Los empresarios hacen silencio por reelección

"El Gobierno utiliza con los empresarios y desde hace bastante tiempo una lógica binaria en la que se es amigo o enemigo; nada más lejos de la realidad: La lógica que el Gobierno utiliza con los empresarios no es amigo o enemigo. Es mucho peor: amigo o esclavo."Lo real es que en los últimos tiempos ha vuelto el mutismo empresarial, el silencio como respuesta, la crítica velada por debajo y la adulación edulcorada hasta el ridículo en público. Ha vuelto el temor a la represalia

Llovía en Buenos Aires. La ciudad se dejaba apreciar con una formidable vista abierta desde la oficina de este encumbrado empresario, uno de los pocos que tienen relación directa con los principales hombres de negocios del país. Este cronista dialogaba sobre cómo son los tiempos de los empresarios en la Argentina actual. "El Gobierno utiliza con los empresarios y desde hace bastante tiempo una lógica binaria en la que se es amigo o enemigo...", dijo este cronista, café en mano. "¡No!", interrumpió el ejecutivo mientras miraba de reojo un monitor con tamaño de televisor en el que se anunciaba que Julio Cobos había desistido de ser candidato presidencial. "Nada más lejos de la realidad -prosiguió después de su rotundo no-. La lógica que el Gobierno utiliza con los empresarios no es amigo o enemigo. Es mucho peor: amigo o esclavo."

Hubo varios motivos y la Argentina pendular ha hecho lo suyo. Lo real es que en los últimos tiempos ha vuelto el mutismo empresarial, el silencio como respuesta, la crítica velada por debajo y la adulación edulcorada hasta el ridículo en público. Ha vuelto el temor a la represalia.

Como en las mejores épocas de Néstor Kirchner con látigo en mano, la clase empresarial vuelve a optar por un cuestionable exceso de prescindencia frente a cuestiones no sólo económicas, sino políticas o institucionales. ¿El motivo? Muchos, según se hable con uno u otro. ¿El denominador común? Una suerte de consenso generalizado de que, de mantenerse las cosas como están, el oficialismo se alzará con las elecciones de octubre. Entonces, nadie quiere quedar del otro lado de la raya con un Gobierno que, según el consenso entre los consultados, radicalizará las posturas y volverá su vista sobre el planeta empresarial con una carga ideológica mucho mayor.

El mundo de las bocas cerradas o de las palabras anónimas no sólo alcanza a los empresarios. Cuentan que Damocles era el cortesano más adulador de Dionisio II, un tirano que reinaba en la actual Sicilia en el siglo IV a.C. Cansado de tantas adulaciones, el rey propuso a su cortesano intercambiar los roles en un festín. Así fue, pero el monarca hizo pender una afilada espada sobre la cabeza de su súbdito, a la que la mantenía apenas un pelo de crin de caballo. Poco después, el cortesano abandonó la corte.

Desde hace algunas semanas, apenas una crin sostiene las sanciones que el Gobierno aplicó a las principales consultoras económicas de la Argentina. Desparramó multas por $ 500.000 por medir la inflación. Algo así como una multa por contradecir a la maltrecha usina de estadísticas que es el Instituto de Estadística (Indec). ¿El resultado? Algunas dejaron de medirla; otras siguieron, pero cuidan cómo y a quién le distribuyen los contenidos del relevamiento; la mayoría dejó de opinar sobre el aumento de precios con nombre y apellido y sí lo hacen en forma anónima. Más silencio para un sector que antes se expresaba.

Los hombres de campo ya conviven con inspectores de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), que llegan a los campos, abren tranqueras y se suben a las cosechadoras a medir los rindes de la campaña de soja. Anotan y se van. Más allá de las facultades de inspección que tiene el organismo, estos son procedimientos inéditos en la Argentina. Los hombres de campo están preocupados y prefieren, vaya novedad, hablar lo menos posible. Las empresas de consumo masivo vuelven a mirar con preocupación el regreso por más del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. El hombre ha vuelto a ganar protagonismo y han regresado los tiempos de las medialunas atragantadas con llamados de madrugada.

"Cristina Kirchner es la más morenista del Gobierno. Y si no, hay que mirar lo que sucedió con las consultoras económicas", contaba otro empresario con acceso a varios despachos de la Casa Rosada. Conocedor de lecturas entre los pliegues de la política, el hombre traía a cuento lo que sucedió con los intelectuales de Carta Abierta -un grupo afín al kirchnerismo- cuando quisieron impedir la palabra del premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, en la próxima Feria del Libro. "En el mismo momento que Cristina desactivó esa movida, Moreno aplicaba como si nada las sanciones a las consultoras económicas. Para una cosa existió el freno presidencial y el operativo Vargas Llosa se paró. Para la otra, hubo luz verde y las multas avanzaron", reflexionó.

