Tato Bores stand up: la política argentina en clave de humor

Renovó el lenguaje del humor político. Durante más de treinta años azuzó la conciencia de los argentinos con su dura crítica al poder y a nuestro modo de ser. Y dijo lo que nadie podía o quería decir: "Así que mis queridos chichipíos, la neurona atenta, vermouth con papas fritas y ¡good show!".

La sagacidad de sus comentarios, la crítica sutil que evitaba la censura cautivó a los televidentes. Por eso, Mauricio Borensztein, "Tato" (1925-1996), con sus monólogos y declaraciones se metió de lleno en la realidad política nacional.

Sus monólogos, escritos junto a Landrú, César Bruto, Jordán de la Cazuela, Aldo Camarotta y Santiago Varela, eran torrentes de palabras lanzadas a increíble velocidad al punto de que el espectador tenía que esforzarse para no perder el hilo de su razonamiento. Aquí, algunas de sus palabras e ideas, de una vigente notable.

"Vivir se puede pero no te dejan".

“Con Landrú nos divertimos como locos, podíamos decir cualquier cosa. No se podía hablar de Perón ni del peronismo, pero todas las demás se las bancaban".

"El monólogo tiene una clave: es una especie de reportaje político; yo leo los titulares de los diarios y cuento las noticias en el escenario agregándole un comentario jocoso. Pero siempre hay que actualizar la información: un chiste político del jueves no hace reír el viernes".

"Yo no tengo miedo a opinar, tengo miedo de convertirme en otro imbécil más que por el hecho de ser notorio se cree que al público le interesa su opinión. ¿Por qué un artista o un tipo notorio tiene que andar diagnosticando, tirando la precisa? ¿Acaso uno por tener un cacho de fama sabe más que un albañil, que un colectivero? Por favor, dejémonos de jorobar..."

"Yo podría ser llamado un actor cómico, pero prefiero "artista cómico". Por una flor de razón: porque así se gana más dinero".

"El que sabe, sabe y el que no es jefe",



"En este país es más sencillo conseguir escarbadientes de Argelia, dulce de leche de Groenlandia y bifes de chorizo de Andorra, que un protagonista político arrepentido”.

“¡Qué país! ¡Qué país! ¡No me explico por qué nos despelotamos tanto.... si éramos multimillonarios! Usted iba y tiraba un granito de maíz y ¡paf!, le crecían diez hectáreas... Sembraba una semillita de trigo y, ¡ñácate!, una cosecha que había que tirar la mitad al río, porque no teníamos dónde meterla... Compraba una vaquita, la dejaba sola en el medio del campo y al año se le formaba un harén de vacas. Créame, lo malo de esta fertilidad, es que una vez, hace años un hijo de puta sembró un almácigo de boludos y la plaga no la pudimos parar ni con DDT. Aunque la verdad es no me acuerdo si fue un hijo de puta que sembró un almácigo de boludos  o un boludo que sembró un almácigo de hijos de puta”.

“La verdad es que no conviene ser presidente, sino vice. Si las cosas marchan bien, el presidente anda de viaje y el vicepresidente disfruta de la vida. Ocupa el sillón presidencial, se fuma los cigarros del presidente, abre los cajones, le lee las cartas y se divierte como loco. Y si las cosas marchan mal, al presidente lo echan y el vice se queda de patrón”.

“Ya calmado, me coloqué los guantes de amianto que me pongo siempre antes de tocar los diarios, que cada mañana están que queman”.

“Usted sabe muy bien que si a los chicos no les decimos la verdad, cuando crecen terminan trabajando en el Departamento de Estadísticas y Censos”.

“Escucho los discursos de los políticos y me parece estar escuchando un disco rayado. Por eso me pregunto: ¿no será que de escuchar siempre el mismo disco los argentinos nos estamos rayando?”.

“Ser argentino mucho tiempo seguido es muy difícil”.

"Tenemos que conseguir el sinceramiento de quienes tuvieron papeles protagónicos en nuestra historia. Ya sea de uniforme, de traje o mameluco. Porque si no, en lugar de encontrar la salida que anhelamos vamos a seguir dando vuelta al laberinto de Creta... Como les pasó a todos los cretinos”.

