A tres años de un misterioso doble homicidio, no hay nada esclarecido

El domingo 30 de enero del 2005, Pedro Zotomayor y Elena Vargas salieron de su casa del barrio Champagnat para pasear a sus perros y no hubo rastros de ellos hasta el día siguiente, que aparecieron en el pedemonte brutalmente asesinados. Se manejaron varias hipótesis, incluso hasta un asesinato relacionado a un ritual satánico. Lo cierto es que hoy no hay detenidos ni pistas y la causa quedó archivada. Votá en la encuesta sobre las causas del estancamiento.

Hace exactamente tres años, el domingo 30 de enero del 2005, Pedro Zotomayor (43) y su esposa Elena Vargas (37) fueron asesinados brutalmente en el pedemonte mendocino, en el sector comprendido entre el barrio Dalvian y la UNCuyo.

Los cuerpos sin vidas fueron hallados al día siguiente al lado de un aguaribay y desde el primer momento, las dudas y el misterio se apoderaron del caso, que presentaba ciertas características “extrañas”, y que nunca fue resuelto, quedando la archivada. Hoy no hay ni pistas ni sospechosos.

Macabro hallazgo

Zotomayor y Vargas –oriundos de San Juan, pero domiciliados en el barrio Champagnat - tenían por costumbre salir a caminar todos los domingos a la siesta, después del almuerzo. Y aprovechaban la ocasión para pasear a sus dos perras. Ese día, decidieron llevarlos al pie de los cerros, por lo que cruzaron la avenida Champagnat y enfilaron hacia el oeste. Y esa fue la última certeza sobre las acciones realizadas por el matrimonio y lo acontecido.

Es que nunca volvieron a su domicilio y, cuando su hija y entorno comenzaron a preocuparse por la demora, dieron aviso a la policía.

Cuando estaba cerca de cumplirse las 24 horas de la desaparición del matrimonio, los uniformados que rastrillaban la zona del pedemonte hallaron los cuerpos sin vida en una posición extraña, que sería el primero de una serie de indicios y características poco claras: al pie del árbol, la mujer yacía acostada, boca arriba y su marido encima de ella.

Era evidente que no habían muerto así, sino que alguien los había colocado en esa posición después de muertos. Tanto el hombre como la mujer presentaban numerosos golpes por todo el cuerpo, mientras que Zotomayor tenía, además, un balazo en la cabeza.

Junto a los muertos, los uniformados encontraron a uno de los animales, que se había ubicado al lado de las víctimas y no se había movido en ningún momento. Pero a la segunda perra la hallaron enterrada, a unos metros de los cuerpos.

Otro de los aspectos llamativos es que los asesinos cambiaron los collares de las perras entre sí, sin que éstas siquiera los ataquen o los muerdan.

Varias hipótesis, ninguna certeza

De inmediato comenzaron a manejarse distintas hipótesis, descartando desde un principio que se tratara de un robo. Es que su hija Cintia, de 19 años por aquel entonces, indicó desde un principio que sus padres no llevaban dinero ni nada de valor, además –por la golpiza que le asestaron a los dos-, se evidenciaba que la violencia de los atacantes iba más allá de un mero asalto.

Lo primero de lo que se habló fue de un crimen para silenciar al hombre, que –supuestamente- había sido testigo accidental y vio algo que no tendría que haber visto, siendo esta la hipótesis menos mística y novelesca, junto con algún posible problema familiar entre el matrimonio y otro pariente, aunque cuando los investigadores viajaron a  San Juan, nada lograron averiguar.

Es que las otras versiones hablaban de una suerte de rito satánico que los asesinos habían llevado a la práctica con ellos, hipótesis fundamentada por la posición en que ubicaron sus cuerpos y porque Zotomayor, en uno de sus bolsillos, llevaba un ramito de ruda.

Siguiendo en la línea de lo místico, días antes de que sus padres fuesen asesinados, Cintia relató que había soñado que su madre iba corriendo vestida de blanco, con una herida en uno de sus brazos y que la perseguía un auto. Justamente, en el brazo donde la joven había soñado que estaba herida, el cadáver de la mujer presentaba una fractura.

Estancada

A 1.095 días del macabro episodio, la causa no registra avances. Lejos de ello, está archivada y no hay detenidos o sospechosos, ni siquiera pistas.

En un primer momento fue instruida por el fiscal Carlos Navarro, pero luego pasó a manos de Liliana Curri.

 

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