Vargas Llosa está en Argentina y no sólo hablará de libros

Sólo iba “a hablar de cosas que tienen que ver con libros”, pero su paso por Buenos Aires cobra una creciente dimensión política. El premio Nobel aludió a los intelectuales K y habló de política. Así destacan su paso en los diarios argentinos.

Según Perfil, el escritor Mario Vargas Llosa llegó a la Argentina con una agenda cargada por la política y los libros y el jueves dará una conferencia inaugural en la Feria del Libro de Buenos Aires, cuya presencia generó una fuerte polémica iniciada por intelectuales kirchneristas.

"Voy a hablar de cosas que tienen que ver con los libros, de todo lo que está asociado a los libros, que son las experiencias fundamentales de la vida, que están en el centro de las mejores cosas que nos han pasado. Creo que siguen siendo una fuente extraordinaria de placer y de felicidad para todos los lectores", afirmó el domingo pasado un día después de haber llegado a Argentina.

Pero si bien remarcó una y otra vez que el enfoque de su paso por el país sería eminentemente intelectual, el escritor se mostró en diferentes eventos y reuniones políticas que dejan clara su postura respecto al modelo ideológico del Gobierno nacional.

El premio Nobel recibió a referentes de la oposición como parte de sus actividades por su visita a la Argentina, que se centraría en la apertura de la Feria del Libro, y compartió anoche un cóctel junto a referentes de la oposición política como el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, y el ex presidente Eduardo Duhalde.

Según La Nación

 Su voz clara y cartesiana y sus ojos relampagueantes no vacilaron nunca. Salvo cuando le pedimos una opinión concreta sobre las políticas de Cristina Kirchner. Fue entonces cuando su tono bajó y sus ojos se achicaron. Era la única pregunta que no quería responder. Y no porque no tuviera formada una idea cabal sobre el kirchnerismo, sino por un asunto de pura cortesía: la Presidenta intervino en su momento para que los intelectuales K no lo censuraran en la Feria del Libro y no era de buen caballero desembarcar con críticas tan tempranas. Igualmente, media hora después de que nos despidiéramos en el inexpugnable y elegante piso 23 del Hotel Sheraton, Mario Vargas Llosa respondería esa pregunta con un gesto: compartiendo un cóctel con algunos de los principales dirigentes de la oposición. Y recomendándole a Patricia Bullrich que trataran de marchar unidos: "No hagan lo mismo que en Perú".

No se privó tampoco de aludir a quienes cuestionaron que pudiera hablar de política en la Feria. Fue cuando dijo: "Me parece triste que intelectuales, colegas que han padecido la censura, la practiquen". Tampoco eludió hablar del liberalismo: "Una de las grandes victorias de la izquierda más dogmática consiste en que la palabra liberal, que es hermosa porque está asociada a libertad, se haya convertido en una mala palabra". Visto de cerca, el flamante Nobel de Literatura es simplemente un brillante y gentil hombre de 75 años resignado a ser Vargas Llosa. No elige los temas literarios, son ellos quienes misteriosamente lo eligen a él. No elige defender apasionadamente las ideas del liberalismo puro; son su tozuda honestidad intelectual y su compromiso político los que lo alejan del claustro del novelista y lo empujan al peligroso mundo de las ideas.

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