Cristina Inmaculada: ¿hacia un modelo autoritario con respaldo popular?

No importa si el gobierno “Nac&Pop” es bueno, malo, honesto, democrático, o muy corrupto. A pocos conmueve lo que hagan o dejen de hacer los funcionarios de Cristina o la misma presidenta. No interesan los aprietes de Moyano, los recortes en las libertades ni ir a contramano del mundo. Ella seguirá creciendo en imagen a un punto y medio por semana.

Si tenemos ‘arreglos’ con los barrabravas para perseguir a patadas a los sindicalistas de izquierda, que son enemigos de nuestros aliados de gremios muy poderosos; y además muere alguien en la encerrona, le importa a poca gente. A lo sumo se trata de un daño colateral en la defensa del modelo. Meteremos preso a quien corresponda pero que no se ponga en peligro el sistema. Necesitamos a los muchachos de las hinchadas para que alienten en los mundiales, en los actos, y que de paso controlen un poco a los intendentes “conurba”, que ya nos traicionaron una vez.

Si hay inflación del 35 % anual, lo que ocurre es que el enorme crecimiento del país que nosotros -y sólo nosotros, con nuestra sangre y nuestros héroes- transformamos, presiona sobre los precios. La gente gasta mucho… y las cosas suben a las nubes. Hay plata porque funciona la movilidad social ascendente. Pero por las dudas, si hay que manipular el Indec, silenciar y multar a las consultoras, lo hacemos. Así defendemos al gobierno nacional y popular de los traidores que trabajan para el gobierno norteamericano y de las “corpo” que buscan someter a los argentinos, filtrando en los diarios cifras poco convenientes.

Si el bloqueo a un medio, especialmente del enemigo, impide la libre circulación de las ideas y atenta contra la libertad de expresión y de información, en realidad lo que ocurre es que hay una empresa monopólica que a su vez bloquea la libertad sindical de los compañeros. Por eso hay que poner a los ministros del gabinete nacional en todos los micrófonos de los amigos, que para eso están, a “ponerle banca” a los muchachos para que no se sientan solos en la lucha. Si después filman al jefe del piquete pidiéndole a la empresa más de tres millones de pesos para resolver su temita personal, o de lo contrario “hay quilombo” con la ayuda de Facundo y Pablo Moyano, se trata de un montaje más. Una mentira de las tantas a las que nos tiene acostumbrados el monopolio Clarín, que nos trató bien y del que fuimos aliados durante la gestión de Néstor y hasta el voto no positivo del caído en desgracia Julio Cobos, que bien merecida se la tiene por traidor.

¿Por qué tiene que inmiscuirse la justicia Suiza con nosotros? ¿Y con Hugo, que es amigo? Si joden con Moyano, les paramos el país. Con Hugo y con nosotros no hay que meterse mucho. Esta causa para investigar al líder es un ataque al movimiento obrero organizado que pelea por el poder para los trabajadores. No se los vamos a permitir

La plata de la gente, del presupuesto nacional, es para los medios amigos. A ver si vamos a ser tan ingenuos de dársela a los enemigos del gobierno nacional y popular. Ya tienen a los empresarios que los llenan de guita para voltearnos. Por eso Telam, la agencia oficial de información, debe tener “periodistas-militantes” y por eso la pauta publicitaria de 1.300 millones de pesos hay que dársela toda a los que publiquen lo que nosotros queremos que se diga y como nosotros queremos que se diga. ¿Libertad de prensa? Por favor, que no vengan con ese cuento… Paren de llorar… La guita es para oponerle al monopolio privado uno del gobierno con más medios, más fuerte, con más plata, con más poder. ¿Pluralidad? No. Acá, somos nosotros o ellos.

Néstor es un héroe. Muerto es más grande y más útil a la causa que cuando estaba vivo. Por eso calles, avenidas, plazas, barrios, rutas y comisarías llevarán su nombre por todo el país. No nos importa si negoció con Menem, De la Rúa, Cavallo, o si ahora en su memoria a alguno se le ocurre hacer acuerdos con los Saadi en Catamarca, con el Turco en La Rioja, o apoyar con el aparato a Alberto Rodríguez Saá con tal de derrotar al “Peronismo residual” de Duhalde. Eso no es hipocresía política, sino un conjunto de construcciones regionales que no nos comprometen. Nosotros decimos que esto es progresismo, y lo es. Y punto.