En el mundo entero hay un clima generalizado en contra de los políticos. Pero si no hay políticos, ¿quién es el que está al frente de un país? Hay que bancarse a los políticos chorros, a los malos, los imbéciles porque siempre aparece uno que no es tan imbécil ni tan chorro. Cuando me dicen que fulano es un bandido yo digo y, bueno, ¿por quién me lo cambiás? ¿Por un general? Puedo hacerle cualquier chiste a Menem pero no a su investidura aunque menefrego de la palabra desacato y me parece una antigüedad total eso de hacer juicio por desacato".

"¡Yo voy a tratar de estar acá todo el tiempo posible para seguir jodiendo!", decía señalando a políticos y funcionarios.

"De entrada enfilo para la plaza Lavalle y ahí me encuentro con mi gran amigo el jubilado José Angustia que estaba haciendo un fueguito debajo de la cacerola.
-José, ¿qué estás haciendo? ¿Un curso de cocina?
-No, Tato, esto es una olla popular.
-¿Una olla popular? La verdad es que ustedes los jubilados no se privan de nada. ¡Se dan todos los gustos! La gente, al final, habla por hablar.
-No cargue, Tato; además, el problema es que tenemos la olla popular vacía. Tato, ¿usted no podría donar una papa, una batata, un cacho de choclo? Cualquier cosa, Tato. El estómago de un jubilado no le arisquea a nada (...).
-Pero, escuchame, ¿cómo se les ocurre calentar una olla vacía?
-Lo que pasa, Tato -me dijo José Angustia con lágrimas en los ojos-, es que agua no podemos poner por miedo a que esté contaminada, guita para lavandina no tenemos y los porotos que usábamos para el truco vino la brigada antidroga y se los llevó en cana por sospechosos. O sea...
-Ya sé, o sea que lo único que pueden hacer es morfarse el cucharón.
-Ojalá, Tato. Si tuviera dientes me lo comería ya mismo, pero la prótesis que compramos entre todos a mí recién me toca en octubre.
-Tato -interrumpió otro jubilado, José Miseria, mientras chupaba un cacho de adoquín-, ¿usted no podría decirme si el miércoles también nos van a censar a nosotros?
-Por supuesto. Se van a meter hasta debajo de los zócalos. Van a censar a todos. ¿Por qué me preguntás eso?
-Se lo pregunto, Tato, porque se trata de un censo de personas, pero de nosotros, los jubilados, no dicen nada.
-No exagerés. Es de golpe bajo.
-¡Golpe bajo los beizes, Tato! Si creyeran que nosotros también somos personas no nos tratarían así".

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"Me las tomé rumbo a Tribunales (...). Entro y me topo con un enjambre de periodistas y camarógrafos que andaban en bandada metiéndole el micrófono a cuanta toga se les cruzaba en el camino.
-Pero, ¿qué es esto? ¿Qué pasa aquí?
-Lo que pasa, Tato -me contestó mi gran amigo el periodista José Móvil Uno-, es que con el tema de la corrupción, la droga, los coches importados y la Aduana trucha, los jueces ahora son noticia. Usted no puede hacer un noticiero si no tiene, por lo menos, un bloque con declaraciones del juez (que nunca puede decir nada por eso del secreto del sumario).
-Me parece que exagerás un poco.
-Exagero un corno, Tato. Antes, en los diarios, la parte de Tribunales era chiquita así. Ahora en cualquier momento sacan un suplemento con pósters de los jueces a cuatro colores. Antes a los magistrados no los conocían ni los parientes, pero ahora, si usted quiere hacer un programa de televisión con rating, además del sexólogo tiene que invitar, por lo menos, a dos jueces, un fiscal y tres defensores”.

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"No bien llegué me salió al cruce mi gran amigo José Yo hice la plata trabajando… los otros que estaba exultante como gorda que bajó tres gramos y sale a festejar con paella de ravioles.
-¡Tato, Tatín, querido Tato de mi corazón!– Me dio un abrazo de un millón de dólares a canjear mitad en Bonex serie “El día del arquero” mitad en Menem truchos – ¡Acerquesé a festejar que el verdadero peronismo ha vuelto al Gobierno! ¡Somos el subsuelo de la patria redivivo y coleando!
- No te me ofendás, José– le dije mientras aceptaba integrar el directorio de una obra social, el patronato de un comedor popular y la postulación para la comisión directiva de un club del ascenso. –No te me ofendás –decía -pero el subsuelo de la Patria lo privatizaron los verdaderos peronistas de hace unos años, muchos años después que lo nacionalizaran los verdaderos peronistas del principio de la cosa ¿nocierto?
-¡Pamplinas, Tato! ¡Paparruchadas!– me dijo mientras mudaba de piel, se le metían para adentro las patillas, se le juntaban los ojos y la nariz se le ponía aguileña y del sur -El peronismo es un número primo. Se divide sólo en uno y sobre sí mismo ¿Me entiende? Hoy vamos todos juntitos para allá, y mañana volvemos todos juntitos para acá. Lo importante es no sentirse solo. ¿No quiere salir en la foto?
La peluca me entró en alerta roja, alegué un compromiso importantísimo de último momento, le palmeé el estrabismo, le di un abrazo, le dejé una caja de preservativos con un cartelito que decía “Si van en patota usen uno cada uno y vayan de a uno, que el amontonamiento siempre conduce a lo mismo los que estamos abajo podemos dar fe”, metí cuarta en los patines y me fui de raje hacia el palco a ver si la cosa mejoraba.

