Mujeres libres de reproches

En marzo se conmemoró el Día Internacional de la Mujer pero, más allá de rosas y bombones, debemos ser conscientes de los logros obtenidos y el nuevo modelo sociocultural que la sociedad desarrolla en función a esa revolución femenina que recién en la actualidad genera mujeres libres de reproches. También podés leer esta nota en la edición 75 de Revista Club House.

Emprendedoras, empresarias, profesionales, trabajadoras, con desafíos personales, proyectadas, al fin y al cabo, mujeres con talento que enfrentan algo más que los parámetros agiornados de una sociedad machista. Mujeres profesionales existieron siempre y emprendedoras también pero sus emprendimientos no siempre salieron de los ámbitos familiares, en los últimos años las mujeres emprenden negocios por sus propios medios, ya sea basadas en carreras universitarias o simplemente capacidades bien aplicadas. La posición de la mujer derribó barreras y las convirtió en titanes a la hora de dirigir, ya sea desempeñando puestos gerenciales o llevando a cabo proyectos propios con grandes éxitos.

Elsa Rodríguez socióloga especialista en Género determinó la posición femenina ante el esquema social: “La mujer actual está atravesando una etapa de transición que suele provocarle un estado de stress difícil de sobrellevar. El rol de la mujer en la sociedad se ha ido modificando a partir del ingreso femenino masivo al mercado laboral. Las mujeres de principios del siglo pasado eran educadas para casarse, tener hijos y atender un hogar y eran escasas las familias que mandaban a sus hijas a la universidad. Actualmente las estadísticas reflejan una mayor afluencia femenina en los claustros académicos con gran dedicación a los estudios, que da como resultado un mayor porcentaje de profesionales mujeres que se reciben. Además las mujeres ya no se limitan a carreras estrictamente pensadas para ellas, sino que abarcan todos los ámbitos profesionales, habitualmente ocupados por los hombres.”

Existe una enorme diferencia entre feminista y femenina. Entre la visión femenina de la realidad social y la feminista de la misma realidad. Pero en esta discusión también es bueno contemplar que existen muchas mujeres con una fuerte visión machista y que consecuentemente son las que crían hombres y mujeres con diferencias. Olga Bianchinelli, Presidenta del Consejo Deliberante y luego Intendente de Maipú, comentó en una entrevista que la mujer es la que puede cambiar todo. “Nosotras somos las que movemos el mundo. Las responsables de los políticos que tenemos y los que no tenemos porque fue una mujer la que parió a cada político, quien lo crío y le enseñó sus valores, entonces está en nosotras la cuerda de la sociedad que queremos”.

Por otro lado, empresarias reconocidas como Ana Amitrano de Bodega Zuccardi consideran que el rol femenino ha seguido una evolución natural logrando que hombres y mujeres estén en igualdad de condiciones.

La mujer fue dando sus pasos de a poco hasta conquistar espacios, el hombre no supo qué papel ocupar ante el panorama de la liberación femenina y recién en los últimos diez años se ha ubicado a la par de ella y ha asimilado un modelo sociocultural que modifica los estereotipos de padre y jefe de hogar, impenetrable, duro, proveedor, junto a una madre sumisa, protectora, ocupada de los hijos y de la casa. Cecilia Pinto de Sotano presidenta de “Mujeres de la Federación Económica de Mendoza” entiende que, “la pareja ya no es como antes cuando el hombre traía la plata y se sentaba en la punta de la mesa a leer el diario. Hay más responsabilidades compartidas, el matrimonio se basa más en ser compañeros”.

Las diferencias salariales entre ambos sexos es un tema que aún no se ha superado completamente. Aunque la brecha disminuye, lo cierto es que todavía hay mujeres que por condición cobran menos que sus compañeros, pero eso no parece desalentar al género ya que según Pinto de Sotano “En las universidad se reciben más chicas que varones lo cual genera un numero más alto de profesionales mujeres en la calle.” Asimismo, la contadora evalúa que el hombre es considerado capaz, en el momento que se lo toma, sin embargo la mujer tiene que demostrarlo todos los días”.

El dinero y el trabajo

En la evolución del género, el dinero ha sido un factor primordial. Porque la independencia femenina nace a partir de que la mujer pueda contar con su propio capital financiero. Sin embargo, el trabajo no siempre ha sido un derecho para la mujer. De hecho, hace unos treinta años atrás, el trabajo de la mujer estaba completamente avocado a los quehaceres de la casa y el cuidado de sus hijos. Conquistas como el voto femenino, fueron allanando este camino, y con el paso del tiempo se ha ido afianzando la posición.