El escenario Cris-pasión

La mafia de los medicamentos, las coimas, los negociados con los trenes y los vuelos sospechosos de Ricardo Jaime, las obras con sobreprecios multimillonarios, los narcoaviones, la bolsa de dólares de Felisa Miceli, Skanska, secretarios privados que pasan de mendigos a millonarios, choferes que ahora son magnates de los multimedios, represión y muerte de aborígenes en la provincia de un gobernador amigo, chicos que aún mueren por desnutrición en el país de los alimentos, la valija de Antonini Wilson con plata para la campaña, los aprietes de Moyano, el uso indiscriminado del dinero de la Anses, manipulación de jueces, ejecuciones públicas con escupitajos a los periodistas o a personalidades que no comulgan con el kirchnerismo, el Indek, los subsidios truchos de la ex Oncca, trámites parlamentarios impresentables, presión y ninguneo (¿les suena?) a las provincias, inflación… inseguridad… Y la lista sigue. Pero no importa…

Nada impedirá que Cristina Fernández de Kirchner siga creciendo en imagen e intención de voto a un punto y medio por semana. Su gobierno tiene aciertos (asignación universal y juicios por violaciones a los Derechos Humanos, por mencionar dos que son emblemáticos), y defectos serios de transparencia y vocación democrática, al punto que opositores y periodistas deben comenzar a defenderse de la difamación, la persecución, el insulto, y el espionaje. Pero Cristina suma y sigue. Y va provocando la sangría en los candidatos de la oposición para alegría y regocijo de los fieles. Devoción o muerte. Amén.

El kirchnerismo era una máquina de cooptar. Pero después de la muerte de Néstor Kirchner ha mutado en algo diferente: un fenómeno que chupa la adhesión incondicional, cuando no fanática, de amplios sectores sociales que van desde los pobres más pobres del último escalón social, hasta los intelectuales más “progres”, y jóvenes universitarios capaces de insultar, escrachar, escupir y maltratar a cualquiera que se oponga a Cristina, en raptos autoritarios que preocupan.

La evolución de la era de la “crispación” que denunciaban los opositores de forma permanente, a la de la “Cris-pasión”, terminó de madurar este año. La pasión nubla la razón. Impide la crítica y la observación objetiva de los hechos. La pasión es eso, pasión. Así el kirchnerismo ha logrado penetrar en sectores sociales tradicionalmente opuestos al peronismo, cuando no antiperonistas o directamente “gorilas”, y conseguir su apoyo, militancia y fervor sin condiciones, luego de haber comprado su discurso y mejorado y dignificado ostensiblemente sus condiciones de vida, aunque después haya tomado decisiones diferentes, más propias de la política tradicional. Por eso, Cristina no para de crecer y hoy es poco menos que invencible. La afirmación dispara varias preguntas: ¿Por qué sigue sumando? ¿Por qué el enemigo debe ser aplastado? ¿Por qué el que piensa diferente, el que no adhiere, el que critica, merece ser escupido? ¿El kirchnerismo es una moda, un fenómeno, un movimiento, un vehículo electoral…? ¿Por qué la oposición está desarticulada en este escenario? ¿Los funcionarios K creen en el “modelo”, o lo usan sólo para multiplicar el poder? ¿Por qué los jóvenes de las capas medias y altas y los intelectuales adhieren con tanto fervor al kirchnerismo?

La señora cambió el tonito soberbio y el dedito admonitor por la imagen humanizada de la viuda sensible y sola que necesita ayuda para gobernar, aunque los que gobiernan son los mismos que antes de la muerte de Néstor. La única diferencia es que ahora Hugo Moyano sí está disputando el poder en serio. La transmutación surtió efecto y Cristina ahora tiene el país a sus pies.

