Boca naufraga: Un frente de tormenta xeneise

En un contexto pobrísimo como el que caracteriza a Boca, Juan Román Riquelme sabe que la mayoría de las lupas acusadoras están posadas sobre él y actúa en consecuencia. Deportivamente, con todas las limitaciones que padece en el aspecto físico, el N° 10 hace la diferencia por momentos; ayer, en el primer tiempo frente a Tigre, Boca reaccionó para empatar gracias a él

En un contexto pobrísimo como el que caracteriza a Boca, Juan Román Riquelme sabe que la mayoría de las lupas acusadoras están posadas sobre él y actúa en consecuencia. Deportivamente, con todas las limitaciones que padece en el aspecto físico, el N° 10 hace la diferencia por momentos; ayer, en el primer tiempo frente a Tigre, Boca reaccionó para empatar gracias a él. Pero con el correr de los minutos se va apagando. Por todo lo que luchó por lograr un contrato millonario y por el largo tiempo de inactividad que sufrió, Román sabe que es más observado que otros y ayer no dudó en festejar su gol (fue el empate 2-2) en forma rabiosa (hasta se puso de cara a los palcos, donde estaba su familia y también Mauricio Macri, una suerte de enemigo del pasado).

"Estoy muy molesto porque no nos pueden hacer tres goles en nuestra casa. No podemos cometer tantos errores. Estamos lejos del campeonato", se lamentó el enganche.

Macri volvió y se involucró
Había transcurrido mucho tiempo desde la última vez que Mauricio Macri había presenciado un partido de Boca en la Bombonera. Pero el jefe de gobierno volvió ayer a la Ribera, en medio de un clima político muy movido, con miras a las elecciones presidenciales xeneizes de diciembre próximo. Macri observó el partido en un palco, junto con Daniel Angelici, ex tesorero de la gestión de Jorge Amor Ameal, que encabezará una lista macrista en diciembre. "Hay que empezar todo de vuelta. Hay que volver a poner a Boca entre los primeros clubes del mundo. Nunca dejé que la política se metiera en el club. Boca es sagrado, con Boca no se jode. Pero si pasa eso sería lo último que le puede pasar. Yo tengo un matrimonio de por vida con Boca. Vamos a ayudar a armar algo lindo, una lista. Me gustaría que Angelici y Salvestrini sumen fuerzas para reconstruir a Boca", señaló el ex presidente xeneize, que en su momento dijo que era un error renovarle el contrato a Riquelme.

Un ambiente irrespirable
A estas alturas, las divisiones entre los mayores referentes del equipo, Riquelme y Palermo, no son nuevas, pero tampoco dejan de resultar nocivas para el grupo. Y, se sabe, se trasladan al resto de los protagonistas. Internamente, no son buenos tiempos para Boca. Desde hace varias temporadas, las diferencias logran que el clima sea irrespirable. Hay jugadores experimentados, como Christian Cellay, que ya están pensando seriamente en marcharse de la Ribera en junio. El defensor le hizo llegar a Juan Sebastián Verón su deseo de regresar a Estudiantes. También hay actos de indisciplina, como los de Fabián Monzón, que llegó tarde a varias prácticas en la semana y Falcioni ayer lo borró.

Falcioni, lejos de la realidad
Frases del estilo "necesitamos seguir creciendo", "estamos lejos del campeonato, pero vamos a seguir luchando" o "cometimos algunos errores, pero muchos fueron por virtudes del rival" no hacen otra cosa dejar expuesto al entrenador de Boca, Julio César Falcioni. El ex conductor de Banfield carece de autocrítica y, pese a que el conjunto xeneize es apático y está realizando la peor campaña de su historia en torneos cortos, no se muestra alarmado -por lo menos exteriormente- y sigue tomando decisiones confusas que resultan improductivas para el equipo. A diferencia del Bichi Borghi, que sin que nadie se lo preguntara amagó con renunciar varias veces antes de concretarlo, la figura de Falcioni todavía no luce en la cornisa, pero con esta racha de resultados los reclamos ya se hacen oír. "Necesitamos mejorar la campaña", dijo Falcioni, que sigue probando alternativas, pero no encuentra respuestas positivas mientras los tiempos se van consumiendo.

El maleficio del goleador
Martín Palermo, seguramente, ni en las noches más pesimistas debe de haber soñado con una situación tan penosa como por la que atraviesa. En los que son sus últimos partidos como profesional, el goleador histórico xeneize padece una sequía desesperante. Ayer, frente a Tigre, el atacante fue reemplazado a los 13 minutos del segundo tiempo por Lucas Viatri y prolongó a 869 los minutos sin convertir. "Lo vamos a seguir bancando", dijo Falcioni, que en el partido de ayer ubicó a Pablo Mouche para que lo acompañara en ataque, pero ni siquiera así le llegaron asistencias claras a Palermo. Más allá de lo que aventuró Falcioni, ¿seguirá tolerando tener un N° 9 que no hace goles?
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