"Moreno maneja la política económica argentina. Cada vez más. Olvídese, esto es así y Cristina está muy satisfecha con eso", dijo, tajante, el miércoles a la tarde, un operador político cercano al kirchnerismo. ¿Sólo eso cambió para el regreso de este miedo escénico al tablero empresario de la Argentina? "No. Lo mas importante que sucedió es que se murió Néstor", contestó.

Allí se remonta, y se resume todo, o por lo menos, la mayoría, coinciden los consultados. A principios de octubre pasado, en Mar del Plata, La Nacion dialogó con decenas de empresarios y ejecutivos de primera línea que participaban del Coloquio de Instituto para el Desarrollo Empresarial Argentino (IDEA). A varios de ellos volvió a llamar para esta nota. Entonces, los gustos electorales de los argentinos estaban claros. Imperaba una división del electorado en tres tercios: uno oficialista, otro para el Peronismo Federal y el tercero para el radicalismo. Lectura final de la mayoría: es el fin del kirchnerismo. Néstor, por entonces virtual candidato para que el oficialismo se mantuviera en la Casa Rosada, perdía con cualquiera que se le pusiera enfrente en un ballottage.

Con ese escenario como seguro, la palabra de los hombres de negocios empezaba a salir del freezer. No se había descongelado del todo, pero el calor de un seguro cambio envalentonaba algunas gargantas adormecidas por años. Ya casi que se podía hablar en serio con muchos empresarios. Pero todo cambió. Kirchner murió pocos días después y el escenario se movió. Y lo primero que se modificó es la imagen del oficialismo, que pasó de alrededor del 30% de percepción positiva al 45%. "Esta Argentina es increíble. Dos muertes (la de Kirchner y la de Raúl Alfonsín) son las que determinan los candidatos presidenciales actuales. Cristina era una candidata con el 30% de los votos y pasó al 45%; y Ricardo Alfonsín no registraba peso y ahora está en carrera presidencial", se lamentaba un ejecutivo de primer nivel de una empresa de servicios públicos. "Con este panorama, nadie quiere hablar y nadie se quiere quejar", agregó.

Cambios profundos
La muerte de Kirchner también cambió el esquema de poder dentro de una administración que lo tenía como vértice de las decisiones. Apareció La Cámpora con sus dirigentes jóvenes rebosantes de ideología y, como se dijo, volvió a las tablas Moreno, con sus métodos. "No sólo eso -decía un ejecutivo de una de las 20 empresas más importantes del país, mientras iba rumbo a Ezeiza-. Ganó mucho poder [Carlos] Zannini y se cayó [Julio] De Vido. Hoy nadie habla con Julio. Prácticamente no está operativo para muchos temas que hasta hace poco tiempo manejaba sin problemas. Nosotros recurrimos a [Amado] Boudou o a [Débora]Giorgi para temas que hasta hace poco los llevaba De Vido."

Los empresarios lamentan la capa caída del ministro de Planificación Federal. El hombre ya no tiene el peso que tenía y su lugar, dicen, está vacante. ¿Y La Cámpora? "¿La Cámpora? Por favor, hay una sobreactuación de estos chicos que cabalgan en esta sensación que la elección ya se ganó y que nadie los puede parar. Es verdad que ahora desde la Casa Rosada los llaman para cubrir cargos que antes digitaban otros, pero la verdad es que su papel con el mundo de los empresarios aún es pobre. Lo que sí sucede es que se ha marcado mucho más la veta autoritaria", agregó el ejecutivo.

Pero no sólo los rasgos se acentúan en la Casa Rosada. Del otro lado, entre los empresarios, sucede lo mismo. La división y los intereses particulares que siempre caracterizaron a este sector ahora están más firmes que nunca. Incluso más aún desde que se desató la interna en la Unión Industrial Argentina (UIA) por la sucesión de Héctor Méndez en el cargo de presidente de la entidad. Todo terminó con la renuncia de Méndez y el anuncio del próximo mandato de José Ignacio de Mendiguren. Pero quedaron heridos, muchos. Lejos de la cohesión y mucho lejos más de portar una voz conjunta, el empresariado ha caído en el acuerdo individual y el silencio para no ser visto.

"Lamentablemente vivimos en una sociedad que está como adormecida, con los brazos caídos, y los dueños o dirigentes de empresas no escapan a ese diagnóstico -dice Juan José Aranguren, presidente de Shell Argentina y uno de los pocos que se enfrentó abiertamente con el Gobierno-. Alguien poco transparente y muy famoso dijo años atrás que el poder da impunidad, pero yo creo que el poder, mal utilizado, atemoriza a aquellos que se dejan atemorizar o a quienes tienen algo que esconder. En la medida en que uno esté convencido de hacer lo correcto y se anime a salir de la zona de confort, los temores desaparecen."