Esa maravillosa juventud

¿Tiene tiempo? Abra una cuenta en Twitter y comience a criticar al gobierno nacional. En una escala de 1 a 10 en el tenor de la crítica, antes de que llegue a 4, al menos 30 ó 40 jóvenes K, buena parte de ellos estudiantes de ciencias sociales o políticas, se le arrojarán al cuello con saña y le morderán rabiosamente hasta hacerlo sangrar. La figura no es literal (¿o sí?), pero sirve para comprender el fenómeno. Las respuestas serán durísimas, altivas, intolerantes, poco propensas al debate. No hay debate. Es una verdad contra la otra. No se puede debatir cuando no hay espacio de negociación. Sólo habrá pelea.

La mayoría de estos jóvenes K son auténticamente adherentes al “modelo”. Son cristinistas y kirchneristas por vocación plena y admiración. Muchos se definen como “ultra K” en sus perfiles de las redes sociales. ¿Cómo se asume la autocrítica desde posiciones ‘ultra’? ¿Cómo se respeta al otro desde lo ‘ultra’? ¿Cómo se pueden ver los problemas desde los extremos irrenunciables? ¿Se puede ser democrático y crítico cuando se es ‘ultra’?

Las opiniones

Carlos Salvador La Rosa (60) es sociólogo, periodista, y columnista del centenario diario Los Andes. Pero desde mucho antes que eso, fue peronista. “Hace unos años… 2003 ó 2004, muchos kirchneristas me llamaban ‘compañero’ porque me consideraban así, o más o menos… pero ahora creen que soy un cipayo al servicio del monopolio…” dice no sin cierta amargura, puesto a analizar el “fenómeno Cristina” y la evolución del kirchnerismo en los últimos meses. La charla con La Rosa, a quien muchos kirchneristas escupirían sin más por sus trabajos en Los Andes y Radio Mitre, ambos del Grupo Clarín, fue ilustrativa desde muchos aspectos. Conoce muy bien al peronismo y al peronista. “Este es un gobierno que les enseña a los chicos a escupir la ideología de sus padres… Es tremendo… Yo ni siquiera les pedí a mis hijos que fueran peronistas… ellos fueron lo que quisieron” dice, asombrado y convencido de que a los argentinos “nos queda más o menos un diez por ciento de libertad”.

Para La Rosa, el kirchnerismo ha logrado hacer una “contrarrevolución” de tintes autoritarios en el nombre de la “revolución”, cuando el resto del mundo va hacia otro lado. “En los últimos años ocurrieron hechos que marcan a las claras el deseo de los pueblos de vivir en democracia como a cada uno se le cante, y pensar y decir lo que se le ocurra: la caída del Muro de Berlín y la revolución de los pueblos islámicos. Pero nosotros, el país, vamos en sentido contrario. Estamos exacerbando el culto a la personalidad y el comportamiento autoritario” dice el analista de Los Andes y ex funcionario del gobierno peronista de José Octavio Bordón.

La Rosa, con buen criterio, separa los tiempos en antes y después de la muerte de Néstor Kirchner:

-Él había construido una utopía negativa a partir del enfrentamiento, pero utopía al fin. Aprovechó la feroz despolitización que hubo y ocupó el lugar enfrentando al máximo ícono de la vulgaridad del hombre común en la Argentina, Julio Cobos. Eso lo llevó a perder las elecciones de 2009. Pero en lugar de esconderse, redobló la apuesta y los terminó doblegando a todos. Las utopías necesitan de héroes y muertos. Y la muerte de Kirchner lo transformó en ambas cosas…-

-A los héroes no se les puede criticar ni contradecir…

-Sí, exacto. Esto es el culto del héroe muerto que supo morir por sus banderas, hayan sido malas o buenas. Y eso seduce sobre todo a los jóvenes. Pasó algo parecido en 1945-1955. En aquel entonces Perón sedujo a muchos obreros en especial comunistas, les fue dando participación, dignidad, y mejores condiciones de vida. Muchos eran muy incultos y estaban en el subsuelo de la patria, pero fue así. Los hizo peronistas de a poco. Ahora eso sucede con los jóvenes cultos, muchos universitarios, y con los intelectuales refinados. El kirchnerismo les compró su discurso, lo usa y lo difunde, aunque en la práctica haga cosas totalmente distintas…

-¿Cómo interpreta la captación de los intelectuales?