"A seguir laburando, vermouth con
papas fritas y ¡good show!"

"... Yyo todavía, yo todavía tengo confianza, tengo confianza, por eso le digo a los políticos y a los funcionarios -no a todos los políticos ni a todos los funcionarios porque hay que preservar las instituciones- algunos políticos y algunos funcionarios que están ahí viéndome, si siguen haciendo las cosas que están haciendo yo voy a tratar de estar acá todo el tiempo posible para seguir jodiendo! Y para cuidarlos también...  Y para preservarlos de la máquina de cortar boludos; porque si pusiéramos la maquina de cortar boludos dentro de la maquina del túnel del tiempo, y se pusiera a cortar boludos históricos con retroactividad... otra hubiera sido la historieta hoy! Historieta que como país, no creo que nos merezcamos - esto lo dice mi libretista Santiago Varela... yo... no estoy tan seguro! Un cacho de culpa tenemos también...! Por eso les digo, mis queridos chichipíos, seguir laburando, vermouth con papas fritas, y... (aplaudiendo dos veces, levantándose y terminando el monólogo como todos los domingos) GOOD SHOW!!!"

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"Ayude a Cavallo: no pague por el pito más de lo que el pito vale", 9 de junio de 1991.
“Salgo y me encuentro con mi gran amigo el analista político José Yo Te La Explico.
—José, vos que sos un especialista cantame la justa. ¿Cómo es el estofado? Adelina se quiere separar de Alsogaray. Duhalde se quiere despegar de Cafiero para que no lo confundan. Los radicales se quieren abrir de Alfonsín; todos los que antes decían que con don Raúl eran como chanchos ahora dicen conocerlo sólo de vista. Hasta Rico, que con Seineldín eran tujes y calzoncillo, ahora no le quiere ni prestar la pomada. ¿Cómo es la cosa?
—Fácil, Tato. Es como el baile de la escoba. Cada vez que hay elecciones tiran la escoba y todo el mundo a rajar y a buscar pareja nueva. Nadie quiere quedarse pegado”.

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"A cada privilegio le llega su San Martín", 21 de julio de 1991.
“Escúcheme Tato, —me dijo el cafetero José Bandeja—. Aquí el tema no es la guita sino que los diputados pongan el glúteo en la banca, que para eso los votamos.
—Lo que pasa, Tato —intervino Pierri tomándome del brazo— es que algunas leyes las usan para jugar a las figuritas. Te doy esta ley por esta otra. Te cambio esta difícil por tres fáciles. Se da cuenta Tato, ésta es la verdad de la milanesa. No es solamente que algunos diputados se rajan, que sí se rajan; no es solamente que algunos estén dedicados a la campaña, que sí están dedicados a la campaña; no es solamente que algunos faltan porque se les cantan los fueros, que sí faltan, sino que además está esto de las transas. Y cambiarlo va a ser más difícil que hacer gárgaras boca abajo —concluyó Pierri con mirada triste, me regaló un preservativo con un cartelito que decía ‘Para uso exclusivo de la Cámara. Trate de no utilizarlo mientras hace uso de la palabra’ y se las tomó".