¿Cuáles son las fuerzas de choque con las que se infunde temor? "Creo que algunas menos que cuando estaba Kirchner. Básicamente son Moreno y la AFIP. Todo lo demás está desactivado por ahora", contestó el máximo ejecutivo de una empresa de servicios. No todos coinciden. Un abogado laboralista con la espalda curtida en conflictos, apoderado de varias empresas de primera línea, se quejó de la presión gremial. "Es tremendo. Prácticamente no negociamos nada. Decimos que sí a lo que nos plantean o se vienen las medidas de fuerza. El poder de los gremios, conjugado con la mirada cómplice del Gobierno, es un cóctel tremendo", resumió.

Colegas suyos, pero especializados en el mundo del derecho corporativo, apuntan a otro organismo que está dentro de la órbita de Moreno. Se trata de la Comisión Nacional de Defensa a la Competencia, encargada de chequear todas las operaciones de compra y venta de empresas en las que podría haber una posición dominante. "Es un trámite obligatorio que antes tardaba tres o cuatro meses. Ahora, tarda al menos un año. Y muchas veces, siempre en forma verbal, se nos informa que no va a salir la aprobación. Pero por escrito, nada", cuenta uno de los abogados del estudio corporativo. Además, dice llevar un caso en el que a la empresa no le dan la aprobación porque quieren controlar algunos de los precios de los productos que fabrica. "Una cosa nada tiene que ver con la otra", se enoja.

Otra empresa de servicios que concedió una entrevista a un medio hace unas pocas semanas se encontró al otro día con una inspección integral del organismo de control que la audita. Dicen que esperaba la AFIP para golpear y entrar cuando se retirase su colega.

Así las cosas, nadie habla. Todos callan en público, aplauden y critican impiadosamente por detrás. "Y bueno, es el juego que se juega ahora", se resignó un ejecutivo de una compañía de primera línea.

Miran y consumen encuestas y esperan callados que llegue octubre. Saben que la imagen positiva del Gobierno da poco margen de ilusión, pero igual confían en que "algo pase". "Acá hay que hacer lo que pasó en México -opina un empresario-. [Rafael] Calderón perdía contra [Andrés] López Obrador, pero [Carlos] Slim puso 200 palos y se dieron vuelta las encuestas."

Kirchner, de anfitrión

El entonces presidente Néstor Kirchner, escoltado por Luis Pagani y Alberto Fernández. Héctor Magnetto (séptimo desde la izquierda) también estaba presente.

Una relación oscilante

La presidenta Cristina Kirchner y el CEO del grupo Techint, Paolo Rocca, en agosto de 2008, durante la inauguración del campus universitario de Tenaris, en Campana.

La negociación salarial

El 22 de diciembre pasado, miembros de la Unión Industrial (José Ignacio de Mendiguren y Héctor Méndez, el primero y el segundo desde la izq.) se reunieron con Hugo Moyano (el quinto).

Grietas en la Mesa de Enlace

El ministro de Agricultura, Julián Dominguez, y el presidente de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi, en una jornada en agosto pasado. Buzzi es el dirigente del campo más cercano al Gobierno.

La foto de la discordia

En agosto pasado, los miembros de las cúpulas de la Unión Industrial y la Asociación Empresaria Argentina (incluido Magnetto) posaron juntos. La foto enojó al kirchnerismo.

DOS FACTORES
Octubre

Todos miran a la elección presidencial y actúan con extremada cautela.

Moreno

El custodio de los precios regresó con más ímpetu; los empresarios callan y asienten.

PERSPECTIVAS
8,1%

Son los empresarios que consideran que la tasa de desempleo caerá en los próximos 12 meses, según una encuesta de la consultora Deloitte.

88%

Son los hombres de negocios que opinan que el Gobierno debe poner en marcha un plan contra la inflación.

Diego Cabot para La Nación
Opiniones (1)
19 de agosto de 2017 | 06:38
2
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19 de agosto de 2017 | 06:38
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  1. es lògico el silencio, si en realidad estamos viviendo y soportando una durìsima dictadura, esto de democracia lo ùnico que tiene es que se vota cada dos años, se c.... en la justicia no acatando sentencias y mandatos de jueces, se c.... en la policìa,se c.... con en el empresariado no dejando importar, utilizando fondos que no les corresponden como reintegros , recuperos de iva etc. etc,, de que democracia hablamos, hay temos a represalias...
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