Aranda y su renuncia a gobernar la Policía

El ministro de Seguridad confesó ante MDZ que descree de la reforma policial que creó el ministerio que él conduce y que se siente "pro policía", como si gobernar la fuerza civilmente fuese "anti policía". La noticia pegó fuerte en el gobierno nacional y le responden expertos reconocidos.

El concepto de que el poder civil gobierne a las fuerzas de seguridad, rector de las actualizaciones legislativas que se dieron en el país en torno al funcionamiento de la policía, ha sido puesto en cuestionamiento nada menos que por el máximo responsable de esa tarea, el ministro de Seguridad.

Carlos Aranda, el abogado que fue delegado a esa tarea, se declaró “pro policial” y “contrario a la reforma policial” de la que surgió el ministerio que hoy conduce.

En declaraciones que publicó MDZ, se expresó de esa manera, embistiendo contra lo que fue concebido como una “política de Estado”, con mucho esfuerzo, por parte de la política mendocina. Lo hizo en un contexto especial: el pequeño objetivo personal de manifestar su desacuerdo con la precandidatura a Gobernador de Alejandro Cazabán, el primer ministro de su cartera.

Con un misil, Aranda pretende matar una mosca, tal como si por diferencias políticas con el presidente del momento lo que se pusiera en cuestión terminara siendo la mismísima democracia.

Así planteadas las cosas, lo dicho por el ministro de Seguridad no es menor ni ingenuo: reniega del cargo que ejerce y piensa que debería estar en manos de un policía.

Aquella reforma, aun con sus bemoles, creó el Instituto Universitario de Seguridad Pública que, si bien se quedó en una fotografía del momento en que se fundó, aspiraba a ir cambiando junto con la realidad y mejorando, cada año más y mejor, la formación no sólo policial sino también penitenciaria que, a la luz de las informaciones que surgen en torno al desempeño de unos y otros, queda claro que fue una gran apuesta, pero inconclusa.

Aranda no propone cambios, sino lisa y llanamente, volver al pasado.

Es por ello que su opinión en MDZ estremeció a los expertos del país. Y lo hace al mismo tiempo que el gobierno nacional crea un área homóloga bajo los preceptos de los que él reniega.

A la sazón, Emilio García Méndez, reconocido jurista de origen uruguayo que ocupó hasta el año pasado una banca en el Congreso y que preside la Fundación Sur Argentina, fue escueto pero contundente al referirse al tema: “El ministro –dijo- está declarando a los gritos que su función es superflua y que la policía se puede autogobernar y autoregular, pero no me parece que la realidad muestre esto. En todo caso, la consecuencia de las declaraciones del ministro debería ser su renuncia y la supresión de su puesto”.

Un debate que debe darse con altura

Aranda dijo lo que dijo y no encontró un freno en el mundo de la política, ocupado en sus cuestiones domésticas y dejando para otro momento las importantes.

Pero los expertos en la materia respondieron con fuerza, aun más allá de las fronteras de Mendoza.

Alberto Binder fue el “padre de la criatura”. Desde el gobierno de la provincia de Buenos Aires encaró por primera vez una reforma democratizadora nada menos que en La Bonaerense, reconocido como el antecedente de lo que pasó en Mendoza.

“No deja de llamar la atención las declaraciones del Ministro de Seguridad de Mendoza –explicó- que critica a las reformas policiales desde el lugar de quien esta a favor de las policías. Es singular por Mendoza fue una de las pioneras en los acuerdos políticos y en las visiones que hoy se discuten en el resto del país. Sin duda, la emergencia del Acuerdo de Seguridad Democrática catalizó dos posiciones: los que quieren manejar las policías al ´estilo antiguo´, esto es, delegando en ella toda la política de seguridad o, por lo menos, el núcleo de ellas y los sectores que propician una visión más compleja de esa política y, dentro de ella, asumir con claridad la dirección y el gobierno del sistema por parte de los dirigentes políticos que ganen las elecciones y sus equipos técnicos”.

