Un milagro para Independiente, que empató con Quito

Igualó 1-1 con Liga de Quito y no pudo salir del último lugar del Grupo 8 de la Copa Libertadores. Núñez, de penal, y Julián Velázquez, en contra, hicieron los goles. Esa obsesión con nombre y apellido, Copa Libertadores, se le fue. Pero no anoche. No. La eliminación prematura empezó a edificarse en otras jornadas coperas. Allá lejos y acá en casa. En Mendoza, en Quito y en el Libertadores de América también.Ganó un solo partido, a Peñarol. Y anoche tampoco hubo mística copera.

Esa obsesión con nombre y apellido, Copa Libertadores, se le fue. Pero no anoche. No. La eliminación prematura empezó a edificarse en otras jornadas coperas. Allá lejos y acá en casa. En Mendoza, en Quito y en el Libertadores de América también. Porque en su estadio, precisamente, no hizo la diferencia: ganó un solo partido, a Peñarol. Y anoche tampoco hubo mística copera. No tuvo fortuna ni puntería. Merecer, claro, mereció más, muchísimo más que el 1-1. Así fue que el Independiente de Mohamed se quedó prácticamente sin nada. Ahora le queda rezar por un milagro imposible, que incluye un empate entre Liga y Godoy Cruz, y ocho goles de Independiente en Uruguay...

El duelo ayer empezó siendo entre prolijos y desprolijos. El equipo poco amante de la prolijidad fue, en ese arranque de partido, Independiente. Un Independiente que sorprendió dejando a Matheu y a Parra en el banco y que, por momentos, tenía dos centrales (Julián Velázquez y Galeano), otros tres marcadores más adelante (Tuzzio, Battión, Mareque), con Godoy e Iván Pérez cuidando las espaldas de Núñez y Patricio Rodríguez, más Silvera arriba. Claro que eso era sólo de a ratos: lo que era permanente era la confusión visual que provocaba el equipo del Turco. La Liga, todo lo contrario.

Aunque con una versión algo deshilachada de aquel campeón continental, el equipo de Bauza entró a la cancha con el orden como estandarte. Compactos y sabiendo a qué juegan, los ecuatorianos manejaban la pelota con Vega, Reasco y Ulises de la Cruz, siempre con el acompañamiento argentino: Equi González y Hernán Barcos. A los 20 segundos, Bolaños ya había inquietado a Assmann.

El gol cambió el mapa del partido. Un gol que fue de penal. De un penal que, en realidad, dejó dudas y que nació de una jugada que debió ser invalidada antes de que el árbitro Torres cobrara la sanción. Patito Rodríguez metió el pase para Núñez, que estaba adelantado. Como el línea no levantó la bandera, el Gordo probó al arco, Domínguez dio rebote y, cuando llegó a puntearla Galeano, el arquero le tocó el pie. El hombre de Independiente cayó aparatosamente por sobre el cuerpo del arquero y el árbitro pitó penal. Muy discutible.

Núñez lo pidió y Núñez lo hizo, con calidad, a la izquierda de Domínguez. Desde ahí, el duelo fue entre un equipo decidido como Independiente y otro que, de ordenado, pasó a ser pasivo. En la Liga, Barcos quedó a la deriva allá adelante, Ezequiel González no participaba en la creación y las bandas eran controladas por el equipo local.

Independiente, con gente fresca, más la movilidad de Rodríguez y la inteligencia de Silvera para salir a buscar la pelota, se las ingenió para jugar más cerca del arco rival. Pero se estacionó demasiado en ese 1 a 0 y al resultado se lo llevó la grúa: en una pelota aislada, Barcos la guapeó y su remate, tras desviarse en Tuzzio y en Velázquez, se le coló a Assmann: 1 a 1.

Injusto, claro, porque Independiente merecía más. Y siguió mereciendo mucho más aún. Por arrestos individuales, tuvieron el triunfo Velázquez (dos cabezazos), Godoy (no llegó a empujar un centro de Patito, que se fue lesionado y lo reemplazó Parra), Silvera y Parra (ambos remates al lado del palo) y Godoy: si no entró ésa del Gordo (pegó en el palo), dio la impresión de que la suerte, definitivamente, ya estaba echada...
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17 de diciembre de 2017 | 18:59
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    7 de Diciembre de 2017
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