola para los tickets a las 7 de la mañana y a las 11 pude conseguir entrada para el Court Central a 41 libras pero la habían rebajado a 27. No supe la causa pero le vino genial a mi bolsillo. Ingresar al All England fue un sueño cumplido. Las canchas verde esmeralda, las frutillas con crema y los mejores tenistas a solo un paso. A las 13 comenzó el partido de Roger Federer contra Falla, el colombiano que lo tuvo casi knockout. La ovación al suizo cuando apareció en el césped de “su casa” la tengo grabada en video. La atmósfera de esa cancha es única, distinta a la de la Philipe Chatrier en Roland Garros que es el otro Grand Slam que vi en París. Estuve con Nick Bolletieri, descubridor de Agassi.


El papá de las hermanas Williams me cortó el rostro cuando le pedí una foto. En las demás canchas vi a Davydenko, Hewitt, Berdych, Henin, Kirilenko y a los argentinos Chela, Schwank y Mayer que perdieron en primera ronda. Los otros partidos de cancha central fueron Jankovic-Robson y Djokovic-Rochus que terminó a las 22:58 y tuvieron que cerrar el techo. En cancha 18 vi el inicio del partido más largo de la historia del tenis entre John Isner y Nicolás Mahut. Duró más de once horas y estuvieron 3 días jugando. El triunfo fue para Isner por 70-68 en el quinto set. Irreal. Rafael Nadal fue quien levantó la copa por segunda vez en su carrera tras vencer a Berdych.

Dejé Inglaterra y partí hacia el norte en busca de las Highlands escocesas.

Pero esa es otra historia que prometo contarles en otro encuentro.

Opiniones (3)
24 de Julio de 2017|18:09
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24 de Julio de 2017|18:09
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  1. Federico, me gustó mucho la lectura del articulo. Fácil y agradable de leer y te exige continuar hasta el final y para m´+i, eso no es fácil de lograr-
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  2. Magnífico el relato, felicito la idea de hacerme compartir y conocer lugares tan interesantes.
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  3. Es una nota excelente,instructiva muy bien documentada. Espero haya más. Congratulation.!
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