-Hay muchas razones… Los intelectuales nunca van a olvidar a Néstor Kirchner porque les dio un lugar importante en el armado del relato y del discurso de su gobierno y del de Cristina: ‘recuperación’ de empresas públicas, rescate de los fondos jubilatorios, subsidios para todo, los juicios a los represores que quedaban sin juzgar, que si bien es más fácil que en el ‘83, tiene su valor… Además les mejoró la vida. Todos queremos mejor vivir. En la Argentina no mejoró la educación pero los profesores universitarios ganan muchísimo más que antes, lo mismo que los investigadores del Conicet. Esa puesta en valor inteligente que hizo Kirchner se multiplicó generando la utopía que se disparó para transformarse en fenómeno, con su muerte…

-El “Néstornauta…”

-¡Claro! El hombre muerto al que no se puede criticar, al que hay que rendirle culto a su personalidad y que ha dejado un legado y una viuda indefensa, sola, que necesita del cariño de los argentinos. La oposición no puede hacer nada contra eso. Menem también tuvo su utopía. Nos creímos que éramos Estados Unidos y teníamos hasta la guita que valía a un dólar cada peso. Ahora la utopía es que somos la vanguardia de la resistencia al imperio y que les podemos ganar a los norteamericanos, aunque vayamos a contramano de un mundo que pide más libertad, más tolerancia, más comprensión del ser humano…

-¿Cómo cree que el peronismo vive esta relación con Cristina y el kirchnerismo?

-Es posible que el PJ, el peronista, crea menos en el kirchnerismo de lo que creo yo. Supongo que el PJ se está transformando en una suerte de PRI mexicano, un partido único que rota facciones territoriales poderosas y dirigentes en gobiernos muy cerrados, mientras mantiene acotada la revolución en sus universidades. El PJ tiene una estrategia para usar al kirchnerismo y los kirchneristas la tienen para con el PJ. El poder lo tiene Cristina, y la novedad es que el que disputa el poder real, el que pide las ‘cajas’, se reúne dos veces en la semana con la presidenta y presiona por todo es Hugo Moyano. Él va a ser un problema para el gobierno.

-¿Vamos hacia un modelo autoritario?

-Sin dudas, es así. Un modelo de autoritarismo y persecución. Yo quiero que nos respeten el 10 % de libertad que queda. Y digo esto con mucho conocimiento de causa: en los setenta fui parte de la “juventud maravillosa” que creía en la lucha armada como vía de la revolución. Estábamos todos equivocados. Ese autoritarismo junto al de derecha derivó después en el peor autoritarismo de todos, que fue el de la dictadura. Pero había posiciones extremas. Me acuerdo cuando el alumnado de la Universidad Nacional de Cuyo en asamblea decidió expulsar a un profesor, Soler Miralles, porque enseñaba sociología norteamericana. Así éramos… Odios, enemigos y conflictos. Hoy la oposición no puede hacer nada. No tiene héroes ni utopías. La mayoría de los dirigentes son profesionales del poder peleando cargos mientras el gobierno oculta la corrupción porque el camino es bueno…y cultiva el personalismo. Qué paradoja… este gobierno le pone el nombre de Néstor Kirchner a las calles que se llamaban Julio Argentino Roca y reniegan de él, justo el hombre a quien la máxima inspiración del kirchnerismo, Arturo Jauretche, tenía como símbolo de la integración nacional. Finalmente, creo que el kirchnerismo ha provocado una pelea de elites que a la gente no le importa. Nosotros estamos acá hablando de esto, que lo van a leer políticos, empresarios y periodistas… y nada más. Lo que hay en la Argentina es una enorme pelea de elites…-