Agregó que “dentro de este debate hay también dos modelos de policía: uno que quiere dejarla sumida en los modelos organizacionales caducos, que entiende que para ser buen policía hay que ser bravo y firme, que admite que se complemente el financiamiento con el ´derrame´ de la corrupción y que cree, en definitiva, que la policía es un ejercito en la guerra contra el crimen”.

Especificó que “el otro sector estima que ser policía en la actual sociedad democrática y compleja, frente a los nuevos desafíos de la criminalidad, requiere una profunda transformación de las organizaciones policiales, una profesionalización nueva y de alto nivel, dotar de especificidad a las tareas policiales (y no ponerlos a custodiar funcionarios, museos o hacer trámites administrativos), una inversión inteligente en dinero y la inserción del trabajo policial en una política de seguridad integral, sin la cual el accionar de la policía consiste en vaciar el mar con un jarrito”.

De inmediato, Binder se pregunta: “¿Cuál de los dos modelos es pro policía? No está mal discutirlo porque de eso se trata la democracia, lo que es necesario aclarar es que ninguna de las reformas policiales -y menos aún la mendocina- ni la nueva política de  seguridad que afortunadamente hoy se expresa en el nuevo ministerio de seguridad federal es contra la policía, todo lo contrario, estamos pensando en la policía que necesita la sociedad del siglo XXI, no la que diseño el siglo XIX”.

Un ministro “pro”

Darío Kosovsky, ex director de Transparencia del Ministerio de Defensa, sostuvo, sobre lo expresado por Aranda, que “el hecho de que quien conduce la política de seguridad se refiera a ser pro o contra una de las instituciones del conjunto de agencias cuyo accionar debe liderar da cuenta de una visión estrecha en relación a la complejidad que cualquier política pública ostenta”.

“A ningún Ministro a cargo de la cartera de Salud –agregó- se le ocurriría sostener que es pro médicos cuando se cuestiona el funcionamiento del sistema ni a pro docentes cuando se demanda socialmente la modernización del sistema educativo”. Pero aseveró a MDZ que “sin embargo, en materia de Seguridad sí se toleran estas inconsistencias por una demanda social legítima viabilizada por medios de prensa poco exigentes en cuanto a las estrategias y tecnicismos sobre cómo se implementa una política de seguridad moderna”.

“Estas respuestas –dijo- son más que ajustadas a una demanda mediática ávida de frases hechas y soluciones enlatadas del estilo de las que suelen proponer ´más policías a la calle´, ´más respaldo a la policía para su trabajo diario´ o la necesidad de ´desatar las manos de los operadores policiales´”.

Consideró –al analizar los dichos de Aranda- que “el camino opuesto e inédito a nivel federal es el que ha comenzado a recorrer el gobierno nacional con la creación del Ministerio de Seguridad. Evidentemente, para consolidarlo, aún tendrá que fortalecer mucho más el Consejo de Seguridad Interior de modo de compartir con el resto de las autoridades del país en la materia que una verdadera política de seguridad no está a favor ni en contra de nada sino que estudia fenómenos sociales y organiza a las instituciones estatales para dar la respuesta más eficiente posible para transformarlos”.

¿Exabrupto?

El contexto en el que Aranda dijo lo que dijo no es casual. La interna todo lo toca y trastoca. ¿Recién ahora se da cuenta el ministro de que su cargo no sirve para nada? ¿Con qué autoridad manda a los que cree que deben mandarse solos?

Es indudable pudo tratarse de un  exabrupto, de esos que las personas que llegan a ser ministros no cometen públicamente y ex profeso, salvo excepciones como ésta. Para aceptarlo públicamente hace falta grandeza, la misma que alcanzaría para rectificarse y seguir en el cargo el poquito tiempo que queda como si nada hubiese pasado.

Por ello, cuando la política se dé cuenta del tamaño que puede adquirir la afirmación del ministro, habrá que analizar sus consecuencias en el control y conducción de una policía cuyos peores factores están a la espera de gestos como éste para desmadrarse, como ya ha ocurrido no una, sino muchas veces.

En cambio, si no fue un exabrupto, habrá que considerar que, como entendió García Méndez, el señor ministro ha renunciado a gobernar la policía.
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