Semana Santa, pescado, carnes y otras yerbas

¿De dónde viene la prohibición de comer carne en Semana Santa y la autorización a reemplazarla por pescado? ¿Por qué no comemos carne? Una divertida y curiosa recorrida por costumbres de todas las religiones

Pan de pascua, bulas papales y ayunos


Durante la Cuaresma (período de 40 días previos al Viernes Santo) los cristianos refuerzan su fe. La Cuaresma es, para los creyentes, un largo período de duelo, reflexión y sacrificio.  En tales circunstancias la dieta se somete a un conjunto de normas que abarcan desde el ayuno hasta la prohibición de ciertos alimentos.

El ayuno y la veda no son iguales para todas las Iglesias cristianas y a lo largo de los siglos han cambiado de forma notable a través de bulas papales que fueron permitiendo excepciones alimentarias. En la antigüedad las restricciones en algunos de los días Santos eran casi absolutas. Luego el pescado fue la única carne autorizada para comer.

Pero hay formas, costumbres y hasta quienes "hacían trampitas" para evitar el cumplimiento de los mandatos religiosos. Casanova, por ejemplo, cuenta en sus memorias había conseguido una dispensa escrita de un obispo para comer en los días de abstinencia los animales “que salieran del agua”. Así que este pícaro, hacía que los cerdos pasaran por un pozón de agua, y él se los iba comiendo a medida que salían"


La comida prohibida


Casi todas las religiones tienen leyes dietéticas  permanentes o periódicas sobre distintas comidas, especialmente sobre algunos tipos de carne.

Por ejemplo, para los judíos el Levítico 11 contiene un verdadero manual cárnico acerca de lo que se puede o no se puede comer: veamos las instrucciones:

2 Estos son los animales que comeréis de todos los animales que están sobre la tierra.
3 De entre los animales, todo el de pezuña, y que tiene las pezuñas hendidas, y que rumia, éste comeréis.
4 Estos empero no comeréis de los que rumian y de los que tienen pezuña: el camello, porque rumia mas no tiene pezuña hendida, habéis de tenerlo por inmundo;
5 También el conejo, porque rumia, mas no tiene pezuña, tendréislo por inmundo;
6 Asimismo la liebre, porque rumia, mas no tiene pezuña, tendréisla por inmunda;
7 También el puerco, porque tiene pezuñas, y es de pezuñas hendidas, mas no rumia, tendréislo por inmundo.
8 De la carne de ellos no comeréis, ni tocaréis su cuerpo muerto: tendréislos por inmundos.
9 Esto comeréis de todas las cosas que están en las aguas: todas las cosas que tienen aletas y escamas en las aguas de la mar, y en los ríos, aquellas comeréis;
10 Mas todas las cosas que no tienen aletas ni escamas en la mar y en los ríos, así de todo reptil de agua como de toda cosa viviente que está en las aguas, las tendréis en abominación.


Comida y religión están unidas en casi todos los casos. La detallada clasificación en las prohibiciones del Levítico, se contraponen a las del Corán, el libro sagrado del Islam, que tiene pocas prohibiciones sobre las carnes. Por ejemplo, se prohibe la carroña (carne putrefacta), la sangre y la carne de cerdo. (Corán capítulo2, 173).

Sin embargo, el calendario musulmán exige un estricto ayuno de sol a sol durante el mes del Ramadán – en el noveno mes del calendario musulmán- cuando la prohibición sobre los alimentos se vuelve completa. Durante el ayuno, no se ingiere nada de nada, ni siquiera agua.

Quedan exceptuadas de ayunar las embarazadas, los menores de edad, los ancianos, los enfermos, y “los que ejercen trabajos muy duros y que no tienen la posibilidad de encontrar otro trabajo más liviano, teniendo la intención de cambiarlo”.

Cuestión de fe o de bolsillo?


La preferencia cristiana de los argentinos explica porqué en las vísperas de Semana Santa el precio del pescado aumenta (aumentó esta semana un 50%). El incremento puede interpretarse como el resultado de un grupo que se quiere aprovechar de la fe religiosa, o como un efecto de la tensión genuina entre la oferta y la demanda, o la combinación de ambas en distinto grado.

Lo cierto es que obedeciendo un mandato dietético para la Semana Santa que tiene casi 20 siglos, durante un período estrecho la demanda de pescado en Argentina y otras partes del mundo sube de manera desproporcionada.

Es el único caso en el año. El cristianismo históricamente se  opuso a cualquier tipo de tabú dietético que se pudiera interponer como obstáculo en el camino de un posible converso (Marvin Harris). Solo dice en los “Hechos de los Apóstoles” 15:29 que se abstengan “de las carnes inmoladas a los ídolos, de sangre y de ahogados”

Y de otras yerbas

 


Hoy, la Semana Santa, aun en países como la Argentina con una densa población cristiana, despliega en su máxima conmemoración una dieta laxa que en nada se parece a las estrictas medidas del pasado. La carne sigue siendo una prohibición tácita, pero firme; y el pescado ha terminado simbolizando así a toda la dieta de la Semana Santa.

En estos días, los supermercados abundan en pescados frescos y pescados congelados. Las puntas de las góndolas se vuelven torres de latas de atún, y hasta hay mesas con bacalao salado que nunca más se verán en el año. Después de siglos y siglos , en Argentina, la mesa de Semana Santa huele a empanada de vigilia, empanada gallega, casuela de bacalao, y rosca de pascua.


A propósito de la afición hipofáfica (comer caballo) de los pueblos germanos, el papa Gregorio III consideró que se exponía a la Iglesia al poder de la caballería musulmana, y ordenó poner fin a estas prácticas.

Ya no se comería más carne de caballo. En el año 732 DC Gregorio III escribió una carta a su hermano San Bonifacio, apóstol de los germanos, diciendo: "Mencionaste, entre otras cosas, que unos cuantos de los germanos comen caballo salvaje y todavía más caballo domesticado. Bajo ninguna circunstancia has de permitir, santo hermano, que esto se haga. Antes bien imponles un castigo adecuado con todos los medios que, con la ayuda de Cristo, tengas para impedirlo. Pues esa costumbre es impura y detestable."

Hoy Argentina es el mayor exportador de carne de caballo del mundo, pero su población repudia comer carne equina. Aunque pocos lo saben, su rechazo no tiene que ver con la afinidad que despierta el porte y nobleza del caballo. No es por eso que no se come caballo en un país cristiano, es que se sigue obedeciendo un mandato papal hecho hace 13 siglos.

Costumbres, estilos, dietas. Un universo donde todos tenemos cabida. Y donde la Fe, hilo conductor, toma formas menos espirituales, para sentarnos alrededor de una mesa, en familia





(Fuente: Julián Gallo, para www.cukmi.com)

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22 de octubre de 2017 | 07:27
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