El trabajo es un derecho que dignifica al ser humano, y aunque la labor doméstica sea muy sacrificada, no siempre es vista como tal. La socióloga Viviana Zelizer, autora del libro “La negociación de la intimidad” explica en una entrevista, “la relación de la mujer y el trabajo en el marco de un determinado rol y establece un determinado código en cuanto al manejo del dinero en el núcleo familiar primario”.

Algunas compañías, al estilo Tupperware o Mary Kay, que se sustentan en la venta directa y domiciliaria están a cargo de mujeres. En muchos casos en los que, hombre y mujer ganan igual o ella un poco más, se supondría que los hombres deberían aportar mayor dedicación al trabajo doméstico. “Se ha comprobado que los hombres, en esos casos, hacen mucho menos o incluso nada”. Según la investigadora, para no desafiar la relación de género, las mujeres se esfuerzan el doble, especialmente las jóvenes.

Pero ¿porque sucede esto? ¿La mujer responde a un cierto grado de culpabilidad cuando le dedica tiempo a su trabajo fuera del hogar? Qué significa el desarrollo personal de cada mujer?
¿Qué lugar de la estructura social permite la infiltración femenina? ¿Las empresas otorgan altos cargos sin prejuicio de género? ¿Hay un techo laboral para la mujer? Dolores Vidal especializada en temáticas femeninas de la Mujer, en el diario Clarín, afirma que, “la carrera de las mujeres se estanca varios puestos abajo del hombre. De 90 mil empresas que conforman la economía de negocios de la Argentina solo una tiene un CEO mujer”. Pero la cultura machista de nuestro país llega más lejos. Según un estudio de Marcela Cristini, economista, que investigó los últimos años sobre economía de género indica que “en el 60 % de las empresas argentinas las mujeres tampoco alcanzan puestos como gerentes o directoras, además de que ganan entre el 14% y el 20% menos que los hombres en el mismo puesto”. La desigualdad está a la vista y la sobre exigencia también, porque ellas no dejan de hacer nada, por el contrario son capaces de sumar cada vez más. “Siempre se les pide un requisito más” asegura Lidia Heller, autora de “Voces de Mujeres en Identikit de las jefas en la Argentina”.

La percepción del liderazgo femenino responde a un modelo social en el que la mujer solo se avoca a su desarrollo profesional, eligiendo una cosa o la otra, sin embargo en las investigaciones de Laura Di Marco, autora de “Las jefas”, queda claro que la mujer no elige, quiere todo y en ese todo se sobre exige, lo cual la lleva a desistir o, como dice Di Marco, a llegar a un techo de cristal. En este contexto, la discusión entró al Congreso, donde se tiene pensado hacer una recomendación a las empresas argentinas, ya que en el país trabaja el 56 % de las mujeres. “Pueden haber muchas mujeres talentosas en las cocinas de sus casas, porque esta sociedad no se dedicó a formarlas ni las acompañó para que pudieran trabajar y desarrollarse. Se ubicó a las mujeres en lugares donde no pueden tomar decisiones y se pierden talentos muy valiosos” reflexiona Marcela Cristini.

Por otro lado, “la elección del trabajo es muy delicada. Facilita o dificulta la adaptación afectiva de la mujer. El hombre se interesa más fácilmente por las cosas en sí mismas, pero la mujer necesita dedicar a su trabajo una parte de su afectividad” aclara Adriana Sosa en su investigación sobre la adaptación profesional y social de la mujer. También, según ella, “el trabajo ideal es el que satisface los dotes personales, sociales y su feminidad. Ella debe tratar de lograr en sus horas ociosas lo que le falta en su trabajo, para equilibrar su presupuesto afectivo.

La elección de la profesión la determinan no sólo los dones y aptitudes, sino la identificación; consciente con un ideal. Es por lo mismo, muy frecuente, que jóvenes no especialmente dotadas para determinados trabajos salgan airosas porque hallaron en su aprendizaje una profesora que constituya el ideal materno o femenino con el que se identifican sinceramente. Manteniéndose femenina, desarrollando sus potenciales, una mujer llega a dar toda su posibilidad, esta actitud no sólo coincide con la línea de su dicha personal, sino con lo que la sociedad aguarda de ella”.

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19 de agosto de 2017 | 08:33
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