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"Melena pone impuestos como ninguno y en cada dólar pone su corazón", 30 de junio de 1991.
Puse los patines en quinta y en menos de lo que canta un mirlo llegué a la Casa de Gobierno. Ahí me sorprendió que, en lugar del granadero de siempre, estaba una tortuga ninja.
—Alto, ciudadano Tato. Son quince lucas la entrada.
—¿Cómo quince lucas?
—En realidad, son quince lucas a la entrada y quince lucas a la salida.
—¿Esto es un afano! ¡Cuándo estaban los granaderos esto no pasaba!
—Es probable, ciudadano Tato, pero los granaderos daban pérdida; por eso decidieron privatizar el servicio. Así que ahora el que no se pone no pasa.
—De acuerdo, —dije mientras gatillaba—, pero entonces no me llames ‘ciudadano Tato’, llamame ‘cliente Tato’, porque en este ispa cada vez somos menos ciudadanos y más clientes”.

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"Menem canta el Hava naguila como ninguno y en cada verso pone su corazón", 13 de octubre de 1991.
“Seguí mi recorrida y en un rincón, me encuentro a los de la Corte Suprema que estaban con caras de masticar mandarinas verdes.
—Primero nos dan la autarquía, después cuando nos tomamos la autarquía en serio nos suspenden la autarquía —se quejaba el Ministro Petracchi.
—Dejalos —decía Barra—; ya van a venir con el caballo cansado a pedir acordadas de apuro.
—Lo que pasa, usías —opinó Arslanián—, es que una cosa es que el Poder Judicial tenga autarquía y otra es que se fijen sueldos que van de los 6000 a los 11.000 dólares.
—¿Y qué? —preguntó Levene—. ¿Acaso Menem no habló siempre del salariazo? Bueno, éste es el salariazo.
—¿Eso! —afirmó el Dr. Barra—. El salariazo bien entendido empieza por casa. Res, non verba: hechos, no palabras”.
"Para el que tiene hambre más le vale huevo hoy que gallina mañana", 20 de octubre de 1991.
“Como se me hacía tarde yo también me las tomé en busca de la sonrisa perdida. Y a ustedes, mis queridos caníbales, les recomiendo lo mismo: cuando estén muy rayados traten de reírse de lo mismo que los raya. Cada día una risita estimula y sienta bien. Y, mientras tanto, a seguir laburando, la neurona siempre atenta, vermouth con papas fritas y good show!”.

"El señor tiene razón: la culpa de todo la tiene El Otro", una de las frases de Tato.

"La culpa de todo la tiene el ministro de Economía, dijo uno. ¡No señor! dijo el ministro de Economía mientras buscaba un mango debajo del zócalo. La culpa de todo la tienen los evasores.

¡Mentiras! dijeron los evasores mientras cobraban el 50 por ciento en negro y el otro 50 por ciento también en negro. La culpa de todo la tienen los que nos quieren matar con tanto impuesto.

¡Falso!  dijeron los de la DGI mientras preparaban un nuevo impuesto al estornudo. La culpa de todo la tiene la patria contratista; ellos se llevaron toda la guita.

¡Pero, por favor...!  dijo un empresario de la patria contratista mientras cobraba peaje a la entrada de las escuelas públicas. La culpa de todo la tienen los de la patria financiera.

¡Calumnias! dijo un banquero mientras depositaba a su madre a siete días. La culpa de todo la tienen los corruptos que no tienen moral.

 ¡Se equivoca! dijo un corrupto mientras vendía a cien dólares un libro que se llamaba "Haga su propio curro" pero que, en realidad, sólo contenía páginas en blanco. La culpa de todo la tiene la burocracia que hace aumentar el gasto público.

¡No es cierto! dijo un empleado público mientas con una mano se rascaba el pupo y con la otra el trasero. La culpa de todo la tienen los políticos que prometen una cosa para nosotros y hacen otra para ellos.

¡Eso es pura maldad! dijo un diputado mientras preguntaba dónde quedaba el edificio del Congreso. La culpa de todo la tienen los dueños de la tierra que no nos dejaron nada.

¡Patrañas! dijo un terrateniente mientras contaba hectáreas, vacas, ovejas, peones y recordaba antiguos viajes a Francia y añoraba el placer de tirar manteca al techo. La culpa de todo la tienen los comunistas.

¡Perversos! dijeron los del politburó local mientras bajaban línea para elaborar el duelo. La culpa de todo la tiene la guerrilla trotskista.

¡Verso! dijo un guerrillero mientras armaba un coche-bomba para salvar a la humanidad. La culpa de todo la tienen los fascistas.

¡Malvados! dijo un fascista mientras quemaba una parva de libros juntamente con el librero. La culpa de todo la tienen los judíos.

¡Racistas! dijo un sionista mientras miraba torcido a un coreano del Once. La culpa de todo la tienen los curas que siempre se meten en lo que no les importa.