La rebeldía del rock, según Marcelo Padilla

“El kirchnerismo, en el ideario y las expectativas de los jóvenes, reemplazó a la rebeldía del rock, que está domesticado”. La reflexión, tan curiosa como interesante, pertenece a un sociólogo peronista como La Rosa pero de otro “palo”: Marcelo Padilla, profesor universitario que adhiere al kirchnerismo, columnista de MDZ casi siempre polémico, urticante y provocador. Músico, poeta y observador de la realidad, por si fuera poco. “Hay dos componentes de base: uno es emocional, afectivo, por la muerte del líder y la adhesión natural que genera con Cristina, además de la sensación de que el kirchnerismo tiene un norte, una dirección hacia la que va… El otro componente es bien concreto, la gente tiene plata en el bolsillo. Todos ganan guita, empezando por los que ya ganaban que ganan más, los sectores medios que ganan más que antes… Y aunque los pobres más pobres no cambian su condición porque ningún gobierno los saca de la pobreza, muchos están mejor, tienen una contención social” explica Padilla.

Padilla asocia mucho del kirchnerismo a las características propias de Kirchner: “un rebelde un poco adolescente, hostil, algo torpe, medio aparato, incluso le costaba hablar…”, y que tras su muerte se engrandeció, destapando “un subsuelo hasta entonces silencioso de jóvenes que necesitan de íconos rebeldes… desde el ´83 con Alfonsín que no se veía un fenómeno popular así” dice el columnista del diario y sociólogo. Está convencido de que la rebeldía del rock “murió después de la desgracia de Cromañón” y que el kirchnerismo ocupó ese lugar de captación juvenil. Y lo ubica en un contexto de cambios regionales. “Argentina necesitaba algo así para activar cambios. Venezuela tuvo a su Chávez, Bolivia a su Evo, Ecuador a su Rafael Correa…” Sin embargo, Padilla aclara que en el país, ni el radicalismo, ni la izquierda tradicional y mucho menos el Peronismo Federal, logran enamorar, transformar o generar liderazgos como sí lo hace el kirchnerismo.

Enrique Bollati: el kirchnerismo tiene un camino

El sociólogo y encuestador Enrique Bollati, quien realiza sondeos de opinión para varios partidos políticos en Mendoza, aporta un dato crudo y revelador a este debate. En Mendoza, Cristina crece entre un punto y un punto y medio por semana, y lo seguirá haciendo si la oposición sigue dejando espacios sin hacer nada. Hoy, la presidenta está entre el 45 y el 50 % de imagen positiva en Mendoza, índices impensables en 2009 cuando el Frente Cívico con Cobos le pasó por encima la máquina de votar al justicialismo. Para Bollati, hay ciertos elementos prácticos en el fenómeno y explosión del kirchnerismo. “Tienen actitud, un camino, una dirección… la gente se da cuenta de eso y compara con la oposición, que no tiene discurso, ni referente. Por buscar la revolución perfecta se olvidaron de la posible. Siempre le decía eso a ‘Pilo’ Bordón” dice Bollati, quien no tiene dudas: si se votase hoy, roba Cristina.

“Hay tres grandes grupos en el imaginario popular, y el kirchnerismo ha llegado a todos. Por un lado la elite, en la que están los políticos, los que ostentan el poder de representación, la “gente” que es un colectivo social enorme en el que entran desde Biolcatti (el campo) hasta los celadores de escuelas, y finalmente, los ‘negros de mierda’ que nos afanan. Pero todos, absolutamente todos queremos vivir mejor y el kirchnerismo ha captado eso. Podemos estar de acuerdo o no, pero tienen un plan… Veamos si no cuáles eran los reclamos que le hacían a Kirchner: las formas prepotentes, que desaparecieron con su muerte. Hasta Cristina se ve más humanizada, más simpática”.

Un chiste en el diario Página 12.
Bollati cree además que el kirchnerismo tuvo un discurso muy apropiado, y que lo ejecutó a la perfección, para la clase media, los jóvenes y los sectores intelectuales. “Tengo amigos que pensaban que se iban a morir sin ver cómo se derogaban el Punto Final y la Obediencia Debida y se juzgaba a los militares. Matrimonio Igualitario, jubilación pública, estatizaciones con espíritu de gesta, reivindicaciones sociales muy fuertes, la difusión plena de la cultura, argentinización, derechos humanos… como la oposición no tiene ni siquiera propuesta, la gente ve en el kirchnerismo un gobierno que gobierna y eso supera las cuestiones negativas”.

