Pánico en Japón por nueva alerta de tsunami

Un fuerte sismo de 7,4 grados en la escala de Richter volvió a sembrar el pánico cerca de las costas del noreste de Japón, anunció la agencia meteorológica japonesa, que inmediatamente lanzó una alerta de tsunami. Según el organismo, las personas que viven en las costas de la prefectura de Miyagi deben evacuar hacia lugares más elevados en previsión de olas que puedan alcanzar dos metros.

Un fuerte sismo de 7,4 grados en la escala de Richter volvió a sembrar el pánico cerca de las costas del noreste de Japón, anunció la agencia meteorológica japonesa, que inmediatamente lanzó una alerta de tsunami.

Según el organismo, las personas que viven en las costas de la prefectura de Miyagi deben evacuar hacia lugares más elevados en previsión de olas que puedan alcanzar dos metros.

A su vez, el servicio de geofísica de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés) precisó que el sismo fue registrado poco antes de la medianoche local con epicentro a 66 kilómetros al este de Sendai y con una profundidad de 25 kilómetros.

Mientras tanto, las autoridades de Japón ordenaron bombear nitrógeno a los dañador reactores nucleares de la central Fukushima I, tratando de evitar así una acumulación explosiva de hidrógeno gaseoso, mientras el peor desastre nuclear en 25 años avivaba el debate sobre la energía atómica en Estados Unidos.

En una señal de creciente inquietud internacional sobre la contaminación radiactiva surgida desde la planta japonesa dañada por el devastador terremoto y el posterior tsunami, algunas escuelas en la vecina Corea del Sur cerraron sus puertas porque los padres estaban preocupados de que la lluvia podría ser tóxica.

En tanto, los últimos datos mostraron que los turistas extranjeros están evitando Japón durante la que normalmente sería una de las temporadas más populares para visitar el país.

Grupos de ingenieros trabajaron durante la noche para inyectar nitrógeno en el recipiente de contención del reactor número uno en la planta.

Un funcionario del operador de la planta, Tokyo Electric Power (Tepco), insistió que esta es una medida precautoria y que la posibilidad de otra explosión de hidrógeno como las que afectaron a dos reactores al inicio de la crisis era "extremadamente baja".

Pero aunque el gobierno ya dijo que la situación se ha estabilizado en la devastada planta, ubicada 240 kilómetros al norte de Tokio, aún está lejos de ser controlada. "Datos muestran que los reactores están en condición estable, pero aún no estamos fuera de peligro", dijo a los periodistas el secretario jefe del gabinete japonés, Yukio Edano.

Un funcionario de Tepco precisó que 6000 metros cúbicos de nitrógeno gaseoso serían inyectados al reactor número 1 y la firma está preparando inyecciones de gas para los reactores número 2 y 3 en la planta de seis reactores como una medida precautoria.

Ayer, los ingenieros que trabajan en la central lograron detener una filtración en el reactor número 2, pero aún necesitan verter 11,5 millones de litros de agua contaminada al océano por la falta de espacio de almacenamiento en la instalación. El agua marina fue usada para enfriar barras de combustible sobrecalentadas.

Los trabajadores siguen luchando por reiniciar las bombas de enfriamiento -que reciclan el agua- en los cuatro reactores dañados. Hasta que estén arregladas, deben bombear agua desde fuera para evitar que los reactores se sobrecalienten y se provoque una fusión del núcleo.

Preocupación mundial. Los vecinos de Japón Corea del Sur y China, sin embargo, están preocupados por la contaminación radiactiva. El Ministerio de salud de China encontró rastros de radiactividad en espinacas en tres provincias chinas y medios surcoreanos han reportado temores sobre lluvia contaminada.

En Washington, legisladores demócratas plantearon la preocupación, frente a la crisis en Japón, sobre si los reguladores y la industria nuclear están haciendo lo suficiente para asegurarse de que los reactores estadounidenses puedan resistir un desastre de similares características.

La inquietud se concentró en una planta nuclear en Pensilvania que cuenta con el mismo diseño de reactor que la instalación en Fukushima. Algunos legisladores sostuvieron que esa planta podría estar en riesgo de una fusión del núcleo en caso de una emergencia severa.
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