¡Blasfemia! dijo un obispo mientras fabricaba ojos de agujas como para que pasaran diez camellos al trote. La culpa de todo la tienen los científicos que creen en el Big Bang y no en Dios.

¡Error! dijo un científico mientras diseñaba una bomba capaz de matar más gente en menos tiempo con menos ruido y mucho más barata. La culpa de todo la tienen los padres que no educan a sus hijos.

¡Infamia! dijo un padre mientras trataba de recordar cuántos hijos tenía exactamente. La culpa de todo la tienen los ladrones que no nos dejan vivir.

¡Me ofenden! dijo un ladrón mientras arrebataba una cadenita a una jubilada y, de paso, la tiraba debajo del tren. La culpa de todo la tiene los policías que tienen el gatillo fácil y la pizza abundante.

¡Minga! dijo un policía mientras primero tiraba y después preguntaba. La culpa de todo la tiene la Justicia que permite que los delincuentes entren por una puerta y salgan por la otra.

¡Desacato! dijo un juez mientras cosía pacientemente un expediente de más de quinientas fojas que luego, a la noche, volvería a descoser. La culpa de todo la tienen los militares que siempre se creyeron los dueños de la verdad y los salvadores de la patria.

¡Negativo! dijo un coronel  mientras ordenaba a su asistente que fuera preparando buen tiempo para el fin de semana. La culpa de todo la tienen los jóvenes de pelo largo.

¡Ustedes están del coco!  dijo un joven mientras pedía explicaciones de por qué para ingresar a la facultad había que saber leer y escribir. La culpa de todo la tienen los ancianos por dejarnos el país que nos dejaron.

¡Embusteros! dijo un señor mayor mientras pregonaba que para volver a las viejas buenas épocas nada mejor que una buena guerra mundial. La culpa de todo la tienen los periodistas porque junto con la noticia aprovechan para contrabandear ideas y negocios propios.

¡Censura! dijo un periodista mientras, con los dedos cruzados, rezaba por la violación y el asesinato nuestro de cada día. La culpa de todo la tiene el imperialismo.

Thats not true! (¡Eso no es cierto!) dijo un imperialista mientras cargaba en su barco un trozo de territorio con su subsuelo, su espacio aéreo y su gente incluida. The ones to blame are the sepoy, that allowed us to take even the cat (la culpa la tienen los cipayos que nos permitieron llevarnos hasta el gato).

¡Infundios! dijo un cipayo mientras marcaba en un plano las provincias más rentables. La culpa de todo la tiene Magoya.

¡Ridículo! dijo Magoya acostumbrado a estas situaciones. La culpa de todo la tiene Montoto.

¡Cobardes! dijo Montoto que de esto también sabía un montón. La culpa de todo la tiene la gente como vos por escribir boludeces.

¡Paren la mano! dije yo mientras me protegía detrás de un buzón. Yo sé quién tiene la culpa de todo. La culpa de todo la tiene El Otro. ¡EL Otro siempre tiene la culpa!

¡Eso, eso! exclamaron todos a coro. El señor tiene razón: la culpa de todo la tiene El Otro.

Dicho lo cual, después de gritar un rato, romper algunas vidrieras y/o pagar alguna solicitada, y/o concurrir a algún programa de opinión en televisión (de acuerdo con cada estilo), nos marchamos a nuestras casas por ser ya la hora de cenar y porque el culpable ya había sido descubierto. Mientras nos íbamos no podíamos dejar de pensar: ¡Qué flor de guacho que resultó ser El Otro...!

Patricia Rodón

Opiniones (2)
9 de Diciembre de 2016|15:06
3
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9 de Diciembre de 2016|15:06
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  1. A QUIEN NO LE GUSTE QUE SE LAS BANQUE. ME HUBIERA GUSTADO QUE ESTUVIERA ENTRE NOSOTROS HOY EN DIA. SABEN LA JODA QUE SE HUBIERA MANDADO, NI LES CUENTO.-
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  2. Señor que estás en los cielos: canjeamos a Tato Bores y a Jorge Guinzburg por Ricky chocotorta Fort, Cristian U y los Moyano. Si sacás cuentas, ganamos todos, porque nosotros volvemos a tener a dos genios acá y vos vas a tener gente que vas a poder poner a laburar allá arriba. Ya que nunca lo hicieron acá abajo, van a estar fresquitos!
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