Para el final, hemos consultado a un dirigente que vive y sufre el kirchnerismo en carne propia: el senador mendocino Ernesto Sanz, precandidato a presidente por la UCR, aunque su propio partido, del que es presidente en uso de licencia, ya lo haya proclamado a Ricardo Alfonsín, más por portación de apellido y necesidades electorales, que por otra cosa. Pensó mucho Sanz antes de responder a la pregunta ¿por qué cree que el kirchnerismo crece sin parar, aunque el gobierno haga muchas cosas mal?

-Es un tema que excede a la oposición. Ya se trata de un asunto sociológico de la Argentina. Yo estoy acostumbrado a pensar la política con racionalidad, y desde la racionalidad. Hoy nos damos cuenta de que con eso no alcanza. Por más que expliques que la economía puede explotar, que es una burbuja, que hay 87.000 millones de pesos en subsidios de tarifas y servicios que no dan más, la gente prefiere creerle a la épica pretendida del kirchnerismo. Nosotros no logramos conmover, y la Argentina, que pasa una crisis de valores enorme, ha decidido simplemente vivir el presente. Desde lo racional, sinceramente me cuesta mucho comprender al kirchnerismo. A los jóvenes que se suman al kirchnerismo y no ven lo que pasa, los llevaría en un charter a Uruguay, Chile y Brasil para que vean el crecimiento real, en serio, y las discusiones superadas, acá nomás- dice el senador. En su esquema, no cabe la veneración del héroe muerto como argumento político y de crecimiento. Y eso que en su partido hay un precandidato a presidente que se llama Alfonsín. Así de rara está la república.

Final abierto

¿La Argentina vive una crisis adolescente? ¿Somos un país de autoritarios, protestones e irresponsables? ¿La corrupción nos importa menos que nada? ¿O el kirchnerismo es verdaderamente la luz que llevará a nuestro pueblo a la felicidad? Vote Sí o No, o quédese con la duda.

Hay quienes sostienen que ante la primera recesión, la gente le dará la espalda a Cristina y al gobierno, y lo afirman con amargura porque entienden que esto ocurrirá tarde o temprano. El paquete económico argentino incluye subsidios por casi 90.000 millones de pesos, cuyo 50 % no se lo llevan los que juntan asignaciones por hijos, sino el sector energético que toma café en las oficinas de Julio De Vido. La inflación que trepa peligrosamente contra el tipo de cambio planchado, el gasto público creciente para sostener una ficción económica, forman parte de un cóctel explosivo que depende en gran parte del dinero de la soja, el nuevo oro argentino. Y la caja, hay que decirlo, no es eterna, aunque lo parezca.

La oposición no logra articular propuestas que atraigan a la sociedad, y sólo Mauricio Macri desde un lejano segundo lugar podría amenazar al kirchnerismo, al menos según las encuestas al día de hoy. Habrá que ver si más candidatos logran instalarse desde aquí hasta agosto primero y octubre después o si crece el propio Macri, justamente el enemigo al que Cristina quiere enfrentar, bajo el supuesto (¿qué tan acertado?) de que son los polos opuestos. Pero el avance del kirchnerismo ya se deglutió la interna radical, está por dar cuenta de la del Peronismo Federal, y borró del mapa a Julio Cobos. ¿Qué más pueden pedir?

La democracia, dicen por ahí, es el sistema que le garantiza la voz a las minorías, y el respeto, el derecho a existir, pensar, vivir y trabajar como les plazca, y votar a quien les parezca mejor. Pero la verdad es que hoy, quienes se oponen a Cristina Inmaculada e Intocable, pueden hacerlo a los gritos y desnudos en las cámaras de Canal 13 o sentados en el obelisco porteño. La Argentina está en otra cosa. Y el kirchnerismo, también. Como bien dijo Carlos La Rosa en la entrevista, en el momento de analizar la transformación de Kirchner de político común, venal e irritable, en héroe popular: “Kirchner tuvo el máximo gesto de humanidad que puede tener una persona, que es morirse... ¿Cómo la oposición va articular algo contra eso...?”

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